miércoles, 30 de enero de 2008

UNA VISITA A DOÑA AMELIA, LA ABUELA DE TODOS LOS "BLOGUEROS"

La mañana no parecía muy prometedora para mis subrepticias actividades en el Parque para Mayores, así que decidí darme una vuelta por el barrio de la "blogosfera". Quería visitar a doña Amelia, que vive en http://www.amis95.blogspot.com/ , y que es la convencina más famosa. No hace mucho su blog fue proclamado como el "mejor blog escrito en español", mediante un concurso entre internautas que organiza una televisión alemana.
Doña Amelia es republicana y socialista. También es católica ferviente. Nació en Muxía, donde la cosa del Prestige, en 1.911 y se crió en Corcubión, a muy pocos kilómetros del cabo de Finesterre. Puso en marcha su blog a finales del 96, como un regalo de cumpleaños muy especial que le hizo su nieto, ingeniero de telecomunicaciones. Y, dado el éxito rotundo que ha tenido, creo que bien puede decirse que en este barrio de la "blogosfera", como en todos los otros ámbitos de la vida, vale más caer en gracia que ser gracioso. Yo no sé si doña Amelia es graciosa o no. Creo que sí, y además es gallega, lo cual la hace doblemente simpática, al menos para mí, que he pasado muchas vacaciones por aquellas tierras y me escapo para allá siempre que puedo.
Pero debo confesar que me sentí un poco decepcionado con la visita, y trataré de explicarme, aunque a lo peor lo que me pasa es que soy un envidioso, y la envidia es muy mala, tal como cuenta la propia doña Amelia en su bitácora. Mi primer motivo de decepción fue descubrir que ella no es, propiamente dicha, la autora del blog. Resulta que ella habla y el nieto teclea. Y resulta que el nieto es un gran "manitas" de las nuevas tecnologías, pero no teclea bien o teclea descuidadamente. A mi juicio, hay una gran diferencia entre que una persona de 95 años ( por cierto, en las fotos aparenta 20 años menos ) sea la autora de un cuaderno de bitácora, con sus propios recuerdos, sus propios pensamientos, sus propias opiniones y sus propias habilidades frente a la máquina o que lo sea un persona con estudios universitarios y cincuenta años menos de edad. Me parece que la perspectiva cambia mucho, y el nivel de exigencia a la hora de juzgar ese trabajo también tiene que ser obligatoriamente distinto. Os pondré unos ejemplos tomados de las entradas más recientes de doña Amelia.
En la entrada titulada Dolor Cubano le dice a su nieto: "estos días recibí dos novelas de la americana, de la cubana, Yeyla. Y te digo que me mandó dos novelas muy bonitas escritas por ella". Y más adelante añade: "porque en Cuba un mes trabajando era un sueldo sólo para comprar unos zapatos. Y las pasó negras en Cuba. Pero ella así todo ama a Cuba". Unos días antes, doña Amelia había publicado una entrada que se tituló "No hay hombre que no engañe a su mujer". Un título un poco atrevido, dicho sea de paso, porque ¿qué pasaría si un "bloguero", sea cual sea su edad, publica un artículo en el que asegura que "no hay mujer que no engañe a su marido"? Lo mismo le cuelgan de la picota que preside la Plaza Mayor del barrio "blogosférico", por machista y maledicente. El caso es que en esa entrada doña Amelia y su nieto escribían: "mire, cuando yo me casé iba toda ilusionada. Y tenía 32 años, no era ninguna niña. Pero era una época más inocente que hay ahora. Porque yo sé que mi marido me engañó, a lo mejor me engañó, naturalmente, no sé, yo no me enteré". ¿En qué quedamos , doña Amelia, querido nieto? ¿La engañó o no la engañó? ¿Lo supo o no lo supo?
DOÑA AMELIA NO ES MOLLY BLOOM
A lo mejor es que el nieto intenta ser fiel al modo en que fluyen las palabras de la abuela y las va transcribiendo tal cual, pero, claro, el lenguaje hablado tiene unas reglas y el lenguaje escrito tiene otras; y a mí me parece que hay que respetarlas, porque de lo contrario lo único que se aporta es mucho barullo mental. No estoy pidiendo literatura, que eso sólo está al alcance de los elegidos, y el mundo de Internet debe estar al alcance de todos. Lo que estoy pidiendo es un poco de orden en la exposición. No digo que no tenga un gran mérito, por su originalidad, la idea de poner en marcha un blog cuyo titular, al menos formalmente, es una abuela de 95 años. Pero me parece que la "ejecución" técnica de la idea deja mucho que desear. Y no es novedosa, por otra parte, puesto que cualquiera puede irse, grabadora en mano, a una Residencia de Mayores y contar luego lo que le hayan dicho los abuelos. El quid de la cuestión estaría, entonces, en lo bien o mal contadas que estuvieran esas historias. Y las historias de la abuela Amelia son interesantes, como todas las que nos traen la memoria del pasado, pero están deficientemente contadas en los textos que prepara su nieto. Algunos recordaréis aquella famosa película titulada "Pequeño gran hombre", que protagonizó Dustin Hoffman. La película estaba construida a partir del relato que un anciano de más de cien años hacía a unos periodistas que iban a visitarle en su residencia. Pero allí no había confusión mental, no había frases deslavazadas, no había incoherencias formales, y sí había, por el contrario, un respeto escrupuloso a lo que podríamos llamar la "sintaxis" cinematográfica. En el campo de la literatura, un ejemplo cumbre de esta técnica de trasladar al papel lo que un personaje se confiesa a sí mismo o confiesa a la grabadora, es el último capítulo de la novela Ulises, del irlandés James Joyce. En ese último capítulo, Molly Bloom, la carne que siempre afirma, según la definió su creador, hace un repaso de su vida al lado de Leopold Bloom, a quien los irlandeses conmemoran entusiásticamente cada 16 de junio. Al contrario que doña Amelia, Molly sí que engaña a su marido, le engaña a conciencia, sin remordimientos, sintiendo a fondo la felicidad de estar viva, y la forma en que están reflejados sus pensamientos yo creo que hubiera sido de gran ayuda para el nieto "bloguero".
En resumen, pues, queridos convecinos de la "blogosfera", dos cosas me han decepcionado un poquito de nuestra archifamosa vecina. La primera, que ella no es la autora del blog; y la segunda, que la elaboración que lleva a cabo el nieto no está a la altura de ese título de "mejor blog en castellano". Pero, como dice el refrán, a quien Dios se la de, San Pedro se la bendiga. A lo peor lo que me pasa es que soy un envidioso, como decía al principio. Y también un fanático de la ortografía y la sintaxis, que para mí son cualidades del alma, y no sólo unas normas para usar bien esa patria común que es el idioma. El otro día, haciendo la compra en Hipercor, estuve a punto de pedir la hoja de reclamaciones porque encontré un cartel que anunciaba los productos de un pasillo con estas palabras: lavavajillas, artículos de limpieza, balletas...Me disuadieron unos fornidos guardias de seguridad que pasaban por allí. Volví a casa, y en uno de sos programas que llaman "del corazón" o "rosas" vi el mensaje de un tipo que pedía relaciones de amistad con mujeres porque se sentía muy sólo en Sebiya. Queridos amigos de la "blogosfera", ¿se puede sentir el más mínimo deseo de conocer a alguien que se anuncia diciendo que se siente muy sólo en Sebiya? Salud y buena suerte a todos. Y. G.

