viernes, 30 de noviembre de 2007

FLOWER TWELVE: MANUEL MARIN YA NO ES DE ESTE MUNDO

Ya se que no soy muy original si digo que me gusta más la dignidad de los vencidos que la zafiedad de los vencedores. Pero no encuentro otra manera mejor de comenzar esta nueva aportación a mi bitácora, que hoy querría convertir en un sentido homenaje a Manuel Marín, el maltratado presidente del Congreso.
Decía Manuel Azaña que nunca es más admirable un hombre que cuando sabe enfrentarse a su propio destino, especialmente si ese destino es inmerecido y cruel. Y yo hago votos para que Marín - que es la tercera autoridad del Estado, no lo olvidemos - no pierda los estribos y sea capaz de soportar con paciencia y resignación el calvario inmerecido y cruel que se le está haciendo pasar en este tramo final de la Legislatura. "Yo ya no soy de este mundo", contestaba el jueves en los pasillos del Congreso a los periodistas que le preguntaron por la última humillación que le infligían sus propios compañeros de partido: esa impresentable reunión de José Bono y José Luis Rodríguez Zapatero en la sede socialista de Ferraz, para anunciar a continuación - urbi et orbi - la vuelta del ex-Presidente de Castilla-La Mancha a la primera línea de la actividad política. ¿Qué necesidad había de hurgar un poco más en la herida si ya todos sabíamos que Bono iba a ser el cabeza de lista por Toledo? ¿Y qué necesidad de ofender a los otros grupos parlamentarios y andar vendiendo la piel del oso antes de matarlo, con ese anuncio prepotente de que el ex-Ministro de Defensa será el Presidente de la Cámara Baja si el PSOE gana las elecciones de Marzo? Por lo menos nos queda el consuelo de la irónica y altiva respuesta que daba Marín a todo eso con sus palabras inspiradas en el evangélico "mi reino no es de este mundo". Esa es una buena señal, porque la ironía, el sentido del humor, es la trinchera que caban los hombres inteligentes contra el asalto brutal de los necios.
Según Camilo José Cela - yo siempre vuelvo a mis clásicos - los buenos sentimientos pueden servirle a uno para llevarse bien con los vecinos o para que no le multen los alguaciles, pero no sirven para hacer buena literatura. Seguramente tampoco sirven para hacer política, ni buena ni mala. Pero no tenemos por qué resignarnos a que la actividad política, la dedicación a la res pública, sea el territorio en el que sólo pueden sobrevivir los desalmados. Y a mí me parece que hay que ser un desalmado para anunciar hace ya medio año - la confirmación oficial ha sido ahora, pero la filtración primera fue en el verano- que los socialistas ya tenían un nuevo candidato para la presidencia del Congreso. Y Marín - tercera autoridad del Estado, después del Rey y del Jefe del Gobierno - enterándose de todo el asunto por la prensa.
Es muy duro morir a manos del fuego amigo, pero no es nada infrecuente en todos los ámbitos de la guerra, de la vida y del amor. Y de ese dolor ha nacido la sabiduría popular al respecto: cuídeme el Cielo de mis amigos, que de mis enemigos ya me guardo yo. En la ominosa mañana del jueves, Marín habría quedado regio si a las palabras que pronunció al vuelo, entre el Hemiciclo y el Salón de los Pasos Perdidos, hubiera añadido, apurando un poco más la inspiración bíblica, "nada tengo de qué quejarme, porque lo que Dios me dio, Dios me lo quitó".
Probablemente no ha sido el mejor Presidente posible. ¿ Y quién lo es ? Habrá cometido muchos errores y le habrán faltado, a lo peor, cintura y reflejos en algunos momentos clave. Pero se ha comportado como un hombre honrado, ha tratado de ser neutral en el desempeño de la alta misión que le habían encomendado, y se ha esforzado tenazmente por elevar el nivel político e intelectual de un Parlamento que a veces se despeña hasta el nivel de las riñas tabernarias. Y en su hora final, cuando ya tiene un pie fuera del coche oficial y se ha convertido en lo que solemos llamar un árbol caído, merece toda mi solidaridad, mi consideración y mi respeto. Él mismo ha dicho que piensa dedicarse a la Universidad y a la lucha contra el cambio climático . Espero que le vaya bien y tenga éxito en su dedicación a esa buena nueva que anda proclamando Al Gore por todo el mundo,con mejores resultados para su cuenta corriente que para nuestro querido planeta. Se que a mi admirado Manuel Marín le gusta la música de Bruce Springsteen, pero yo no tengo tanto dominio del inglés como para atreverme a traducir los versos del Boss. Así que, de prejubilado a prejubilado, vayan aquí estos versos de otro que también se jubila de la política en este mes de Diciembre:

