No me lo podía creer, queridos convecinos de la blogosfera. Allí, delante de mis ojos, tenía la demostración fehaciente de que la vida imita al arte o, como dicen otros, la realidad supera a la ficción. Sucedió en la mañana del viernes, día 8 de febrero, cuando fui a comprar el periódico. La noticia, más que sorprendente, casi increíble, era aquella que daba cuenta del informe del Ministerio de Sanidad y Consumo sobre los "morfotipos" en que pueden clasificarse las mujeres españolas -supongo que también las extranjeras- con vistas a una nueva norma sobre los tallajes de las ropas.
Como sabéis, dedico una parte de mi tiempo a "vigilar" el saludable estado de conservación que presentan las vecinas de mi barrio. El Parque para Mayores, que tuvo a bien acondicionar la Junta Municipal del Distrito, es mi escenario favorito para llevar a cabo lo que, a la luz del informe de Sanidad, podríamos denominar el "trabajo de campo". Cuando abandoné la fábrica, mis amigos y familiares me metieron el miedo en el cuerpo asegurando que me caerían diez años encima, antes de que me diera cuenta, si no me buscaba alguna tarea para mantenerme activo. Entonces me acordé de lo que había dicho García Márquez a propósito de la novela Bajo el Volcán, de Malcolm Lowry: "muchas veces he leído esa novela, y no pararé hasta descubrir dónde está su magia escondida". Y me dije a mí mismo: muchas veces he contemplado, como de pasada, a mis vecinas, pero no pararé hasta que descubra dónde está toda su belleza escondida. Mi objetivo era y sigue siendo avanzar hacia la eterna juventud por el camino de la belleza que nunca muere, sino que simplemente se transforma. Pero lo mío, como podéis comprender, era una actividad sin método, voluntarista, intuitiva, ácrata y poética. Una actividad que no contaba con más instrumento científico que mis propios ojos, que ya sólo captan la radiación que emiten las de más de cuarenta. No tenía ni la menor idea de que el Ministerio de Sanidad y Consumo estuviera llevando a cabo la misma tarea que yo, pero a gran escala y ajustándose a los patrones de la investigación científica, con miles de mujeres que voluntariamente se han sometido al escrutinio de la báscula y la cinta de medir. Os hacéis cargo de mi asombro,supongo, cuando, en la mañana del día ocho, abro el periódico y me encuentro al benemérito Bernat Soria presentando los resultados del estudio: cilindros, campanas y diábolos. No me lo podía creer, insisto.
De los tres morfotipos explicados por Soria, el más abundante es el denominado diábolo y es el que mejor se ajusta ( por sus connotaciones pecaminosas resumidas en la fórmula 90-60-90 ) a nuestros sueños eróticos. Yo recuerdo, por ejemplo, a Raquel Welch -una diábolo de libro- en una película que se tituló (estoy citando de memoria ) "Hace un millón de años". Caramba, amigos "blogueros", uno hubiera querido vivir en aquella época si todas las chicas eran como Raquel. Se pasaba toda la película -por exigencias del guión, naturalmente- apenas cubierta con un mínimo taparrabos, de confección muy rudimentaria. También recuerdo a Norma Jean -debo dar por sentado que todos conocéis su nombre de "guerra"- que era otra diábolo de las que no se olvidan. Y eso que en "Con faldas y a lo loco", mostraba una inocultable tendencia hacia cilindro, sin resultar por ello menos tentadora, como pudo comprobar el bueno de Tony Curtis en los escasos momentos de respiro que le concedían los mafiosos perseguidores. De las estrellas actuales, una que ha fascinado a muchos es Nicole Kidman. Y a mí támbién, lo confieso, pero siempre me ha inquietado la idea de cuál sería mi conclusión en caso de encontrarme, en carne mortal, a la australiana, que mide más de 1,80 y apenas pesa 55 kilos. Creo que mi sentencia sería la misma que la del padre de Joan Manuel Serrat frente a "La mujer que yo quiero": demasiados huesos.
