Uno de los curas que nos daban clase en los años del Bachillerato (estoy hablando casi de la prehistoria) solía alardear de su valor para ducharse con agua fría en lo más duro del duro invierno castellano. Nos hablaba de los muchos beneficios físicos y morales que podían conseguirse con esa práctica heróica y hasta nos ponía ejemplos de algunos atletas que habían descubierto el método de revolcarse desnudos en la nieve para endurecer sus músculos y lograr así más victorias y mejores marcas.
A pesar de toda la prédica de aquel buen cristiano, a mí siempre me gustaron más las duchas calentitas, qué quieren que les diga, queridos amigos de la "blogosfera". Pero lo que nos han ofrecido los mercados financieros en la semana que se acaba es una sucesión de duchas frías y calientes, o sea, la ducha escocesa, que al parecer es muy recomendable para la circulación de la sangre pero de efectos demoledores para la moral de los inversores.
La sema comenzó con una tendencia clara a la recogida de beneficios, según la expresión que emplean los cronistas de bolsa. Yo, hasta el día de hoy, sólo he recogido pérdidas en mi aventura inversora. El caso es que las bajadas del lunes y el martes se consideraron lógicas después del "subidón" del viernes de la semana pasada. Pero la inestabilidad y la incertidumbre, continuaron el miércoles, por las dificultades que estaba encontrando la Administración Bush para aprobar su plan de rescate en el Congreso norteamericano. El jueves llegó la noticia, quizá un tanto precipitada, de que el acuerdo entre los legisladores demócratas y republicanos y los responsables del Tesoro y la Reserva Federal estaba hecho, y los índices se animaron mucho. Por ejemplo, nuestro Ibex35 subió más de un tres por ciento. Pero el viernes llegó de nuevo el ciclo frío de la ducha escocesa, porque se vio que lo de aprobar el plan de rescate va a ser más difícil de lo que se esperaba.
A pesar del desánimo en las cotizaciones, me enterneció mucho la noticia de que Henry Paulson, el arrogante Secretario del Tesoro al que se atribuyen poderes omnímodos en el Plan de Rescate, se había arrodillado ante la portavoz demócrta para pedirle que no criticaran en público a los republicanos para no poner en peligro el acuerdo. Nancy Pelosi, que ya no está en edad de soñar con príncipes azules, no se ablandó lo que se dice nada: "no sabía que fueras católico", le dijo displicentemente al antiguo jefazo de Golman Sachs.
Después de todos los vaivenes de la semana, el Ibex35 ha cerrado en el 11.387,90, lo que supone un retroceso de 170 puntos con respecto al cierre de la semana anterior, es decir, un 1,40 por ciento menos. No está tan mal, si tenemos en cuenta los tintes dramáticos con los que a veces se cuentan las cosas. Los diez mil euros de la inversión inicial son ahora unos 9.600. No me parece una pérdida demasiado grande, si es verdad, como dicen los periódicos, que hemos estado al borde del precipicio. Vamos a ver qué pasa el próximo lunes, en caso de que el acuerdo por el que se arrodilla la Administración Bush no se haya conseguido a lo largo del fin de semana. Hasta entonces, salud y buen suerte a todos. Y.G.
sábado, 27 de septiembre de 2008
DIARIO DE UN INVERSOR NOVEL: LA DUCHA ESCOCESA
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Yago Gardel
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sábado, 20 de septiembre de 2008
DIARIO DE UN INVERSOR NOVEL: ATRAPADOS POR LA PALANCA
Por fin conseguí hacerme el encontradizo con mi vecina la financiera mientras se empleaba a fondo en la máquina de endurecer los glúteos. Intercambiamos un saludo protocolario y algunas palabras acerca de los muchos beneficios esperables del ejercicio físico al aire libre. Pero eran otros los beneficios de los que yo quería hablarle y enseguida le pregunté qué opinaba de la montaña rusa que estaban experimentando los mercados bursátiles. "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo", dijo ella por toda respuesta.