miércoles, 23 de enero de 2008

MANUEL PIZARRO, LA POLITICA Y LOS SUELDOS ESTRATOSFÉRICOS

El fichaje de Manuel Pizarro por el Partido Popular ha sacado a la palestra electoral un problema ético, económico y social que planteábamos en esta bitácora hace algunas semanas. Ese problema no es otro que los sueldos escandalosamente altos que se adjudican a sí mismos los llamados "capitanaes de empresa".
Resulta que Pizarro, cuando salió de Endesa después de la enconadísima batalla que libró y ganó contra el Gobierno de ZP, se llevó al parecer una indemnización de entre 12 y 15 millones de euros. Como es lógico, los socialistas, a mes y medio de las Elecciones, no podían dejar escapar tan suculenta prensa y se lanzaron como una jauría contra las pantorrillas del aragonés. Inmoral e indecente son los epítetos más suaves que le dedicaron. Y a mí me parece que el epíteto que se merece ese ostentoso rasgado de vestiduras es el de hipócrita. ¿Por qué? Pues porque el caso de Pizarro, como decíamos en el citado artículo, no es ni mucho menos excepcional; y los socialistas, con su mayoría parlamentaria y sus aliados de izquierdas siempre dispuestos a echar una mano, no han hecho nada para evitarlo. Y no sólo eso, sino que ahora prometen eliminar el Impuesto sobre el Patrimonio, con el argumento de que ya no se ajusta a la modernidad. Debe de ser que lo moderno es que los ricos y poderosos se hagan cada ves más ricos y poderosos, sin frenos ni controles, y que a los de abajo les vayan dando por retambufa, como decía mi admirado Francisco Umbral. Esa promesa de ZP, pese al envoltorio tan mono con que la disfrazan, va contra los intereses de la inmensa mayoría y sólo favorece a Pizarro y a unos cuantos miles más de pizarros que tenemos en España.
Pero el hecho de que los socialistas, apremiados por la carrera electoral a cara de perro, hayan reaccionado de una manera poco ponderada, no oculta la cuestión de fondo. Hasta en la tierra de promisión del capitalismo salvaje, los Estados Unidos de América, las mentes más lúcidas claman contra esta voracidad de los altos directivos empresariales, cuyos sueldos multiplican por centenares o miles de veces los salarios de sus subordinados más modestos. El pasado 21 de Enero, el diario El País publicaba una información en la que aseguraba que "Pizarro cobró casi el triple que todo el Gobierno junto", y añadía que "el número dos de Rajoy se subió el sueldo un 44 por ciento en 2005 y un 43 por ciento en 2006". El aludido no sólo no lo ha desmentido ni ha dado síntomas de arrepentimiento. Al contrario, se ha defendido con la energía y combatividad propias de un cuatreño recién salido a la arena: "más dinero ganaron los accionistas de Endesa, gracias a mi gestión", ha dicho. Lo cual puede que sea cierto, pero más aún habrían ganado -o la electricidad podría haber sido un poco más barata- si él y otros cuantos como él se avinieran a tener unas retribuciones más acordes con el sentido común, ese que tanto defiende Don Mariano en sus discursos parlamentarios.
Según los datos que ofrecía El País, Manuel Pizarro cobró en 2006 3,7 millones de euros. Si tenemos en cuenta que estuvo cuatro años al frente de Endesa y le calculamos una indemnización de acuerdo con lo que dice la Ley para los despidos improcedentes (45 días por año trabajado), le habría correspondido la cantidad equivalente a 180 días de salario, es decir, no más de 1,8 millones. Ese es el cálculo que se les hace a quienes se ganan calladamente la vida leyendo los contadores por las casas o a los electricistas que se juegan el tipo para resolver en tiempo récord los apagones. Pero Pizarro, con el beneplácito de un Consejo de Administración amarrado al pesebre y de unos accionistas sin tiempo para la letra pequeña, se multiplicó por siete u ocho veces la indemnización que le habría correspondido, de acuerdo con esa igualdad de todos los españoles que tanto va a defender en los mítines. ¿Hay algo ilegal en ello? Hasta donde sabemos, no. ¿Hay algo inmoral y putrefacto? Evidentemente, sí. ¿Por qué? Pues porque el antiguo presidente de la Bolsa de Madrid no se ha ganado ese dinero con el sudor de su frente, sino por todo el "morrazo" de su cara bonita. Y el hecho de que los accionistas, en este y en otros muchos casos similares, no digan esta boca es mía sólo demuestra una cosa: que la democracia no ha llegado al interior de las empresas; y los tiburones del capitalismo las toman al asalto para luego irse a casa, o a la política, con el riñón bien forrado. En este sentido, podría decirse que Pizarro es un magnífico representante de esos españoles que tanto le gustan a José María Aznar: sin complejos, patriotas, y convencidos de la conveniencia de hacer primero una buena carrera profesional para disponer después de la máxima autonomía en el salto a la actividad política. Por eso se apresuró a firmarle el aval para que entrase por la puerta grande en el PP.
Decíamos, pese a todo, que los socialistas caen en la hipocresía con sus aceradas críticas a Pizarro. ¿Por qué? Pues porque antes de que ocurriera este episodio hemos visto en los medios de comunicación informaciones muy detalladas sobre el contraste tan hiriente entre la asuteridad a rajatabla que se predica y se aplica a los ciudadanos de a pié y la liberalidad con que se tratan a sí mismos los elegidos. Es cierto que resulta muy problemático -seguramente es imposible- fijar un techo legal para las retribuciones de los altos ejecutivos. Pero, en este terreno de la legalidad, tamaños despropósitos podrían combatirse adoptando las adecuadas medidas fiscales. Y también podría promoverse una fuerte sanción moral, denunciando ante la opinión pública los casos más escandalosos, como se hace sistemáticamente con los servidores públicos que se preocupan más por sus bolsillos que por el bienestar de los ciudadanos.
En Mayo de 2005, el Pleno del Congreso de los Diputados, aprobó una resolución en la que se apoyaba o respaldaba el diálogo del Gobierno con la banda terrorista ETA en determinadas circunstancias. Aquella resolución, que ni reunía fuerza de ley ni obligaba para nada al Gobierno de ZP, ha tenido sin embargo una enorme repercusión mediática y política a lo largo de toda la Octava Legislatura. ¿Por qué no ha promovido los socialistas, con su holgada mayoría, una resolución que condenase y censurase con la mayor contundencia los comportamientos más abusivos e injustificados de nuestros altos directivos? Esa es su responsabilidad. Si tan sincero es su rechazo de esos comportamientos, que promuevan esa resolución en la próxima legislatura. Si no lo hacen, si no ponen en la picota mediática a quien se lo merezca, tendremos que pensar que sus ácidas críticas contra la nueva estrella ascendente en el PP son sólo una muestra de la palabrería propia de los charlatanes.
Salud y buena suerte a todos. Y. G.

viernes, 18 de enero de 2008

LAS AUTORIDADES SE TOMAN EN SERIO LA AMENAZA DE LAS PALOMAS

Queridos convecinos de la "Blogosfera", por fin una noticia reconfortante. Resulta que mis continuas quejas y alusiones al problema que representa la superpoblación de palomas no eran una predicación en el desierto. Junto a estas líneas aporto la prueba de que el asunto va abriéndose paso en las altas esferas. La encontré por mera casualidad, mientras hacía una navegación por las ediciones digitales de los periódicos. Estaba en la portada y en la página 6 de Diario de Alcalá, con este contundente titular: 3.300 palomas liquidadas desde el mes de noviembre. El reportaje, escrito por la redactora Desirée Santos, contaba también que el objetivo de la Concejalía de Medio Ambiente es capturar otras 20.000 más para "aplicarles la eutanasia" y reducir la población total de estas aves a 5.000 ejemplares. Por su innegable interés, os ofrezco aquí un resumen del mismo.

