Le oí decir a una de mis vecinas gimnastas que la inversión en bolsa es más rentable que la inversión en ladrillo. No tenía pinta de trabajar en una agencia de valores o de ser una experta financiera, así que supuse que lo decía porque ella a su vez se lo había oído decir a algún asesor especializado. Aunque leer el periódico es una de mis actividades predilectas, nunca he prestado demasiada atención a las páginas dedicadas a la información bursátil. Y siempre he tenido la sensación de que todo el tinglado ese alrededor del "parqué" no era más que un montaje para desplumar a los incautos. No se me había ocurrido que uno pudiera hacerse un plan de ahorro a largo plazo colocando el dinero en la llamada renta variable en lugar de la deuda pública o las imposiciones a plazo fijo.
Casi sin querer escuché otras dos cosas que mi vecina le decía a su compañera de fatigas en los aparatos del Parque para Mayores: que había que diversificar y que el secreto del éxito estaba en saber encontrar "un buen momento para entrar". Según ella, la forma ideal de diversificar era poner el dinero en un fondo de esos que "replican" en su cartera la composición del Índice y tratan de obtener unos resultados superiores al mismo. En cuanto a la elección del momento, aseguró que nadie tenía la bolita mágica, pero que, a su juicio, estos primeros días de septiembre podían ser adecuados después de la intensa caída que llevaba el Ibex-35 a lo largo del año.
Al día siguiente ( miércoles, 3 de Septiembre ) me fui a la oficina del banco dispuesto a rescatar una parte de mis ahorros a plazo fijo y colocarlos en un fondo de inversión. El empleado me preguntó si yo sabía lo que era eso y los riesgos a los que me exponía. Le dije que sí porque espero llegar a saberlo a partir de ahora y entonces él me hizo firmar un papel que no entendí muy bien pero que, en resumidas cuentas, me pareció un justificante para el banco en caso de futuras reclamaciones si las cosas vienen mal dadas. Firmé la orden de colocar diez mil euros en un fondo dedicado a invertir en los valores del Ibex y me entregó un papel en el que dice que esos diez mil euros equivalen a 523,56 participaciones con un valor liquidativo de 19,10 euros cada una. El empleado del banco me advirtió que no es bueno, psicológicamente, estar mirando cada día la evolución del Índice para saber cuánto ganas o cuánto pierdes. "Además -añadió- la evolución del valor liquidativo de tus participaciones puede ir mejor o peor que el Índice, según el grado de acierto que tengan los gestores del fondo".
Como era de esperar, no hice ningún caso a la advertencia de mi asesor bancario y los dos días siguientes ( jueves y viernes ) busqué las páginas financieras para ver que había pasado con el Ibex. O mi vecina estaba mal informada o fue un caso de mala suerte, porque en esas dos jornadas el llamdo "Índice Selectivo de la Bolsa Española" se pegó un batacazo considerable, perdió un seis por ciento y llegó a su nivel mínimo anual, en los 11.139,7 puntos. Mi vecina había dicho que otra de las claves del éxito era "saber aguantar después de entrar". Así que he decidido armarme de valor para iros contando lo que les suceda a los 9.400 euros que me quedan. Salud y buena suerte a todos. Y. G.
BIEN HALLADOS
Hace 16 años
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