QUEREMOS TALLAS PARA TODAS
Bueno, amigos, a lo mejor estoy frivolizando un poco más de la cuenta, porque los problemas de las mujeres para encontrar una talla que les vaya bien son reales y los planes del Ministerio van en serio. El Presidente de la Asociación de Creadores de Moda, Modesto Lomba, escribió el mismo día de la presentación del estudio que, "las tallas actuales necesitan amoldarse al perfil de la mujer de ahora, y no al revés. A partir de la presentación de este estudio -añadía Lomba- se producirán cambios que las mujeres empezarán a apreciar temporada tras temporada; es por tanto un avance, desde el punto de vista del consumidor y desde el punto de vista del fabricante". Pero un temor que yo he detectado en muchas mujeres es que las tallas tiendan a ser más grandes de lo que ya son, una vez comprobado que la estatura media es de 162 centímetros y el peso medio es de 57 kilos. Muchas temen que las pequeñas y delgaditas -al fin y al cabo los cilindros, campanas y diábolos pueden ser grandes, medianos o pequeños- queden condenadas para siempre a la sección de ropa para niños. Esto no sería justo, y no se debe olvidar que el 23 por ciento de las que no encuentran talla lo atribuyen a que éstas son demasiado grandes. De modo que el mensaje a los fabricantes tiene que ser "tallas para todas, por favor".
Pasé la mañana en el Parque para Mayores, armado con mi libreta y el nuevo aparato conceptual acuñado por el departamento de Bernat Soria. De las vecinas que acudieron a ejercitarse en los artilugios gimnásticos, siete eran diábolos sin sombra de duda. A dos de ellas creo que les habría expresado mi voluntad de amor eterno, pero me contuve porque soy de natural tímido y, además, "la luz del entendimiento me hace ser muy comedido", como dice el famoso poema de García Lorca. Pensé, por otra parte, que me contestarían lo que Carla Bruni le dijo al que iba a ser su nuevo marido cuando éste, con la impaciencia que le caracteriza, insistía en parar a tomar una copa en el Palacio del Elíseo: nunca en la primera noche, querido Sarko; nunca en la primera mañana, querido Yago, y menos aún en el parque. Salud y buena suerte a todos. Y. G.
Como sabéis, dedico una parte de mi tiempo a "vigilar" el saludable estado de conservación que presentan las vecinas de mi barrio. El Parque para Mayores, que tuvo a bien acondicionar la Junta Municipal del Distrito, es mi escenario favorito para llevar a cabo lo que, a la luz del informe de Sanidad, podríamos denominar el "trabajo de campo". Cuando abandoné la fábrica, mis amigos y familiares me metieron el miedo en el cuerpo asegurando que me caerían diez años encima, antes de que me diera cuenta, si no me buscaba alguna tarea para mantenerme activo. Entonces me acordé de lo que había dicho García Márquez a propósito de la novela Bajo el Volcán, de Malcolm Lowry: "muchas veces he leído esa novela, y no pararé hasta descubrir dónde está su magia escondida". Y me dije a mí mismo: muchas veces he contemplado, como de pasada, a mis vecinas, pero no pararé hasta que descubra dónde está toda su belleza escondida. Mi objetivo era y sigue siendo avanzar hacia la eterna juventud por el camino de la belleza que nunca muere, sino que simplemente se transforma. Pero lo mío, como podéis comprender, era una actividad sin método, voluntarista, intuitiva, ácrata y poética. Una actividad que no contaba con más instrumento científico que mis propios ojos, que ya sólo captan la radiación que emiten las de más de cuarenta. No tenía ni la menor idea de que el Ministerio de Sanidad y Consumo estuviera llevando a cabo la misma tarea que yo, pero a gran escala y ajustándose a los patrones de la investigación científica, con miles de mujeres que voluntariamente se han sometido al escrutinio de la báscula y la cinta de medir. Os hacéis cargo de mi asombro,supongo, cuando, en la mañana del día ocho, abro el periódico y me encuentro al benemérito Bernat Soria presentando los resultados del estudio: cilindros, campanas y diábolos. No me lo podía creer, insisto.