El Consistorio gana poco a poco la batalla a las palomas. Desde que el pasado mes de noviembre se pusiera en marcha un nuevo plan para reducir esta plaga que deteriora el Patrimonio y ensucia las calles de la ciudad, se ha conseguido atrapar más de 3.300 ejemplares mediante jaulas y redes distribuidas en 14 zonas. La meta es reducir su población a 5.000 aves.
Para conseguir reducir la población de las llamadas "ratas voladoras", el Consistorio realizó un estudio de las zonas más afectadas por el índice de estas aves, al que se han añadido los avisos de los propios vecinos. Para conseguir atraparlas se están utilizando redes y cuatro tipos distintos de jaulas trampa en las que se colocan disintos cebos. Asimismo, se contará con la ayuda de palomos ladrones, los cuales son hábilmente adiestrados para que llamen o conquisten a las palomas y atraerlas a las jaulas.
Tras la captura, las aves son trasladadas en cinco vehículos municipales a un núcleo zoológico de Camarma de Esteruelas, donde la empresa adjudicataria del servicio se hace cargo de los ejemplares capturados. Una parte de los mismos son trasladados a un centro de repoblación de especies, tras la correspondiente revisión veterinaria, y con el resto se lleva a cabo una eutanasia con campana de CO2.
La excesiva población de palomas no sólo afecta al Patrimonio de la ciudad. También al día a día de los alcalaínos, que tienen que sufrir sus estragos tanto en las fachadas de sus edificios como en las bajantes de agua, donde estas aves sueles hacer sus nidos, lo que provoca la obstrucción y desbordamiento cuando llegan las lluvias.
Bueno, queridos "Blogueros", supongo que eso de la "eutanasia" - que no sé si la palabra es aplicable a los animales o debería reservarse sólo para los humanos- es un eufemismo para decir lo mismo que se decía con más contundencia y claridad en el tiular de la portada: que los ejemplares capturados son liquidados y punto. El reportaje se completaba con algunos otros datos interesantes, como la forma de vida de las palomas, las enfermedades que pueden transmitir y el daño que sus excrementos causan en monumentos, edificios públicos y casas privadas. Hay que tener en cuenta que la ciudad de Alcalá de Henares, patria chica de Miguel de Cervantes, y situada a 30 kilómetros al este de la capital de España, fue declarada Patrimonio de la Humanidad hace una decena de años.
Creo que la iniciativa de las autoridades locales de la villa complutense es digna de elogio y espero que sea imitada en otros muchos lugares. Como dice el refrán popular, lo poco agrada y lo mucho enfada. Y resulta muy penoso ver los aleros de los edificios invadidos por estas aves, las aceras cubiertas por sus excrementos y manos no inocentes, sino ignorantes, dedicándose a alimentarlas en los parques. Por otra parte, como aconseja la estrategia militar más aquilatada, no es bueno combatir en varios frentes al mismo tiempo. Así que, cuando ganemos nuestra guerra contra las palomas, iniciaremos la ofensiva contra las cacas de perro y sus maleducados dueños. Salud y buena suerte a totos.
Yago Gardel




