Durante los últimos días han caído unos cuantos aguaceros vivificantes sobre el Parque para Mayores. Pero lo que ayer llovió no fue agua sino una catarata de palabras bellas y hondas que estaba diciendo un hombre, Juan Gelman, desde la tribuna del Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, donde le acababan de entregar el Premio Cervantes. Escuché emocionado sus palabras, gracias a la radio, mientras movía las articulacioens en los aparatos gimnásticos del Parque. A quienes no lo hayáis escuchado, os recomiendo que lo leáis. Yo creo que es uno de esos discursos que nos ayudan a ser más felices y también a ser un poco mejores, a pesar de que el poeta argentino, en su humildad, dijo que su parlamento sería "menguado de estilo, pobre de conceptos y falto de toda erudición y doctrina". Os ofrezo aquí unos párrafos.
(...) A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos tiempos mezquinos, como los calificaba Hölderlin preguntándose para qué poetas. ¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de cinco años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza? Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pié contra la muerte.
(...) Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, (...) Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareció a 30.000 personas y cabe señalar que la palabra desaparecido es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanos y ciudadanas inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo.
Creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahì está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es (...)
(...) Hoy celebro a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del Siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.
(...) Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía.
Después de escuchar las palabras de Gelman, leídas con su acento argentino y su ritmo premioso, me fui para casa, convencido de que él era el hombre del día o de muchos días, pero enseguida llegaron las noticias y un locutor aseguró que el hombre del día era Carlos Ruíz Zafón, que estaba firmando miles de ejemplares de su libro en una caseta comercial de Barcelona. Lo dicho: Ahí está la poesía, de pié contra la muerte. Salud y buena suerte a todos. Y. G.
jueves, 24 de abril de 2008
JUAN GELMAN: LA POESÍA DE PIE CONTRA LA MUERTE
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Yago Gardel
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lunes, 7 de abril de 2008
LOS SERVICIOS PÚBLICOS Y LAS DEMAGOGIAS ELECTORALES
Escribo estas líneas unas horas antes de que comience en el Congreso el debate para la investidura de Rodríguez Zapatero y unas horas después del acuerdo alcanzado por el ministro Fernández Bermejo con los sindicatos para resolver la huelga de los funcionarios de Justicia. Me parece que los trabajadores en paro tenían razón, porque la descentralización de competencias que lleva aparejada el llamado estado de las autonomías, está generando unos agravios comparativos difícilmente soportables. ¿Por qué tiene que ganar más el secretario o el auxiliar que trabaja en una autonomía con competencias judiciales transferidas que aquel otro que trabaja en una que aún no ha reclamado o recibido dichas competencias? Y lo mismo que pasa con los funcionarios de justicia está pasando con los de la administración general, con los de la sanidad o la enseñanza. Sectores que, antes o después, se verán sacudidos también por conflictos laborales provocados por los agravios salariales.
Pero la huelga de los funcionarios de Justicia ha puesto sobre la mesa algo mucho más grave: el deterioro hasta extremos insospechables de un servicio público esencial para los ciudadanos, un deterioro que no es de ayer, que viene de años y años de desidia, sin que los titulares de los poderes públicos hayan adoptado las medidas que serían necesarias. El desastre que padece la administración de justicia en España tiene un culpable y ese culpable tiene un nombre: son los gobiernos del PSOE y del PP que han pilotado los destinos de nuestra sociedad durante las últimas décadas.
Está claro -es lo que dice, además, todo el mundo- que una justicia lenta y tardía no es justicia, sino injusticia. Y está claro también -esto ya no lo dice todo el mundo- que hacen falta muchos más recursos humanos y materiales, en definitiva, mucho más dinero. Hace falta lo que podríamos llamar un plan de choque o un plan de emergencia, porque el atasco que sufren los juzgados y tribunales españoles no se resuelve con el incremento, digamos "normal", que cada ejercicio experimentan las partidas destinadas a este servicio. ¿Y a qué se han dedicado últimamente nuestros líderes políticos mientras la situación se pudría a ojos vista ? Se han dedicado a una demagógica carrera de rebajas fiscales, en lugar de allegar más recursos presupuestarios para paliar un problema acuciante.
Ahora podemos apreciar, en toda su descarnada crudeza, la impresentable demagogia electoralista de Rodríguez Zapatero ( su rival Rajoy no se quedaba atrás ) cuando prometió la devolución de 400 euros a cada contribuyente, si ganaba las elecciones. Algunas voces ya advirtieron en su momento que eso era caciquismo de la peor especie. Pero es una promesa que, además de caciquil, demuestra la falta de una preocupación razonable y genuina por resolver los problemas que más afectan a la gente en su vida cotidiana. No es de recibo que nuestros gobernantes vayan por ahí presumiendo de superávit y de que al Estado le sobra dinero, cuando alguno de nuestros servicios públicos va camino de tener una calidad tercermundista.
La justicia, la sanidad, la educación, la atención a los dependientes y a las personas mayores, las vías de comunicación, el abastecimiento de agua y otros muchos capítulos necesitan dinero. Y ese dinero, queridos "blogueros", tiene que salir de los impuestos en una sociedad que proclama la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo como valores superiores de su ordenamiento jurídico. Y esos impuestos, preferiblemente, han de ser impuestos directos, para que cada uno contribuya al sostenimiento del Estado de acuerdo con su capacidad económica, tal como establece la Constitución. Mientras haya tantas necesidades sociales deficientemente atendidas, dedicarse a hacer "regalitos" fiscales es una práctica de todo punto rechazable, porque, a la larga, redundará en mayores perjuicios para los propios ciudadanos, que tendrán que sufrir una prestación de servicios cada vez peor por parte de la Administración Pública. Salud y buena suerte a todos. Y. G.
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Yago Gardel
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