La mañana había salido muy propia de esos días mesetarios que tanto me gustan: fría sin exceso, con un cielo azul sin rastro de nubes y un aire en calma; aire cuya afilada transparencia parecer recortar, con la precisión de un bisturí, los contornos de cuanto uno puede ver hasta la línea del horizonte. Imposible resistirse a la llamada del Parque. Así que, en cuanto hube despachado las ineludibles tareas domésticas, eché al zurrón "La Montaña Mágica" y salí de casa a buscar la felicidad en los rayos del sol y las aventuras de Hans Castorp en el sanatorio para tuberculosos.
Al poco de acomodarme en uno de mis bancos favoritos, lamenté no ser agente de la autoridad para afearles su conducta a un grupo de jubilados que mataban el tiempo cebando con migas de pan a una bandada de palomas glotonas. Por suerte, pude recuperar el buen ánimo en seguida, porque apareció una pareja de vecinas con intención de ejercitarse en los aparatos gimnásticos. Las encontré de muy buen ver, pese a ir embutidas en sus chándales de vivos colores y sin ninguna clase de maquillaje o afeites. Está claro que ya sólo tengo ojos para la belleza de las de más de cuarenta. Con el mayor disimulo, saqué del zurrón mi cuaderno de apuntes. La conversación me llegaba mezclada con los jadeos provocados por el exigente manejo de las máquinas.
-Qué gustazo desentumecer los músculos en una mañana como esta.
- ¿Has visto al tipo ese, sentado ahí enfrente con un libro gordo?
- Ni me había dado cuenta. ¿Qué pasa con él ?
- No para de mirarnos; y ha sacado una libreta.
- ¿No para de mirarnos? Eso es que le gustamos. Y peor sería que hubiera sacado una pistola.
-Pero qué bestia eres. ¿Cómo va a sacar una pistola a plena luz del día? Pinta de atracador no tiene, aunque yo creo que sí de viejo verde.
-Bueno, tú ni caso; y sigue dándole a los pedales.
-No por mucho tiempo. Aún tengo que ir a hacer la compra antes de mediodía.
- No me hables de la compra que me pongo mala. Ayer fui al mercado y cada día que pasa encuentro las cosas más caras. Por mucho que quiera una estirar el dinero, se pasan canutas para llegar a fin de mes. No hay manera de ahorrar un euro.
- Ahora que dices de ahorrar. Me acuerdo de cuando llevaron a la tele, hace unas semanas, al Presidente de Andalucía. Era en el programa ese que llaman "Tengo una pregunta para usted". ¿ A que no sabes qué dijo?
- Ni idea.
- Pues dijo que sólo había conseguido ahorrar en su vida tres mil euros. Y se quedó tan fresco. Casi pegué un brinco en el sofá, como cuando Zapatero dijo aquello de los ochenta céntimos por un café.
- Bueno, no sé por qué ibas a pegar un brinco. Ya te digo que me parece imposible lo de ahorrar.
- Pero mujer, una cosa es que no podamos ahorrar nosotras y otra muy distinta que no pueda ahorrar un señor que tiene un sueldazo, con casa gratis, coche gratis y comida gratis. No me creo que sólo tenga tres mil euros en la cartilla. Lo habrá colocado en ladrillos, o en fincas, o se lo habrá llevado fuera de España, pero yo no me creo eso.
- Me parece recordar ahora que algo contó de que se lo había gastado todo en sus hijos.
- Bueno, sería posible que haya puesto todas las propiedades a nombre de sus hijos. Pero entonces que no venga presumiendo de austero. Porque a mí me parece poco menos que un insulto a la inteligencia del personal que un señor, que lleva casi un cuarto de siglo en ese cargo, venga con el cuento de que sólo ha podido ahorrar tres mil euros. Como dicen los chicos ahora, me parece que se pasó de frenada.
- ¿Tanto tiempo lleva ya de Presidente?
- Pues no creas que le faltará mucho. En fin, que no me parece bien que vayan a llenarse los bolsillos, pero tampoco que digan cosas que una no puede creérselas ni aun suponiendo que fueran verdad. Les falta un poquito de coherencia.
- Ahora va a haber elecciones. Lo mismo pierde.
- No tengo ni idea. Pero no creo que las elecciones sirvan para resolver estas cosas. Hablamos de Chaves, pero podríamos hablar de cualquier otro. Me recuerdan aquello que se decía antiguamente de los curas: "tú, hijo mío, haz lo que yo te diga, pero no hagas lo que yo haga".
- Sí, desde luego,qué verdad es eso de que no es lo mismo predicar que dar trigo. Porque el de Cataluña, que además me parece que es del mismo partido que el andaluz, también se lució. Y creo que fue en el mismo programa.
- ¿Y qué dijo?
- Que él es partidario de la escuela pública, pero que a sus hijos los lleva a una escuela privada.
- Si te digo la verdad, en cierto modo no me extraña, porque el hombre este es un emigrado de Andalucía. Y querrá que a los chicos les enseñen en castellano o en inglés, pero resulta que en los colegios públicos de Cataluña sólo enseñan en catalán.
-Pero es lo que decías tú antes de la coherencia. Si resulta que confías en la escuela pública, deberías enviar a tus hijos a la escuela pública, ¿no? Y por otro lado, si un chico vale para estudiar, no creo que haya tanta diferencia entre que lo lleven a un sitio u otro.
- No creas. Si va a una de esas escuelas con la mitad de las clases en español y la otra mitad en inglés, tendrá muchas más oportunidades que uno que sólo haya ido a clases en catalán o en castellano.
-Ya se me está yendo la fuerza por la boca. ¿ Qué te parece si damos otro paseo antes de volver a casa?
- Como quieras. Ahí se queda nuestro amigo, el de la libreta. Yo creo que ha estado escuchando todo lo que decíamos.
- ¿Y a nosotras qué nos importa? Este es un país libre, en el que cada uno dice lo que le parece.
Las ví alejarse, esplendorosas y felices, después de su ración matinal de ejercicio y vitamina E. Una paloma, de las que cebaban en la otra esquina del parque el grupo de incautos, pasó sobre mí en vuelo rasante. Su corrosivo excremento cayó, como una bomba de racimo, sobre las andanzas de Hans Castorp en el sanatorio de tuberculosos. El encanto de la mañana había quedado hecho trizas. Limpié el libro lo mejor que pude y decidí volver para casa, no sin antes soltar una buena retahíla de imprecaciones y reafirmarme en mi convicción de la urgente necesidad de un método para exterminar a estas ratas del aire, o cuando menos reducirlas a una dimensión más aceptable. Salud y buena suerte a todos.
Yago Gardel
BIEN HALLADOS
Hace 16 años
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