miércoles, 16 de enero de 2008

RUÍZ GALLARDÓN PRUEBA OTRA VEZ EL AMARGO SABOR DE LA DERROTA

La noticia me ha impactado mientras preparaba el primer café del día: al final Mariano Rajoy ha cedido a las presiones del ala más dura de su partido y ha excluído al Alcalde de Madrid de las candidaturas del PP. Mientras saboreo el café y contemplo este cielo gris, como de panza de burro, que nos ha salido hoy, trato de imaginar el dolor y la humillación -quizá también las ganas de matar a alguien- de Alberto Ruíz Gallardón en esa reunión de la planta séptima en la sede de la calle Génova. ¿Qué se dijeron? ¿Cómo se miraron? ¿Alguien tuvo la presencia de ánimo necesaria para hacer un comentario que al menos provocara un mueca parecida a una sonrisa? Tendremos que esperar a que nos lo cuenten en sus memorias, pero ese encuentro, con Rajoy flanqueado - ¿o habría que decir más bien secuestrado?- por Acebes y Aguirre; y con Ruíz Gallardón al otro lado de la mesa, como un justiciable a la espera del veredicto, constituye una acabada representación de la cara más innoble de la política. Es esa cara en que las ideas, las propuestas, las iniciativas para mejorar la vida de la gente quedan orilladas por completo y los esfuerzos de los contendientes se centran sólo en una lucha desesperada por la supervivencia, un forcejeo por los puestos en el que el triunfo de uno implica, al parecer, la liquidación del adversario.
Todos sabíamos, creo yo, que el destino de Ruíz Gallardón a largo plazo estaba sellado, en el sentido de que, pasara lo que pasara el 9 de Marzo y fuera cual fuera el futuro de Rajoy, nunca conseguiría convertirse en el líder de los populares. No sólo por los poderosísimos enemigos que se ha ido creando en el interior del partido, sino porque su pensamiento, su práctica política, su talante y su perfil personal no encajan con el perfil político y sociológico del PP. El Alcalde de la capital podría haber hecho un gran papel como parlamentario - eso que no nos perdemos los aficionados al debate político-, pero nunca habría llegado a estar en condiciones de aspirar, con ciertas posibilidades de éxito, a la sucesión de Rajoy. Eso lo sabíamos, aunque él seguramente seguía alimentando la débil llama de una esperanza que se ha apagado definitivamente en la noche de ayer.
Lo que no sabíamos es hasta dónde llega la profundidad insondable del odio, del ensañamiento sádico con el vencido. Con razón se dice a veces que en la política hay amigos, adversarios, enemigos y compañeros de partido. Esperanza Aguirre, la gran triunfadora de la cita a muerte en el O. K. Corral de Génova, tenía noqueado a Ruíz Gallardón desde que se hizo con la presidencia del PP de Madrid. Recuérdese que el Alcalde, en otra maniobra desesperada que resultó catastrófica para sus intereses, intentó disputarle el puesto mediante candidato interpuesto y hubo de abandonar el campo de batalla antes de que ésta llegara a entablarse. ¿Tanto trabajo le costaba dar su placet para que el Regidor municipal ocupara un puesto digno en la candidatura de Madrid? Después del fichaje de Manuel Pizarro, y de otros condicionantes como la obligada inclusión de mujeres y del portavoz Zaplana, está claro que ese puesto no habría sido de campanillas, sino más bien una cosa discreta que permitiera a todos salvar la cara y la paz interna. Pero Aguirre, aliada con Acebes y con el sector más derechista del partido, ha optado por la política de tierra quemada. Ya que no practica la cristiana virtud de la misericordia, esta liberal a machamartillo podía leer más los discursos de los padres del liberalismo. Por ejemplo, el discurso del gran Abraham Lincoln después de la batalla de Gettysburg.