Somos como esos viejos árboles,
batidos por el viento,
que azota desde el mar.
Hemos perdido, compañero, paisajes y esperanzas
en nuestro caminar .


Vamos a echar nuevas raíces,

por campos y veredas, para poder andar

tiempos que traigan en su entraña

esa gran utopía que es la fraternidad.

Vamos hundiendo en las palabras
las huellas de los labios para poder besar
tiempos futuros y anhelados,
de manos contra manos, izando la igualdad.

Vamos a hacer con el futuro
un canto a la esperanza
y poder encontrar
tiempos cubiertos con las manos,
los rostros y los labios que sueñan libertad.

Creo que José Luis Rodríguez Zapatero, que siempre presume de su debilidad por Labordeta- la última vez, la otra noche, con ocasión del homenaje a Marcelino Camacho - debería haber escuchado esta canción antes de jugarle tan mala pasada a uno que, como él, fue un día el diputado más jóven del Parlamento español. Salud y buena suerte a todos.


Yago Gardel







































































martes, 27 de noviembre de 2007

FLOWER ELEVEN: EN EL HOMENAJE A MARCELINO CAMACHO

Anoche asistí en el Palacio de Congresos de Madrid al homenaje a Marcelino Camacho, el líder histórico de Comisiones Obreras, que cumplirá 90 años dentro de dos meses. Fue un acto emotivo y sencillo que arrancó con José Antonio Labordeta cantando "Somos" y terminó con el público puesto en pie y cantando la Internacional.
La actriz Aitana Sánchez Gijón, bellísima con su atuendo negro que contrastaba vivamente con la roja escenografía, fue la presentadora de los numerosos oradores, entre los que se encontraba el Presidente del Gobierno. José Luis Rodríguez Zapatero, siempre optimista y haciendo gala de un tono vital muy elevado, aseguró que la pregunta que hoy podría hacerse un luchador, un hombre que ha sufrido tanto, es si todo ese esfuerzo, toda esa entrega, han merecido la pena. "Y yo puedo deciros, Marcelino Y Josefina, que sí han merecido la pena - añadía el Jefe del Gobierno-. Porque los frutos de esa lucha tan larga no han sido sólo para los trabajadores o para los derechos sindicales, sino para todos los ciudadanos y para todo el país".

Rodríguez Zapatero aludía a Josefina porque en la celebración estuvo también - no podía ser de otra manera - la mujer de Camacho, su compañera de toda la vida, a la que muchos hicieron extensivo el homenaje de anoche, en reconocimeinto a la importancia decisiva que su presencia y su apoyo tuvieron en la construcción del héroe, como lo calificó José María Fidalgo. El Presidente del Gobierno destacó también la relevancia histórica de que un antiguo líder de la Patronal - José María Cuevas - se sumara a las muchas voces que daban las gracias a Marcelino, porque "hoy estamos homenajeando a un padre fundador de nuestra libertad y de nuestra democracia, de los derechos que disfrutamos todos", concluía el Presidente no sin antes reconocer que aún queda mucha tarea por delante en el camino de la justicia social, de los salarios dignos, de la igualdad de oportunidades y de la mejora de las condiciones de vida y de trabajo.