Me quedé muy perplejo y no quise seguir preguntando por miedo a molestarla. Al principio pensé que podía referirse al plan anunciado por la Administración norteamericana para tratar de devolver la serenidad y la confianza a los mercados financieros. Lo más destacado de este plan es la creación de una agencia gubernamental que se hará cargo de los bonos intoxicados por las "hipotecas locas". Un plan que tendrá un alto coste para el erario público, pero que trata de evitar un colapso de todo el sistema bancario y, por ende, de la actividad económica, lo cual acarrearía unos costes aún peores. La creación de esa agencia -pensé- es la palanca a la que se refiere mi vecina, pues su sólo anuncio por parte del Presidente Bush y los máximos responsables de la Reserva Federal y del Tesoro ha servido para dar un impulso casi estratosférico a los índices bursátiles de todo el mundo.
Luego pensé que mi vecina podía referirse al problema del apalancamiento, que al parecer está en el origen de las enormes turbulencias que hemos vivido en estos días de Septiembre. ¿Qué es el apalancamiento? He consultado en una enciclopedia que tengo en casa y dice que apalancar es "levantar o mover alguna cosa con palanca", pero también puede ser "conseguir algo, con astucia o por medios ilícitos". Creo que esta segunda acepción se ajusta más al apalancamiento que habían cometido las entidades bancarias que manipularon las llamadas "hipotecas basura". En resumidas cuentas, se trata de conseguir mucho con poco: se emite una gran cantidad de deuda respaldada no por el capital propio de la entidad, sino por el valor de las casas hipotecadas, en el convencimiento de que dicho valor se mantendrá alto o seguirá subiendo. Pero lo que ha pasado es justamente lo contrario y de ahí la catástrofe en cadena.
Después del final eufórico de una semana que comenzó con las perspectivas más sombrías, el Ibex-35 ha cerrado en los 11.557, 90 puntos, lo que significa una ganancia de algo más de un uno por ciento respecto al cierre del viernes, día 12. Los diez mil euros iniciales son ahora unos 9.760, pero lógicamente me asalta la sospecha de que las subidas del viernes sean una más de las reacciones histéricas y un poco irracionales que estamos viendo en estos días. Supongo que difícilmente esa tendencia alcista podrá mantenerse el próximo lunes. Salud y buena suerte a todos. Y.G.
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martes, 16 de septiembre de 2008
DIARIO DE UN INVERSOR NOVEL: A PROPÓSITO DE HENRY (LEHMAN)
El Parque para Mayores, donde mis queridas vecinas luchan a brazo partido contra el exceso de calorías, no es ni siquiera un Central Park en pequeñito. Desde sus bancos al sol no es posible avizorar lo que pasa en los mercados financieros internacionales con igual clarividencia que desde las húmedas praderas del pulmón verde de la Gran Manzana. Abro el periódico y no salgo de mi desconcierto y, para colmo de males, sigo sin encontrar una ocasión propicia para recabar los sabios consejos de la vecina que parecía tener mucha experiencia en este mundo proceloso.
El caso es que, por lo que deduzco de lo leído en la prensa, los mismos que llevaron a Lehman Brothers a una cotización máxima de más de 85 dólares por acción, ahora la han llevado a arrastrarse por el cieno con un valor que no llega ni a 20 centavos por título. Lo que más de asombra, por mucho que me hablen de "hipotecas locas", es que entre una cifra y otra apenas hay un año de diferencia. ¿No resultan desproporcionadas tanto una cifra como la otra? ¿Quiénes son esos miles de individuos que integran ese cuerpo colectivo y anónimo que los periódicos denominan enigmáticamente "el mercado"? ¿Cómo puede ser que lo que "el mercado" valoraba hace un año en decenas de miles de millones dólares hoy tenga un valor equivalente a cero? ¿Es esto a lo que se refería Allan Greenspan cuando hablaba de la "exuberancia irracional de los mercados"? ¿Es cierto que los agentes del "mercado" tienden a comportarse como un rebaño?
Me hago todas estas preguntas después de haber aderezado mi desayuno con este titular de prensa: "La mayor quiebra de la historia pone en jaque al sistema bancario de Wall Street". Mientras apuraba el café he tocado madera para que el pánico no se extienda, porque, según he oído decir, todo el sistema financiero y bancario (no sólo el de Wall Street) se basa en una cosa muy etérea llamada confianza. Al parecer, si la confianza desapareciese y todos corriéramos a las oficinas bancarias a reclamar nuestro dinero, no habría fuerza humana capaz de evitar un cataclismo mundial. Espero que no ocurra nada de esto y me atengo al consejo de algún analista, según el cual es muy imprudente gritar ¡fuego! en un teatro abarrotado.