De los tres morfotipos explicados por Soria, el más abundante es el denominado diábolo y es el que mejor se ajusta ( por sus connotaciones pecaminosas resumidas en la fórmula 90-60-90 ) a nuestros sueños eróticos. Yo recuerdo, por ejemplo, a Raquel Welch -una diábolo de libro- en una película que se tituló (estoy citando de memoria ) "Hace un millón de años". Caramba, amigos "blogueros", uno hubiera querido vivir en aquella época si todas las chicas eran como Raquel. Se pasaba toda la película -por exigencias del guión, naturalmente- apenas cubierta con un mínimo taparrabos, de confección muy rudimentaria. También recuerdo a Norma Jean -debo dar por sentado que todos conocéis su nombre de "guerra"- que era otra diábolo de las que no se olvidan. Y eso que en "Con faldas y a lo loco", mostraba una inocultable tendencia hacia cilindro, sin resultar por ello menos tentadora, como pudo comprobar el bueno de Tony Curtis en los escasos momentos de respiro que le concedían los mafiosos perseguidores. De las estrellas actuales, una que ha fascinado a muchos es Nicole Kidman. Y a mí támbién, lo confieso, pero siempre me ha inquietado la idea de cuál sería mi conclusión en caso de encontrarme, en carne mortal, a la australiana, que mide más de 1,80 y apenas pesa 55 kilos. Creo que mi sentencia sería la misma que la del padre de Joan Manuel Serrat frente a "La mujer que yo quiero": demasiados huesos.
QUEREMOS TALLAS PARA TODAS
Bueno, amigos, a lo mejor estoy frivolizando un poco más de la cuenta, porque los problemas de las mujeres para encontrar una talla que les vaya bien son reales y los planes del Ministerio van en serio. El Presidente de la Asociación de Creadores de Moda, Modesto Lomba, escribió el mismo día de la presentación del estudio que, "las tallas actuales necesitan amoldarse al perfil de la mujer de ahora, y no al revés. A partir de la presentación de este estudio -añadía Lomba- se producirán cambios que las mujeres empezarán a apreciar temporada tras temporada; es por tanto un avance, desde el punto de vista del consumidor y desde el punto de vista del fabricante". Pero un temor que yo he detectado en muchas mujeres es que las tallas tiendan a ser más grandes de lo que ya son, una vez comprobado que la estatura media es de 162 centímetros y el peso medio es de 57 kilos. Muchas temen que las pequeñas y delgaditas -al fin y al cabo los cilindros, campanas y diábolos pueden ser grandes, medianos o pequeños- queden condenadas para siempre a la sección de ropa para niños. Esto no sería justo, y no se debe olvidar que el 23 por ciento de las que no encuentran talla lo atribuyen a que éstas son demasiado grandes. De modo que el mensaje a los fabricantes tiene que ser "tallas para todas, por favor".
Pasé la mañana en el Parque para Mayores, armado con mi libreta y el nuevo aparato conceptual acuñado por el departamento de Bernat Soria. De las vecinas que acudieron a ejercitarse en los artilugios gimnásticos, siete eran diábolos sin sombra de duda. A dos de ellas creo que les habría expresado mi voluntad de amor eterno, pero me contuve porque soy de natural tímido y, además, "la luz del entendimiento me hace ser muy comedido", como dice el famoso poema de García Lorca. Pensé, por otra parte, que me contestarían lo que Carla Bruni le dijo al que iba a ser su nuevo marido cuando éste, con la impaciencia que le caracteriza, insistía en parar a tomar una copa en el Palacio del Elíseo: nunca en la primera noche, querido Sarko; nunca en la primera mañana, querido Yago, y menos aún en el parque. Salud y buena suerte a todos. Y. G.
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