José María Cuevas no ocultó las abismales diferencias políticas e ideológicas que le separaban del líder obrero. Pero al mismo tiempo dejó patente la admiración que sentía por su persona, "un resistente - dijo Cuevas - un ciudadano ejemplar en el que sobresalen la coherencia y la firmeza de sus ideas, no exentas de radicalidad". Cuevas, como hicieron otros oradores, citó al fallecido Manuel Vázquez Montalbán para decir que "Camacho es un militante romántico, que ha tratado de robar la historia a sus dueños para dársela a los trabajadores". El que fuera Presidente de la CEOE durante muchos años, recordó que había conocido a Camacho antes de la transición a la democracia. Y en este punto puso de relieve la que fue una de las características esenciales del sindicalismo de Comisiones Obreras en aquella época: la combinación del trabajo legal e ilegal, el aprovechamiento de los resquicios legales que ofrecía la Dictadura al tiempo que se fortalecía la organización clandestina del sindicato, que entonces no era propiamente un sindicato sino un movimiento sociopolítico. Cuevas reconoció que, en la negociación de convenios colectivos, tenía que ponerse de acuerdo con aquella representación oficial que surgía de los "enlaces sindicales" que permitía el Régimen franquista a través del Sindicato Vertical, pero sobre todo buscaba el acuerdo, y la consiguiente garantía de paz social, con aquellas "comisiones" clandestinas que actuaban bajo la dirección de Camacho y de otros líderes que luego serían encausados en el Proceso 1.001.

Por el escenario, a lo largo de dos horas, fueron pasando cantautores como José Antonio Labordeta y Luis Pastor; políticos, como Gaspar Llamazares y Francisco Frutos; actrices, como Nuria Espert y Pilar Bardem; y sindicalistas, como Antonio Gutiérrez ( hoy diputado del PSOE), Agustín Moreno y José María Fidalgo. Y al final habló el propio Camacho, que subió a la tribuna acompañado, y yo diría que ayudado, por su mujer. A pesar de sus casi 90 años, sigue teniendo una voz vibrante, una voz llena de energía, que puso en pie al auditorio cuando repitió uno de los "latiguillos" que adornaban sus discursos cuando estaba en activo: "ni nos domaron ni nos doblaron ni nos van a domesticar".

Volví a casa redactando el borrador de esta crónica de urgencia, convirtiéndome así en improvisado periodista para quienes sientan curiosidad o quieran conocer algún detalle de un acto que me parece no ha tenido mucha repercusión en los medios de comunicación. O no toda la que se merece, porque hablamos de un periodo reciente de la historia de España; y hoy no seríamos lo que somos sin aquella lucha, de la que desde luego Marcelino Camacho es un símbolo indiscutible. Salud a todos y buena suerte.

YAGO GARDEL

miércoles, 21 de noviembre de 2007

FLOWER TEN: MARIANO RAJOY Y LA REBAJA DEL IRPF

Cuando llegan los tiempos electorales, pocas cosas tan socorridas como prometer menos impuestos si uno quiere captar la atención de los ciudadanos. Menos impuestos y más y mejores servicios y prestaciones. Esa es la música que, al decir de nuestros políticos, quieren escuchar los votantes, aunque luego - como nos pasa con el himno nacional - resulte muy arduo encontrar una letra que le vaya bien a esa música.

Mariano Rajoy, con la loable intención de ir caldeando el ambiente, prometió el domingo, en la clausura de la conferencia política de los populares, dejar exentos del Impuesto sobre la Renta a cuantos tengan unos ingresos brutos anuales no superiores a 16.000 euros. Los detalles los ha dejado para más adelante, y en esto su comportamiento se parece mucho al de Rodríguez Zapatero cuando lanzó el anuncio de los 2.500 euros por cada nuevo hijo. Y como el debate político se mueve al ritmo de los telediarios, el Gobierno socialista no dejó pasar ni un segundo antes de echarse las manos a la cabeza y calcular en 25.000 millones de euros anuales el coste que tendría la rebaja fiscal prometida. Al autor de estas líneas la cifra adelantada por Pedro Solbes le parece excesiva, pero aún así tiende a considerar casi como un brindis al sol las palabras dichas por Rajoy ante su público. Por las consideraciones que siguen.