A Mariano Rajoy lo primero que puede reprochársele es que haya dejado crecer la sensación de que diría sí al Alcalde, para luego quitarle la miel de los labios de una manera tan abrupta. Su decisión es comentada en términos muy elogiosos por el diario El Mundo, que en su editorial del día asegura que "ambas resoluciones -excluir a Rúiz Gallardón y fichar a Pizarro- muestran a un Rajoy seguro de sí mismo, que lanza un mensaje nítido a la sociedad y a su partido: se ve capaz de ganar las elecciones con sus armas, sin necesidad de que nadie le centre, ni a él ni al PP". El diario El País, por el contrario, acusa a Rajoy de cobardía frente a la derecha más radical, de dentro y de fuera de la formación que dirige. Tras esta renuncia a contar con el principal activo electoral del PP en la capital de España - prosigue El País- "será difícil convencer a los electores de que quien no ha podido imponerse dentro de su partido tiene autoridad para hacerlo como presidente del Gobierno". El diario que dirige Javier Moreno termina señalando que el 15 de Enero puede quedar como la fecha en que Mariano Rajoy sentenció su propia carrera política. En realidad, yo que creo que, incluso antes de este episodio, era bastante fácil adivinar lo que va a pasar después del 9 de Marzo: si el PP no gana, Rajoy no seguirá como líder.
¿Y qué hará el gran derrotado de la noche? Los periódicos dan por seguro que dimitirá de la Alcaldía y se retirará de la política. Si yo pudiera aconsejarle, le pediría que no hiciera eso, aun en el supuesto de que sea cierta su voluntad de abandonar la vida política. Es todavía muy joven y tendrá tiempo de dedicarse a otras cosas, aunque yo no me lo imagino ejerciendo de Fiscal, que es la oposición que aprobó en su día y la profesión que nunca llegó a ejercer. Le recordaría el respeto que uno se debe a sí mismo y a los ciudadanos que le han elegido para una determinada tarea. Y le haría ver que no hay honor más grande que el de ser elegido por tus convencinos para regir los destinos de la ciudad en que vives; y más aún cuando esa ciudad es la Capital de tu país.
Uno de mis compañeros de correrías senderistas suele decir que el camino hacia la felicidad consiste no en tener, sino en no desear. Y quizá el gran error de Ruíz Gallardón ha sido el exceso en los deseos, lo desmedido de sus ambiciones.¿Pero cómo sentirse vivo sin ambiciones? Para esa pregunta no tengo respuesta, pero sí creo que el Alcalde tenía que haber sido más prudente, tendría que haber sabido embridarse a sí mismo, y no haber ido por ahí proclamando su meta final de una manera tan desmesurada y transparente. Salud y buena suerte a todos.
Yago Gardel

domingo, 13 de enero de 2008

ÉTICA Y ESTÉTICA: CONVERSACIÓN EN EL PARQUE PARA MAYORES

La mañana había salido muy propia de esos días mesetarios que tanto me gustan: fría sin exceso, con un cielo azul sin rastro de nubes y un aire en calma; aire cuya afilada transparencia parecer recortar, con la precisión de un bisturí, los contornos de cuanto uno puede ver hasta la línea del horizonte. Imposible resistirse a la llamada del Parque. Así que, en cuanto hube despachado las ineludibles tareas domésticas, eché al zurrón "La Montaña Mágica" y salí de casa a buscar la felicidad en los rayos del sol y las aventuras de Hans Castorp en el sanatorio para tuberculosos.
Al poco de acomodarme en uno de mis bancos favoritos, lamenté no ser agente de la autoridad para afearles su conducta a un grupo de jubilados que mataban el tiempo cebando con migas de pan a una bandada de palomas glotonas. Por suerte, pude recuperar el buen ánimo en seguida, porque apareció una pareja de vecinas con intención de ejercitarse en los aparatos gimnásticos. Las encontré de muy buen ver, pese a ir embutidas en sus chándales de vivos colores y sin ninguna clase de maquillaje o afeites. Está claro que ya sólo tengo ojos para la belleza de las de más de cuarenta. Con el mayor disimulo, saqué del zurrón mi cuaderno de apuntes. La conversación me llegaba mezclada con los jadeos provocados por el exigente manejo de las máquinas.

-Qué gustazo desentumecer los músculos en una mañana como esta.

