martes, 16 de septiembre de 2008

DIARIO DE UN INVERSOR NOVEL: A PROPÓSITO DE HENRY (LEHMAN)

El Parque para Mayores, donde mis queridas vecinas luchan a brazo partido contra el exceso de calorías, no es ni siquiera un Central Park en pequeñito. Desde sus bancos al sol no es posible avizorar lo que pasa en los mercados financieros internacionales con igual clarividencia que desde las húmedas praderas del pulmón verde de la Gran Manzana. Abro el periódico y no salgo de mi desconcierto y, para colmo de males, sigo sin encontrar una ocasión propicia para recabar los sabios consejos de la vecina que parecía tener mucha experiencia en este mundo proceloso.
El caso es que, por lo que deduzco de lo leído en la prensa, los mismos que llevaron a Lehman Brothers a una cotización máxima de más de 85 dólares por acción, ahora la han llevado a arrastrarse por el cieno con un valor que no llega ni a 20 centavos por título. Lo que más de asombra, por mucho que me hablen de "hipotecas locas", es que entre una cifra y otra apenas hay un año de diferencia. ¿No resultan desproporcionadas tanto una cifra como la otra? ¿Quiénes son esos miles de individuos que integran ese cuerpo colectivo y anónimo que los periódicos denominan enigmáticamente "el mercado"? ¿Cómo puede ser que lo que "el mercado" valoraba hace un año en decenas de miles de millones dólares hoy tenga un valor equivalente a cero? ¿Es esto a lo que se refería Allan Greenspan cuando hablaba de la "exuberancia irracional de los mercados"? ¿Es cierto que los agentes del "mercado" tienden a comportarse como un rebaño?
Me hago todas estas preguntas después de haber aderezado mi desayuno con este titular de prensa: "La mayor quiebra de la historia pone en jaque al sistema bancario de Wall Street". Mientras apuraba el café he tocado madera para que el pánico no se extienda, porque, según he oído decir, todo el sistema financiero y bancario (no sólo el de Wall Street) se basa en una cosa muy etérea llamada confianza. Al parecer, si la confianza desapareciese y todos corriéramos a las oficinas bancarias a reclamar nuestro dinero, no habría fuerza humana capaz de evitar un cataclismo mundial. Espero que no ocurra nada de esto y me atengo al consejo de algún analista, según el cual es muy imprudente gritar ¡fuego! en un teatro abarrotado.
También trato de no perder la confianza en mi vecina la financiera, a qien oí decir en una soleada mañana que lo importante era "saber aguantar después de entrar". Pero me pregunto si seré capaz de seguir esa recomendación, si elegí el momento oportuno para entrar y si mis pequeños ahorros -tan laboriosamente acumulados- no se disolverán como un azucarillo en una taza de té. De momento, después del lunes negro y este martes gris, los diez mil euros iniciales se han encogido hasta poco más de nueve mil. Cuando fui a la oficina del banco y el asesor me preguntó si sabía lo que estaba haciendo, el Ibex-35 había llegado a los 11.850 puntos. El martes 16 de septiembre, después de moverse en el filo de la navaja, ha cerrado en los 10.911 puntos. Al parecer, los grandes banqueros se han confabulado para defender la cotización de sus títulos y esto se ha traducido en un pequeño avance del 0,11 por ciento. Salud y buena suerte a todos. Y.G.

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