También trato de no perder la confianza en mi vecina la financiera, a qien oí decir en una soleada mañana que lo importante era "saber aguantar después de entrar". Pero me pregunto si seré capaz de seguir esa recomendación, si elegí el momento oportuno para entrar y si mis pequeños ahorros -tan laboriosamente acumulados- no se disolverán como un azucarillo en una taza de té. De momento, después del lunes negro y este martes gris, los diez mil euros iniciales se han encogido hasta poco más de nueve mil. Cuando fui a la oficina del banco y el asesor me preguntó si sabía lo que estaba haciendo, el Ibex-35 había llegado a los 11.850 puntos. El martes 16 de septiembre, después de moverse en el filo de la navaja, ha cerrado en los 10.911 puntos. Al parecer, los grandes banqueros se han confabulado para defender la cotización de sus títulos y esto se ha traducido en un pequeño avance del 0,11 por ciento. Salud y buena suerte a todos. Y.G.
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sábado, 13 de septiembre de 2008
DIARIO DE UN INVERSOR NOVEL: EL PETRÓLEO SALVA LA SEMANA
Bueno, esta segunda semana ha ido mucho mejor que la primera, aunque mis diez mil euros iniciales se han convertido en 9.640. Todavía es pronto, pues, para saber si me precipité al correr al banco para colocar mis ahorrillos en acciones.
La semana no pudo comenzar mejor, gracias a la acogida que tuvo en las bolsas la intervención del Gobierno norteamericano en las hipotecarias Fannie y Freddie. Pero ese ímpetu pareció quedarse luego en casi nada y al final el cierre de la semana ha venido acompañado de un nuevo impulso, al parecer motivado por el descenso de los precios del petróleo. También se conoció a lo largo de la semana el Índice de Precios al Consumo, pero ese 4,9 de tasa de inflación interanual no parece que haya tenido mucha influencia, ni para bien ni para mal. Y lo mismo ha ocurrido con el debate que hubo en el Parlamento sobre la crisis económica: al no haberse anunciado ninguna novedad relevante, los mercados tampoco tenían nada que valorar con sus órdenes de compra y de venta. El Ibex-35 cierra en 11.412 puntos, que son casi trescientos puntos más de los que tenía al cierre de la seamana anterior. Estoy expectante por ver si la recuperación continúa en la semana que viene. Salud y buena suerte a todos. Y.G.
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jueves, 11 de septiembre de 2008
DIARIO DE UN INVERSOR NOVEL: DEVANEOS CON FANNIE Y FREDDIE
El Parque para Mayores estaba muy desierto el lunes por la mañana, así que no tuve ocasión de abordar a mi vecina la financiera para preguntarle por Fannie y Freddie, que a mi me suenan a nuestras familiares Pili y Mili. El caso es que, según destacaron los medios de comunicación, los mercados de todo el mundo habían acogido muy favorablemente la intervención del Gobierno de los Estados Unidos en estos dos gigantes hipotecarios. La Bolsa española subió un 3,72 por ciento y yo abrigué esperanzas de que mis 9.400 euros volvieran a ser diez mil, pero tales esperanzas se vieron defraudadas en los días siguientes. Se conoce que la gente sigue con muchas ganas de vender, según leo en el comentario de bolsa del periódico que tengo entre las manos.
Como no pude recabar la docta opinión de mi vecina, durante los primeros días de la semana hice un esfuerzo para entender qué es lo que pasaba con Fannie y Freddie. Algunos dijeron que la Administración Bush se dedicaba a socializar las pérdidas, mientras que los beneficios, cuando los hubo en grandes cantidades, fueron a parar a manos privadas. Otros destacaban la importancia de esta actuación para devolver la confianza a los inversores y evitar un hipotético desplome o colapso del sistema financiero. Al parecer todo esto de la económia y de los bancos es una cuestión de confianza, una cuestión de fé, y cuando la confianza y la fé desparecen y todo el mundo corre a reclamar su dinero los bancos quiebran sin remedio. Bueno, esperemos que esto no sea el Apocalipsis y menos aún un agujero negro de esos que dicen que se pueden formar con el acelerador de partículas que han instalado en la frontera entre Francia y Suiza.