La primera pregunta que debemos hacernos es cuánto paga a día de hoy quien esté en ese límite de los 16.000 euros anuales. A fin de simplificar los cálculos, imaginaremos que el contribuyente de marras está soltero, porque si está casado y además tiene hijos lo más probable es que ya no pague nada. También podríamos imaginar que es un prejubilado sin cargas familiares, pero inclinémonos ante los jóvenes. A los citados 16.000 euros tenemos que restar los aproximadamente 1.000 euros que estará pagando en concepto de cotizaciones a la Seguridad Social y los 2.600 que les corresponden como deducción por trabajo dependiente. Obtenemos así una base imponible de 12.400 euros y, aplicando la tarifa actual, nos da una cuota de alrededor de 1.700 euros. Ese sería el ahorro máximo obtenido por los contribuyentes a quienes se dirige la promesa de Rajoy. Pero hay que añadir sin demora que muchos cientos de miles- millones más bien - no ahorrarían ni un euro respecto de su situación actual. ¿ Por qué ? En primer lugar, porque ya no pagan nada quienes no superan los 10.000 euros anuales : 5.050 de mínimo personal + 4.000 de trabajo dependiente + 1.000 de cotizaciones a la S. Social. y en segundo lugar, porque la mayor parte de la gente tiene deducciones por hijo, desgravaciones por ahorro/vivienda, etc.

Al día siguiente del anuncio de Rajoy, o sea el lunes, vi en la prensa un cuadro muy interesante con datos de la propia Administración Tributaria. Y resulta que, según esos datos, casi el 55 por ciento de quienes presentaron su declaración en la primavera de 2.005 tenían unos ingresos anuales inferiores a 16.500 euros ( no está bien señalar a nadie con el dedo, pero es conocida la tendencia de los españoles a declarar menos de lo que realmente ganan, qué le vamos a hacer. ) Pues bien, ese 55 por ciento de declarantes aportaban el 7,2 por ciento de los ingresos que obtuvo el Estado en concepto de IRPF. Los datos se referían al ejercicio de 2004 y, a falta de datos oficiales para los ejercicios más recientes, cabe pensar que las últimas reformas habrán reducido todavía un poco más este porcentaje que aportan los menos favorecidos. Si mi razonamiento es correcto, se habrá situado en torno al 6 por ciento más o menos. Como los ingresos por IRPF previstos para 2008, según el proyecto de Presupuestos que se tramita en las Cortes, ascienden a 70.500 millones de euros, resulta que el coste de liberar del Impuestos a estos millones de conciudadanos ascendería a unos 4.000 millones anuales, no 25.000 como decía el alarmado Pedro Solbes. Este último dato sobre los ingresos previstos para el año que viene lo se de cuando asistí al debate de presupuestos: hubo un momento en que salí a tomar el aire y entablé conversación con unos periodistas que habían salido a fumar un cigarrillo. Al despedirnos me regalaron una publicación del Ministerio de Hacienda que entre ellos denominaban "el libro amarillo".

El coste, pues, sería alto, pero seguramente asumible si no fuera porque ahora viene el mayor problema, que se resume en una sola palabra: discriminación. Si perdonamos el Impuesto a los que no superen los 16.000, ¿qué haremos , por ejemplo, con quienes no superen los 18.000 ó los 20.000? ¿ Tendrán que seguir pagando como hasta ahora, con arreglo a la tarifa vigente? En ese caso, ´nos veríamos obligados a la muy perversa conclusión de que en la España gobernada por el Partido Popular valdrá más la pena no pedir aumento de sueldo y ganar 16 mejor que 17 ó 18. Surrealista, ¿ no les parece ?

La única vía que tiene el PP para cumplir su promesa y no caer en la discriminación que comentamos es elevar el mínimo personal, pero eso ya son palabras mayores, porque el mínimo personal, queridos amigos, es para todos, para los 22 millones de personas que presentan su declaración, solas o en compañía de otros. Según mis cálculos - de buen cubero, que no de experto fiscal - para hacer realidad la mitinera promesa hace falta elevar el mínimo personal a unos 11.000 euros anuales e incrementar hasta 16.000 euros el umbral de renta que da derecho a descontar 4.000 euros por trabajo dependiente. Obtendríamos así la siguiente suma: 11.00o euros de mínimo personal + 4.000 de trabajo dependiente + 1.000 de la Seguridad Social = 16.000 euros.

