Cuando llegan los tiempos electorales, pocas cosas tan socorridas como prometer menos impuestos si uno quiere captar la atención de los ciudadanos. Menos impuestos y más y mejores servicios y prestaciones. Esa es la música que, al decir de nuestros políticos, quieren escuchar los votantes, aunque luego - como nos pasa con el himno nacional - resulte muy arduo encontrar una letra que le vaya bien a esa música.
Mariano Rajoy, con la loable intención de ir caldeando el ambiente, prometió el domingo, en la clausura de la conferencia política de los populares, dejar exentos del Impuesto sobre la Renta a cuantos tengan unos ingresos brutos anuales no superiores a 16.000 euros. Los detalles los ha dejado para más adelante, y en esto su comportamiento se parece mucho al de Rodríguez Zapatero cuando lanzó el anuncio de los 2.500 euros por cada nuevo hijo. Y como el debate político se mueve al ritmo de los telediarios, el Gobierno socialista no dejó pasar ni un segundo antes de echarse las manos a la cabeza y calcular en 25.000 millones de euros anuales el coste que tendría la rebaja fiscal prometida. Al autor de estas líneas la cifra adelantada por Pedro Solbes le parece excesiva, pero aún así tiende a considerar casi como un brindis al sol las palabras dichas por Rajoy ante su público. Por las consideraciones que siguen.
La primera pregunta que debemos hacernos es cuánto paga a día de hoy quien esté en ese límite de los 16.000 euros anuales. A fin de simplificar los cálculos, imaginaremos que el contribuyente de marras está soltero, porque si está casado y además tiene hijos lo más probable es que ya no pague nada. También podríamos imaginar que es un prejubilado sin cargas familiares, pero inclinémonos ante los jóvenes. A los citados 16.000 euros tenemos que restar los aproximadamente 1.000 euros que estará pagando en concepto de cotizaciones a la Seguridad Social y los 2.600 que les corresponden como deducción por trabajo dependiente. Obtenemos así una base imponible de 12.400 euros y, aplicando la tarifa actual, nos da una cuota de alrededor de 1.700 euros. Ese sería el ahorro máximo obtenido por los contribuyentes a quienes se dirige la promesa de Rajoy. Pero hay que añadir sin demora que muchos cientos de miles- millones más bien - no ahorrarían ni un euro respecto de su situación actual. ¿ Por qué ? En primer lugar, porque ya no pagan nada quienes no superan los 10.000 euros anuales : 5.050 de mínimo personal + 4.000 de trabajo dependiente + 1.000 de cotizaciones a la S. Social. y en segundo lugar, porque la mayor parte de la gente tiene deducciones por hijo, desgravaciones por ahorro/vivienda, etc.
Al día siguiente del anuncio de Rajoy, o sea el lunes, vi en la prensa un cuadro muy interesante con datos de la propia Administración Tributaria. Y resulta que, según esos datos, casi el 55 por ciento de quienes presentaron su declaración en la primavera de 2.005 tenían unos ingresos anuales inferiores a 16.500 euros ( no está bien señalar a nadie con el dedo, pero es conocida la tendencia de los españoles a declarar menos de lo que realmente ganan, qué le vamos a hacer. ) Pues bien, ese 55 por ciento de declarantes aportaban el 7,2 por ciento de los ingresos que obtuvo el Estado en concepto de IRPF. Los datos se referían al ejercicio de 2004 y, a falta de datos oficiales para los ejercicios más recientes, cabe pensar que las últimas reformas habrán reducido todavía un poco más este porcentaje que aportan los menos favorecidos. Si mi razonamiento es correcto, se habrá situado en torno al 6 por ciento más o menos. Como los ingresos por IRPF previstos para 2008, según el proyecto de Presupuestos que se tramita en las Cortes, ascienden a 70.500 millones de euros, resulta que el coste de liberar del Impuestos a estos millones de conciudadanos ascendería a unos 4.000 millones anuales, no 25.000 como decía el alarmado Pedro Solbes. Este último dato sobre los ingresos previstos para el año que viene lo se de cuando asistí al debate de presupuestos: hubo un momento en que salí a tomar el aire y entablé conversación con unos periodistas que habían salido a fumar un cigarrillo. Al despedirnos me regalaron una publicación del Ministerio de Hacienda que entre ellos denominaban "el libro amarillo".
El coste, pues, sería alto, pero seguramente asumible si no fuera porque ahora viene el mayor problema, que se resume en una sola palabra: discriminación. Si perdonamos el Impuesto a los que no superen los 16.000, ¿qué haremos , por ejemplo, con quienes no superen los 18.000 ó los 20.000? ¿ Tendrán que seguir pagando como hasta ahora, con arreglo a la tarifa vigente? En ese caso, ´nos veríamos obligados a la muy perversa conclusión de que en la España gobernada por el Partido Popular valdrá más la pena no pedir aumento de sueldo y ganar 16 mejor que 17 ó 18. Surrealista, ¿ no les parece ?
La única vía que tiene el PP para cumplir su promesa y no caer en la discriminación que comentamos es elevar el mínimo personal, pero eso ya son palabras mayores, porque el mínimo personal, queridos amigos, es para todos, para los 22 millones de personas que presentan su declaración, solas o en compañía de otros. Según mis cálculos - de buen cubero, que no de experto fiscal - para hacer realidad la mitinera promesa hace falta elevar el mínimo personal a unos 11.000 euros anuales e incrementar hasta 16.000 euros el umbral de renta que da derecho a descontar 4.000 euros por trabajo dependiente. Obtendríamos así la siguiente suma: 11.00o euros de mínimo personal + 4.000 de trabajo dependiente + 1.000 de la Seguridad Social = 16.000 euros.
Ahora - palabras mayores a las que nos referíamos - nos queda por calcular cuál sería el coste de multiplicar por dos el mínimo personal. Hemos quedado en que tenemos 22 millones de contribuyentes en el IRPF; y asimismo hemos quedado en que el coste de liberar al 55 por ciento de ellos ( 12 millones ) ascendería a unos 4.000 millones de euros. Nos quedan otros 10 millones de declarantes que, con la tarifa actual, conseguirían una rebaja de unos 1.400 euros por cabeza como máximo. Es decir, 14.000 millones anuales que sumados a los 4.000 anteriores nos arrojan un saldo negativo de 18.000 millones de euros para la Hacienda Pública. Lejos aún de los 25.000 millones que se temía Pedro Solbes, pero en unos niveles que seguramente no nos podemos permitir. Porque estamos hablando de rebajar en un 25 por ciento la recaudación prevista en concepto de Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.
Volvemos al comienzo: lo de la rebaja de impuestos siempre suena bien y sabe aún mejor. Es cómo un cóctel dulce y muy suave que vamos trasegando casi sin darnos cuenta mientras charlamos con los amigos. Y resulta que, cuando vamos a levantarnos de la mesa, sólo somos capaces de movernos a cuatro patas. Mucho cuidado, pues,queridos "blogueros",con los combinados que tan generosamente van a ofrecernos en los festejos electorales que se avecinan: podríamos acabar sufriendo una resaca de dimensiones ciclópeas. Salud a todos y buena suerte.
Yago Gardel
BIEN HALLADOS
Hace 16 años
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