Por fin conseguí hacerme el encontradizo con mi vecina la financiera mientras se empleaba a fondo en la máquina de endurecer los glúteos. Intercambiamos un saludo protocolario y algunas palabras acerca de los muchos beneficios esperables del ejercicio físico al aire libre. Pero eran otros los beneficios de los que yo quería hablarle y enseguida le pregunté qué opinaba de la montaña rusa que estaban experimentando los mercados bursátiles. "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo", dijo ella por toda respuesta.
Me quedé muy perplejo y no quise seguir preguntando por miedo a molestarla. Al principio pensé que podía referirse al plan anunciado por la Administración norteamericana para tratar de devolver la serenidad y la confianza a los mercados financieros. Lo más destacado de este plan es la creación de una agencia gubernamental que se hará cargo de los bonos intoxicados por las "hipotecas locas". Un plan que tendrá un alto coste para el erario público, pero que trata de evitar un colapso de todo el sistema bancario y, por ende, de la actividad económica, lo cual acarrearía unos costes aún peores. La creación de esa agencia -pensé- es la palanca a la que se refiere mi vecina, pues su sólo anuncio por parte del Presidente Bush y los máximos responsables de la Reserva Federal y del Tesoro ha servido para dar un impulso casi estratosférico a los índices bursátiles de todo el mundo.
Luego pensé que mi vecina podía referirse al problema del apalancamiento, que al parecer está en el origen de las enormes turbulencias que hemos vivido en estos días de Septiembre. ¿Qué es el apalancamiento? He consultado en una enciclopedia que tengo en casa y dice que apalancar es "levantar o mover alguna cosa con palanca", pero también puede ser "conseguir algo, con astucia o por medios ilícitos". Creo que esta segunda acepción se ajusta más al apalancamiento que habían cometido las entidades bancarias que manipularon las llamadas "hipotecas basura". En resumidas cuentas, se trata de conseguir mucho con poco: se emite una gran cantidad de deuda respaldada no por el capital propio de la entidad, sino por el valor de las casas hipotecadas, en el convencimiento de que dicho valor se mantendrá alto o seguirá subiendo. Pero lo que ha pasado es justamente lo contrario y de ahí la catástrofe en cadena.
Después del final eufórico de una semana que comenzó con las perspectivas más sombrías, el Ibex-35 ha cerrado en los 11.557, 90 puntos, lo que significa una ganancia de algo más de un uno por ciento respecto al cierre del viernes, día 12. Los diez mil euros iniciales son ahora unos 9.760, pero lógicamente me asalta la sospecha de que las subidas del viernes sean una más de las reacciones histéricas y un poco irracionales que estamos viendo en estos días. Supongo que difícilmente esa tendencia alcista podrá mantenerse el próximo lunes. Salud y buena suerte a todos. Y.G.
BIEN HALLADOS
Hace 16 años
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