Ahora - palabras mayores a las que nos referíamos - nos queda por calcular cuál sería el coste de multiplicar por dos el mínimo personal. Hemos quedado en que tenemos 22 millones de contribuyentes en el IRPF; y asimismo hemos quedado en que el coste de liberar al 55 por ciento de ellos ( 12 millones ) ascendería a unos 4.000 millones de euros. Nos quedan otros 10 millones de declarantes que, con la tarifa actual, conseguirían una rebaja de unos 1.400 euros por cabeza como máximo. Es decir, 14.000 millones anuales que sumados a los 4.000 anteriores nos arrojan un saldo negativo de 18.000 millones de euros para la Hacienda Pública. Lejos aún de los 25.000 millones que se temía Pedro Solbes, pero en unos niveles que seguramente no nos podemos permitir. Porque estamos hablando de rebajar en un 25 por ciento la recaudación prevista en concepto de Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.

Volvemos al comienzo: lo de la rebaja de impuestos siempre suena bien y sabe aún mejor. Es cómo un cóctel dulce y muy suave que vamos trasegando casi sin darnos cuenta mientras charlamos con los amigos. Y resulta que, cuando vamos a levantarnos de la mesa, sólo somos capaces de movernos a cuatro patas. Mucho cuidado, pues,queridos "blogueros",con los combinados que tan generosamente van a ofrecernos en los festejos electorales que se avecinan: podríamos acabar sufriendo una resaca de dimensiones ciclópeas. Salud a todos y buena suerte.

Yago Gardel

jueves, 15 de noviembre de 2007

FLOWER NINE: EL IRPF Y EL TIPO UNICO ( Y DOS )

Así pues, la tarifa actual del Impuesto sobre la Renta, escalonada en cuatro tramos, me parece bastante aceptable. Aunque quizá el gobierno y el Parlamento deberían revisar al alza los niveles de renta a los que operan los distintos porcentajes. Pongamos el ejemplo de un jubilado, ya que el autor de estas líneas está en la etapa inmediatamente anterior, es decir, en la prejubilación. Imaginemos que este jubilado ha conseguido, por fin, vencer la feroz resistencia de los hijos a abandonar el hogar paterno y vive solo con su esposa. E imaginemos ( a lo mejor ya es mucho imaginar, pero hagamos el esfuerzo ) que ha sido un trabajador privilegiado y le corresponde la pensión máxima. Sus ingresos brutos en 2008 rondarán los 33.000 euros y tendrá que pagar al fisco algo más de 5.000. Esto significa que alrededor del 15 por ciento de su pensión se la lleva la Hacienda Pública.

Si esos mismos 33.000 euros los está ganando un trabajador soltero, pagará algo más de 6.000, es decir, alrededor del 20 por ciento. Pero a esos seis mil y pico habría que añadir, en este caso, los dos mil y pico que estará pagando como cotización a la Seguridad Social. Si sumamos impuestos más cotizaciones, resulta que nuestro trabajador soltero destina unos 9.000 euros anuales a las arcas del Estado, casi un 30 por ciento de su salario bruto. Reconozcámos que, a partir de estos número hecho a la vuelapluma, es un poco exagerado que una persona con un salario bruto mensual de 2.400 euros vea que uno de cada tres se los queda el Estado. Quizá ese porcentaje tendría que aplicarse a quienes están por encima de los 60.000 ó 70.000 euros. Y el máximo actual del 43 por ciento, que opera para ingresos superiores a los 53.000 euros, tendría que corregirse y aplicarse a las rentas que estuvieran por encima de los 100.000 euros.