Lo que he llegado a entender es que Fannie y Freddie acaparaban la parte del león del negocio hipotecario en los Estados Unidos. Al bajar los precios de la vivienda, se encuentran con que las hipotecas contratadas están muy por debajo del valor de la casa que las respalda. Si ejecutan la hipoteca obtienen unos ingresos que no llegan ni de lejos al dinero que prestaron y de ahí esas pérdidas ( no sé si reales o implícitas ) a las que el Gobierno norteamericano ha hecho frente con su intervención. Lo que sí es real es que las acciones de Fannie y Freddie valen ahora un 95 por ciento menos de lo que valían antes de la crisis. Menudo susto. Con razón decía mi vecina -en la charla que le escuché antes de lanzarme a este mundo proceloso de la inversión- que "no es conveniente poner todos los huevos en la misma cesta".
Escribo estas líneas el jueves por la mañana, después del debate económico que tuvieron Rajoy y Rodríguez Zapatero y que no sé si habrá causado algún efecto beneficioso o perjudicial para las cotizaciones. Entre el martes y el miércoles, el Ibex-35 cayó casi más de lo que había subido el lunes. Vamos a ver como termina la semana. Salud y buena suerte a todos. Y. G.
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domingo, 7 de septiembre de 2008
DIARIO DE UN INVERSOR NOVEL ( DOMINGO, 7 DE SEPTIEMBRE)
Le oí decir a una de mis vecinas gimnastas que la inversión en bolsa es más rentable que la inversión en ladrillo. No tenía pinta de trabajar en una agencia de valores o de ser una experta financiera, así que supuse que lo decía porque ella a su vez se lo había oído decir a algún asesor especializado. Aunque leer el periódico es una de mis actividades predilectas, nunca he prestado demasiada atención a las páginas dedicadas a la información bursátil. Y siempre he tenido la sensación de que todo el tinglado ese alrededor del "parqué" no era más que un montaje para desplumar a los incautos. No se me había ocurrido que uno pudiera hacerse un plan de ahorro a largo plazo colocando el dinero en la llamada renta variable en lugar de la deuda pública o las imposiciones a plazo fijo.
Casi sin querer escuché otras dos cosas que mi vecina le decía a su compañera de fatigas en los aparatos del Parque para Mayores: que había que diversificar y que el secreto del éxito estaba en saber encontrar "un buen momento para entrar". Según ella, la forma ideal de diversificar era poner el dinero en un fondo de esos que "replican" en su cartera la composición del Índice y tratan de obtener unos resultados superiores al mismo. En cuanto a la elección del momento, aseguró que nadie tenía la bolita mágica, pero que, a su juicio, estos primeros días de septiembre podían ser adecuados después de la intensa caída que llevaba el Ibex-35 a lo largo del año.
Al día siguiente ( miércoles, 3 de Septiembre ) me fui a la oficina del banco dispuesto a rescatar una parte de mis ahorros a plazo fijo y colocarlos en un fondo de inversión. El empleado me preguntó si yo sabía lo que era eso y los riesgos a los que me exponía. Le dije que sí porque espero llegar a saberlo a partir de ahora y entonces él me hizo firmar un papel que no entendí muy bien pero que, en resumidas cuentas, me pareció un justificante para el banco en caso de futuras reclamaciones si las cosas vienen mal dadas. Firmé la orden de colocar diez mil euros en un fondo dedicado a invertir en los valores del Ibex y me entregó un papel en el que dice que esos diez mil euros equivalen a 523,56 participaciones con un valor liquidativo de 19,10 euros cada una. El empleado del banco me advirtió que no es bueno, psicológicamente, estar mirando cada día la evolución del Índice para saber cuánto ganas o cuánto pierdes. "Además -añadió- la evolución del valor liquidativo de tus participaciones puede ir mejor o peor que el Índice, según el grado de acierto que tengan los gestores del fondo".
Como era de esperar, no hice ningún caso a la advertencia de mi asesor bancario y los dos días siguientes ( jueves y viernes ) busqué las páginas financieras para ver que había pasado con el Ibex. O mi vecina estaba mal informada o fue un caso de mala suerte, porque en esas dos jornadas el llamdo "Índice Selectivo de la Bolsa Española" se pegó un batacazo considerable, perdió un seis por ciento y llegó a su nivel mínimo anual, en los 11.139,7 puntos. Mi vecina había dicho que otra de las claves del éxito era "saber aguantar después de entrar". Así que he decidido armarme de valor para iros contando lo que les suceda a los 9.400 euros que me quedan. Salud y buena suerte a todos. Y. G.
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