- ¿Has visto al tipo ese, sentado ahí enfrente con un libro gordo?

- Ni me había dado cuenta. ¿Qué pasa con él ?

- No para de mirarnos; y ha sacado una libreta.

- ¿No para de mirarnos? Eso es que le gustamos. Y peor sería que hubiera sacado una pistola.

-Pero qué bestia eres. ¿Cómo va a sacar una pistola a plena luz del día? Pinta de atracador no tiene, aunque yo creo que sí de viejo verde.

-Bueno, tú ni caso; y sigue dándole a los pedales.

-No por mucho tiempo. Aún tengo que ir a hacer la compra antes de mediodía.

- No me hables de la compra que me pongo mala. Ayer fui al mercado y cada día que pasa encuentro las cosas más caras. Por mucho que quiera una estirar el dinero, se pasan canutas para llegar a fin de mes. No hay manera de ahorrar un euro.

- Ahora que dices de ahorrar. Me acuerdo de cuando llevaron a la tele, hace unas semanas, al Presidente de Andalucía. Era en el programa ese que llaman "Tengo una pregunta para usted". ¿ A que no sabes qué dijo?

- Ni idea.

- Pues dijo que sólo había conseguido ahorrar en su vida tres mil euros. Y se quedó tan fresco. Casi pegué un brinco en el sofá, como cuando Zapatero dijo aquello de los ochenta céntimos por un café.

- Bueno, no sé por qué ibas a pegar un brinco. Ya te digo que me parece imposible lo de ahorrar.

- Pero mujer, una cosa es que no podamos ahorrar nosotras y otra muy distinta que no pueda ahorrar un señor que tiene un sueldazo, con casa gratis, coche gratis y comida gratis. No me creo que sólo tenga tres mil euros en la cartilla. Lo habrá colocado en ladrillos, o en fincas, o se lo habrá llevado fuera de España, pero yo no me creo eso.

- Me parece recordar ahora que algo contó de que se lo había gastado todo en sus hijos.

- Bueno, sería posible que haya puesto todas las propiedades a nombre de sus hijos. Pero entonces que no venga presumiendo de austero. Porque a mí me parece poco menos que un insulto a la inteligencia del personal que un señor, que lleva casi un cuarto de siglo en ese cargo, venga con el cuento de que sólo ha podido ahorrar tres mil euros. Como dicen los chicos ahora, me parece que se pasó de frenada.

- ¿Tanto tiempo lleva ya de Presidente?

- Pues no creas que le faltará mucho. En fin, que no me parece bien que vayan a llenarse los bolsillos, pero tampoco que digan cosas que una no puede creérselas ni aun suponiendo que fueran verdad. Les falta un poquito de coherencia.

- Ahora va a haber elecciones. Lo mismo pierde.

- No tengo ni idea. Pero no creo que las elecciones sirvan para resolver estas cosas. Hablamos de Chaves, pero podríamos hablar de cualquier otro. Me recuerdan aquello que se decía antiguamente de los curas: "tú, hijo mío, haz lo que yo te diga, pero no hagas lo que yo haga".

- Sí, desde luego,qué verdad es eso de que no es lo mismo predicar que dar trigo. Porque el de Cataluña, que además me parece que es del mismo partido que el andaluz, también se lució. Y creo que fue en el mismo programa.

- ¿Y qué dijo?

- Que él es partidario de la escuela pública, pero que a sus hijos los lleva a una escuela privada.

- Si te digo la verdad, en cierto modo no me extraña, porque el hombre este es un emigrado de Andalucía. Y querrá que a los chicos les enseñen en castellano o en inglés, pero resulta que en los colegios públicos de Cataluña sólo enseñan en catalán.

-Pero es lo que decías tú antes de la coherencia. Si resulta que confías en la escuela pública, deberías enviar a tus hijos a la escuela pública, ¿no? Y por otro lado, si un chico vale para estudiar, no creo que haya tanta diferencia entre que lo lleven a un sitio u otro.

- No creas. Si va a una de esas escuelas con la mitad de las clases en español y la otra mitad en inglés, tendrá muchas más oportunidades que uno que sólo haya ido a clases en catalán o en castellano.

-Ya se me está yendo la fuerza por la boca. ¿ Qué te parece si damos otro paseo antes de volver a casa?

- Como quieras. Ahí se queda nuestro amigo, el de la libreta. Yo creo que ha estado escuchando todo lo que decíamos.

- ¿Y a nosotras qué nos importa? Este es un país libre, en el que cada uno dice lo que le parece.

Las ví alejarse, esplendorosas y felices, después de su ración matinal de ejercicio y vitamina E. Una paloma, de las que cebaban en la otra esquina del parque el grupo de incautos, pasó sobre mí en vuelo rasante. Su corrosivo excremento cayó, como una bomba de racimo, sobre las andanzas de Hans Castorp en el sanatorio de tuberculosos. El encanto de la mañana había quedado hecho trizas. Limpié el libro lo mejor que pude y decidí volver para casa, no sin antes soltar una buena retahíla de imprecaciones y reafirmarme en mi convicción de la urgente necesidad de un método para exterminar a estas ratas del aire, o cuando menos reducirlas a una dimensión más aceptable. Salud y buena suerte a todos.

Yago Gardel

martes, 8 de enero de 2008

HUELGAS EN LOS SERVICIOS PÚBLICOS: ¿QUIÉN PAGA LOS PLATOS ROTOS?