TREINTA AÑOS YA DESDE LA REFORMA FISCAL DE FERNANDEZ ORDÓÑEZ

El problema es que, a pesar de los extraordinarios signos de riqueza que exhiben muchos conciudadanos ( desde potentes vehículos todoterreno hasta yates de lujo, pasando por propiedades de todo tipo más la consabida acumulación de billetes morados ) no hay más allá de un uno por ciento de contribuyentes que declaren ingresos por encima de los 100.000 euros. He aquí una ingente labor que tienen por delante los gobiernos de España y sus ejércitos de funcionarios: sacar a la luz toda es riqueza oculta, hacer que sea verdad el principio constitucional de que cada ciudadano debe contribuir al sostenimiento de los servicios públicos de acuerdo con su capacidad. Si se consigue que todos paguen, es muy posible que tengamos que destinar una proporción menor de nuestros ingresos a liquidar cuentas con Hacienda.
A mí nunca me ha molestado pagar lo que me corresponde de acuerdo con la ley. Creo en el papel del Estado para conseguir una sociedad mejor en todos los sentidos. Presenté mi primera declaración ( supongo que catastrófica, porque entonces me sonaban a chino conceptos como base imponible, base liquidable, desgravaciones, capital mobiliario, gastos deducibles, etc. ) en la primavera del año 79. La primera Ley del IRPF, impulsada por Francisco Fernández Ordóñez, se había aprobado, si la memoria no me falla, en el año 78. En esto soy bastante chapado a la antigua: cada mes de mayo compro en el estanco el sobre para la declaración, la relleno - no sin ciertas dudas y dificultades - y la presento en la oficina de la Administración Tributaria. Nunca he recurrido a los asesores ni al programa PADRE ni a la cita previa ni a la declaración por Internet: me gusta el método tradicional. Y también sigo chapado a la antigua ( aunque a lo mejor no tanto ) en mi defensa del Impuesto como una herramienta poderosa para la igualdad de oportunidades, como una garlopa con la que pulir las aristas más hirientes de la injusticia y las diferencias sociales. Y a veces, cuando la cabeza se me alborota un poco a base de vino y versos, digo que me habría gustado ser inspector de hacienda o guardabosques. Pero son sólo sueños a toro pasado, porque para lo primero nunca tuve el necesario dominio de las leyes y las matemáticas; y de lo segundo me desanimé cuando supe que nunca podría ser el Amante de Lady Chaterly. Salud a todos y buena suerte.