Por fin ha terminado la huelga de los servicios de limpieza del Metro madrileño, y las estaciones vuelven a tener un aspecto presentable. Pero durante tres largas semanas, coincidiendo además con las fiestas navideñas, los usuarios del Metro han tenido que soportar la compañía de montones de basura mientras efectuaban sus desplazamientos. Sin duda los trabajadores de las contratas de la limpieza tenían mucha razón en sus reivindicaciones, y en parte han sido atendidas en el acuerdo final. Sin embargo, lo que me resultó asombroso es que la basura, los desperdicios de todo tipo, estuvieran rebosando las papeleras e invadiendo todos los rincones de las estaciones a las pocas horas de declararse la huelga. Es evidente que alguien se dedicó a incrementar adrede la suciedad general en los andenes y en el resto de las dependencias para reforzar la presión sobre las empresas y las autoridades públicas de la región. Y hasta tal punto es evidente, que en el acuerdo firmado entre las partes en conflicto se incluyó una cláusula para la readmisión de los despedidos por dedicarse presuntamente a tan deplorable "tarea". El despido podía constituir una sanción excesiva a todas luces, pero la readmisión sin más también encierra el desalentador mensaje de que en futuras situaciones similares acabará ocurriendo otro tanto.
La huelga es un derecho esencial en una democracia. Si no hay derecho de huelga, no hay democracia. Y a lo largo de la historia ha sido el recurso más podereso al alcance de los trabajadores para mejorar sus condiciones de vida y de trabajo. Más seguridad en el empleo, más protección frente a la enfermedad, mejores salarios, jornadas más reducidas y, en definitiva, menos explotación: ese ha sido el norte que ha guiado siempre a los sindicalistas. Y así debe seguir siendo. Pero me parece que los propios trabajadores, y los sindicatos que los representan, deberían pensarlo mejor a la hora de convocar huelgas en el sector público, en los servicios públicos. Y no sólo a la hora de convocarlas, sino en la forma de llevarlas a cabo. Porque en estos sectores, que en última instancia dependen de los Presupuestos que sufragamos entre todos, el viejo concepto de la explotación ya no funciona; aquí ya no estamos ante un empresario que se "apropia" individualmente de la plusvalía, sino que son los ciudadanos en su conjunto los "patronos" de estos trabajadores y los que sufren las consecuencias cuando se produce un cese de actividad.
Esa reflexión que yo reclamo se me antoja tanto más urgente cuanto que la tendencia observable desde hace tiempo en el sindicalismo del sector público es la de tomar a los ciudadanos como "rehenes". Se convocan paros en los transportes cuando se acerca la Semana Santa o las vaciones de verano, se llenan las calles, o las estaciones del Metro, de basura y se suspenden las operaciones programadas, agravando la angustia de quienes sufren las listas de espera. Ese sindicalismo, si sus dirigentes no tienen cuidado, puede acabar defendiendo no unas mejoras que nos lleven hacia una sociedad más justa, sino los privilegios de ciertos sectores frente al conjunto de la ciudadanía. Y no quiero decir con esto que los empleados de las contratas de limpieza sean unos privilegiados, ni mucho menos. Y repito además que la mayoría de sus reivindicaciones eran completamente justas, pero a lo mejor podrían haber llevado a cabo su huelga sin causar tantas molestias a los usuarios.

CONTENEDORES VACÍOS Y LA BASURA EN EL SUELO
Por otra parte, esa acelerada acumulación de basuras plantea un serio interrogante sobre el civismo que observamos en nuestra vida cotidiana. Porque si sabemos que hay huelga, deberíamos extremar nuestra precaución para no arrojar desperdiciós allí donde sabemos que nadie los va a limpiar. La última de las fotografías que acompañan a este artículo está tomada en mi barrio al día siguiente de la venida de los Reyes Magos. Los vecinos saben, o deberían saber, que los trabajadores de la recogida de basuras no echan al camión nada que esté fuera de los contenedores: ese es un derecho que han conseguido en pasadas negociaciones, junto con el manejo de camiones dotados con brazos mecánicos, de modo que su contacto físico con los desperdicios es mínimo y la salubridad de su trabajo mucho mayor. Los vecinos deberían saberlo, insisto, y volverse a casa con sus cajitas y sus bolsitas si encuentran el contendor lleno: no pasa nada por tirar la basura al día siguiente. Pues no señor, la tiran al suelo y ahí se queda días y días hasta que el Ayuntamiento , o la Junta Municipal del Distrito, envía una brigada especial a resolver el desaguisado.

Como se ve, a todos nos queda mucho por aprender en el camino hacia un comportamiento más respetuoso con los demás, pero no sé si estas cosas se enseñan en esa asignatura de Educación para la Ciudadanía que tanto ha cabreado a los obispos y de la que tan orgullosos están el Gobierno y sus partidarios. Salud y buena suerte a todos.
Yago Gardel




jueves, 3 de enero de 2008

LOS OBISPOS ESPAÑOLES EN CAMPAÑA CONTRA ZP

La aldea remota iba quedándose sin familias - años sesenta de la pasada centuria - casi de un día para otro. Los jóvenes eran la vanguardia de aquel éxodo imparable hacia el taxi, la barra del bar, la cadena de montaje y la chabola. Muchos años después leería yo algunas explicaciones sobre las razones económicas y sociales que hicieron de la España agraria un país industrial. Pero entonces no habíamos llegado aún a los 25 Años de Paz, tan celebrados por el régimen franquista, y la única razón que pudieron captar mis oídos infantiles era que con el nuevo cura había llegado al pueblo la prohibición de hacer baile los fines de semana en el Salón. El Salón era un espacio público perteneciente al Ayuntamiento, donde fue instalada por cierto la primera tlevisión que llegó a la aldea, y que los viejos llamaban La Barbería, porque allí era donde se instalaba el peluquero ambulante que les prestaba sus servicios una vez por semana.
Recordaba yo esta pequeña anécdota de Don Gerardo - que así se llamaba el nuevo sacerdote enviado por el Obispado - y su aversión por el baile, mientras leía las informaciones sobre la gran manifestación celebrada el domingo día 30 de Diciembre en la plaza de Colón, de Madrid. El lema de la concentración era "Por la familia cristiana", pero la conclusión a la que llegué después de leer las cróncias es que la jerarquía católica - por lo menos el sector dominante de la misma - lo que quiere es prohibirnos el baile. O que bailemos al son que ellos toquen. Es una actitud autoritaria que llevan inscrita en los genes, porque se sienten dueños de la verdad suprema e indiscutible, y esa certidumbre les llevó en el pasado a proclamar un mensaje que merece un lugar de honor en la historia del desvarío humano: fuera de la Iglesia Católica no hay salvación posible.
Hoy en día nadie se atreve a discutir que las creencias religiosas, además de ser un derecho inalienable, pertenecen al ámbito privado, a la propia conciencia del creyente, mientras que la política pertenece a la esfera pública, nos afecta a todos, creyentes y no creyentes, porque mediante el ejercicio de la política decidimos las normas de convivencia en una sociedad libre y democrática. Pero los dirigentes de la Iglesia Católica, y más aún tras el magisterio inigualable de Juan Pablo II, siguen mezclando política y religión. A pesar de que su fundador dejó dicho con toda claridad que "su reino no era de este mundo" y que "había que dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios", los mandamases del catolicismo no han hecho otra cosa que pelear por ser los amos y señores de este mundo desde que el cristianismo fue proclamdo como la religión oficial del Estado Romano. Allá donde han podido, aliados con el poder terrenal, han prohibido la libertad de pensamiento y de conciencia, han quemado vivos a los disidentes, han frenado los avances sociales, han rechazado la democracia y han apoyado y alentado dictaduras sangrientas. En buena parte podría decirse que la historia de la civilización occidental es la historia de la larga marcha de los seres humanos hacia la liberación del oscurantismo opresor ejercido por la Iglesia Católica y sus jerarcas. Las sociedades musulmanas actuales sufren las consecuencias del mismo integrismo nefasto - no se puede construir una sociedad sin Dios, o sin Alá, nos gritan desde los púlpitos y los minaretes - que nuestras sociedades sufrieron en el pasado, y así les va a ellos y nos va a todos.
Hacen bien los socialistas en salir al paso de las mentiras y las exageraciones que los monseñores lanzaron al viento desde la Tribuna montada en la Plaza de Colón. Y seguramente lleva razón José Blanco cuando dice que los Obispos deberían rectificar o presentarse a las Elecciones. A lo mejor se llevaban una buena lección, porque, según los datos conocidos, el porcentaje de contribuyentes que marca la casilla del IRPF a favor de la Iglesia es inferior al porcentaje de ciudadanos que se declaran católicos practicantes: Esto significa que provocan rechazo incluso entre sus propios fieles.
¿Qué quiso decir el cardenal de Valencia, Agustín García-Gasco, cuando aseguró que la cultura del laicismo radical nos lleva a la disolución de la democracia? ¿Que tenemos que derogar nuestra actual Constitución y volver al Estado confesional? ¿O que las democracias que le gustan a él son las que había en la España de Franco o en el Chile de Pinochét? ¿Y qué quiso decir el cardenal de Madrid, Antonio María Rouco Varela, cuando aseguró que el ordenamiento jurídico en España ha dado marcha atrás con respecto a lo que reconocía la Declaración Universal de Derechos Humanos sobre la familia como núcleo fundamental de la sociedad? A lo mejor no quiso decir nada y era sólo una frase mitinera más en su irresistible carrera hacia la Presidencia de la Conferencia Episcopal. Porque si algo puede decirse, en este terreno, del Gobierno de Rodríguez Zapatero es que ha promovido una legislación en favor de la familia: ahí están los 2.500 euros por cada nuevo hijo, el derecho de los hombres a disfrutar un permiso de paternidad, la ampliación del derecho de maternidad, la supresión de la figura del "culpable" en los procesos de divorcio, la ley de ayuda a las personas dependientes y la extensión a los homosexuales del derecho a formar una familia.
Los obispos y su intransigencia me recuerdan a los nacionalistas: son insaciables por principios. Cada acuerdo que consiguen, cada concesión que arrancan, nunca lo interpretan como una meta, sino como un campamento base en el que refugiarse para reponer fuerzas y planificar nuevas escaladas reivindicativas. Ahora tienen la vista puesta en la cita del 9 de Marzo. Salud, libertad y buena suerte a todos.

Yago Gardel