Yago Gardel

miércoles, 14 de noviembre de 2007

FLOWER EIGHT: EL IRPF Y EL TIPO UNICO

El Impuesto sobre la Renta es lo que nos queda cuando la esperanza de la revolución se esfuma. Puede que haya leído esta frase en algún sitio, o puede que la haya soñado o que me la esté inventando en este momento. En cualquier caso, me parece adecuada para expresar dos ideas: la búsqueda de una mayor igualdad social ya no es posible - a lo mejor no lo ha sido nunca - por la vía de los cambios bruscos o revolucionarios; y la imposición directa es uno de los instrumentos imprescindibles de que disponen los poderes públicos para redistribuir la riqueza y avanzar cuanto sea posible hacia la igualdad de oportunidades.
Algunos profesionales de la economía sostienen que esa redistribución de la riqueza se hace más por la vía del gasto público que a través de la imposición fiscal. En realidad, me parece a mí, ambas cosas - recaudación de un lado y gasto de otro - son complementarias. Y evidentemente, desde el punto de vista de la justicia social, esa recaudación tiene que hacerse de manera preferente a través de los impuestos directos y no de los indirectos, que gravan por igual al que tiene mucho y al que tiene poco.
También señalan algunos profesionales que no hay que sacralizar el IRPF ni tampoco la tarifa progresiva del Impuesto, porque las ingenierías financieras y las asesorías fiscales - aliadas muchas veces con la voluntad defraudatoria pura y dura - encuentran caminos de escape para las rentas más altas. Se configura así un panorama en el que los ingresos que el IRPF proporciona a las arcas del Estado provienen principalmente de las personas que tienen su ingresos sujetos a una nómina, de los trabajadores y las clases medias asalariadas. Y a partir de esta situación, en la que los verdaderamente ricos no pagan impuestos o no los pagan en la medida que les correspondería de acuerdo con la Constitución y las leyes, muchos abanderados de la economía neoliberal proponen que la tarifa del Impuesto sobre la Renta se reduzca a un tipo único. Tipo único que debería situarse, según las ideas y cifras que manejan estos expertos, a un nivel similar al del Impuesto de Sociedades, es decir, alrededor del 30 por ciento. El más famoso valedor del tipo único ha sido y sigue siendo Miguel Sebastián, fichado por José Luis Rodríguez Zapatero para dirigir la Oficina Económica de la Moncloa y posteriormente para disputarle la Alcaldía de Madrid a Alberto Ruíz Gallardón. Pero los propios dirigentes socialistas se asustaron un poco con esta idea del tipo único, cuando Miguel Sebastián se pasó con armas y bagajes a su campo desde la jefatura del Servicio de Estudios del BBVA, una jefatura de la que había sido descabalgado porque a Rodrígo Rato tampoco le gustó mucho que, desde el citado Servicio de Estudios, Sebastián actuara como un francotirador contra la reforma fiscal que había preparado el Gobierno de José María Aznar.
Actualmente la tarifa del Impuesto está reducida a cuatro tramos, que van desde el 24 al 43 por ciento. Al comienzo- finales de los años 70 y primeros 80 - había infinidad de tramos y, en general, puede decirse que cada reforma que se ha hecho ha sido para reducir el número de tramos y al mismo tiempo rebajar sustancialmente el tipo máximo. Si no recuerdo mal, este tipo máximo llegó a ser del 56 por ciento, luego bajó al 53, al 45, y ahora está en el 43. Y en general también, lo que puede decirse es que cada reforma que se ha hecho ha resultado tanto más favorable para el contribuyente cuanto más elevados fueran sus ingresos. O sea, que poco a poco se ha ido recortando la progresividad del Impuesto y el tipo único - si llega a implantarse - le daría prácticamente el descabello.
Hay que reconocer que un 56 por ciento es a todas luces excesivo, y posiblemente también sea excesivo el 43, no lo sé. Nunca he tenido la suerte de elevar mis ingresos hasta rozar lo que los técnicos llaman el márginal máximo, es decir, el porcentaje al que cotiza cada euro que añades a lo que ya estás ganando. Me meto, por ejemplo, en la piel del escritor Juan José Millás - reciente ganador del Planeta - y me digo a mí mismo que a mí tampo me gustaría mucho que Hacienda se llevase el 43 por ciento de los 600.000 euros con que está dotado el premio. Aunque me cuentan - ingenierías financiero-fiscales - que los dueños de la editorial suelen abonar el premio en varios ejercicios para así rebajar todo lo que pueden la factura fiscal a la que debe hacer frente el galardonado. Me meto en la piel de Fernando Alonso y me digo a mí mismo que yo tampoco sería tan patriota como para presentar mi declaración de la renta en España y lo más seguro es que me fuera a vivir a Suiza o Andorra, países que siempre te acogen con los brazos abiertos, si llevas contigo el dinero suficiente para costeártelo. Ya digo, no sé si el 43 es demasidado, pero lo que sí sé es que a los defraudadores, a los que les jode tener que pagar impuestos, cualquier porcentaje siempre les parecerá un expolio. Con esta gente lo que el Estado tiene que hacer, a mi juicio, es perseguirlos implacablemente, como se hace por ejemplo en los Estados Unidos de América, y no avenirse a sucesivas rebajas que nunca les dejan satisfechos.
(((((( Continuará .... )))))))))

Yago Gardel

viernes, 2 de noviembre de 2007

FLOWER SEVEN: ZAPATERO, EL AVE Y LOS TRENES DE CERCANIAS

El Presidente del Gobierno ha comparecido por fin en el Parlamento para dar cuenta de sus gestiones en relación con el caos que sufren los trenes de cercanías de Barcelona por culpa de las obras del tren de alta velocidad. Esto le honra y le acredita como un gobernante con buenos reflejos democráticos, pero es una falacia pretender que la comparecencia ha sido a petición propia, porque todos los grupos parlamentarios - menos el socialista, como es lógico - llevaban semanas exigiendo esa comparecencia y exigiendo también la dimisión o la destitución de la Ministra de Fomento.
La cuestión central que se debatía, como señaló Josep Antoni Durán i Lleida, era la mala gestión de una obra pública y la necesidad de que las responsabilidades políticas no sean un mero ejercicio retórico y signifiquen algo concreto, es decir, que alguien las asume y ese alguien presenta la dimisión y se va a su casa. Nada de esto sucedió y, como consecuencia, a Rodríguez Zapatero le llovieron las críticas desde todos los sectores del Hemiciclo. Nunca en la actual legislatura el Jefe del Gobierno había estado tan sólo políticamente. Al menos esa es la impresión que yo tuve escuchando el debate por la radio mientras me daba una buena caminata en busca de uno de mis sitios favoritos para ver la puesta del sol.
Rodríguez Zapatero reconoció los errores cometidos, pidió disculpas a los ciudadanos y usuarios afectados, alabó la paciencia y la comprensión que han mostrado estos ciudadanos, aseguró que, una vez olvidado el sueño de inaugurar el AVE a Barceloan antes de las Navidades, su prioridad ahora es restablecer cuanto antes el servicio en las líneas de cercanías cortadas, y se mostró convencido de que es compatible recuperar las cercanías y proseguir con las obras del AVE. Pero sólo pudo comprometerse a que ambas cosas, el funcionamiento de normal de las cercanías y el AVE en la estación de Sants, se harán cuanto antes. No pudo dar fechas precisas, tampoco defendió a su Ministra de Fomento, a la que había humillado días antes visitando las obras en solitario, y capeó como pudo el temporal de críticas desatado por una situación insostenible.
Desde su escaño, Magdalena Alvarez siguió impávida la intervención de su jefe y con muchos gestos, muchos aspavientos y muchas sonrisas los discursos de los distintos portavoces parlamentarios. Esto lo digo por lo que vi, luego de disfrutar a fondo el atardecer, en los telediarios de la noche. Algunos han hablado de la mujer de rojo en el banco azul. Y su vestido era rojo, en efecto, pero no tan vivo como el que lucía la protagonista de la famosa película. Yo creo que le favorecía bastante y la encontré casi bella, aunque de todos es conocido que se trata de una mujer de rasgos muy duros, tanto físicos como de carácter. Y mientras la veía me pregunté por qué no dimite, por qué no acepta que su crédito está agotado y por qué no se da cuenta que con ese empeño lo único que hace es agravar el riesgo que corre Rodríguez Zapatero en este envite.
En un comentario anterior me preguntaba quién ganará las próximas elecciones generales, que al parecer se van a celebrar el domingo día 9 de Marzo. No creo que el caos en las cercanías de la Ciudad Condal vaya a ser el factor decisivo, pero lo cierto es que Cataluña, y singularmente la circunscripción de Barcelona, donde se eligen más de treinta diputados, son muy importantes para los socialistas. Una dimisión a tiempo, como las retiradas en la buena estrategia militar, podría ser una victoria. Pero lo más difícil es precisamente eso, saber discernir que ha llegado el momento adecuado para dejar que otros lo intenten donde uno ha fracasado.
La actitud de Magdalena Alvarez, desafiante en su escaño del banco azul, me recuerda un poco lo que pasó en los últimos tiempos de Tony Blair. El líder laborista había hecho historia, había tenido cotas de popularidad abrumadoras, pero, diez años después de su llegada al poder, estaba claro que ya no podía remontar el vuelo, que su tiempo había pasado y que cada día más en el 10 de Downing Street era otro paso hacia el desastre. No había forma de que el hombre de la Tercera Vía encontrara el momento para dar el relevo. Llegué a pensar que una voluntad suicida se había apoderado de él y que estaba dispuesto a seguir hasta el final, aunque eso llevase acarreado el hundimiento de su propio partido frente a los conservadores.
Muy posiblemente, Rodríguez Zapatero se sentiría aliviado si Alvarez se presentase mañana mismo en su despacho con la dimisión irrevocable. Su hoja de servicios, el balance con el que acudirá a pedir el voto de los electores, sufriría un desgaste, pero mucho mayor es el desgaste que puede sufrir si Alvarez sigue en su puesto y de aquí a Marzo siguen pasando cosas tan bochornosas como las que han ocupado los titulares de la prensa durante las últimas semanas. El problema es que ella no quiere dimitir y él no quiere destituirla. O a la mejor están jugando con el cálculo de que cinco meses en política son un período muy largo y hay tiempo suficiente para enderezar el rumbo y apuntarse éxitos que hagan olvidar los fracasos actuales. Lo malo, en este último caso, es que el cálculo - como el de lo ingenieros que dirigen las obras del AVE - sea erróneo y los cinco meses se conviertan en cinco siglos de agonía. Salud y buena suerte a todos

Yago Gardel