El presidente norteamericano, George Bush hace una encendida defensa del sistema capitalista y la bolsa de Nueva York se lo premia con una subida de más del seis por ciento. Bush es un hombre de fe, así que las dudas no tienen cabida en su pensamiento: "seis meses de crisis no pueden echar por tierra sesenta años de prosperidad", dijo en la ciudad de los rascacielos. Si además de fe tuviera sensibilidad para lo que ocurre en su propio país, a lo mejor le asaltaban las dudas, porque eso de la prosperidad no parece que llegue a todos por igual. Un dato escalofriante que he leído en estos últimos días es que hace unos 30 años, en los Estados Unidos y en los países desarrollados, las ganancias medias de los altos directivos de las empresas multiplicaban por 36 las ganancias medias de los asalariados. Hoy en día esas ganancias medias de los privilegiados multiplican por más de 500 las ganancias medias de los asalariados.
El aplauso de los inversores de Nueva York al canto de Bush sobre las virtudes del capitalismo me recordó los grandes aplausos que solíamos darle en la fábrica al Presidente del Comité de Empresa. Le llamábamos "Camachín", por hacer una gracieta con el apellido del líder histórico de las Comisiones Obreras. Pero los ingenieros de la planta trataban como mucho respeto a "Camachín", yo creo que en el fondo le admiraban y le temían, porque sabían que podía pararles la cadena de montaje en cuanto se lo propusiera. Tenía buenas dotes para la oratoria. "Todo lo que los obreros necesitamos saber para acabar con la explotación está en Marx", solía gritar con aquella voz poderosa que no necesitaba megafonía para hacerse oir hasta en el último rincón de la nave de ensamblaje. Y uno salía de aquellas asambleas con ganas de preguntar dónde estaba la oficina de alistamiento para asaltar el Palacio de Invierno.
Pensándolo bien, quizás podría decirse que Bush y "Camachín" son dos buenos ejemplos de eso que ahora llaman el pensamiento único, sólo que en direcciones diametralmente opuestas. Yo nunca leí a Marx, pero según parece predijo un colapso general del sistema de producción capitalista y algunos creen que en estas últimas semanas hemos estado muy cerca de ese colapso general. La Cumbre de Washington se ha convocado para buscar recetas que lo eviten.
Mientras tanto, sigue el ambiente de desconfianza en los mercados. La semana anterior, el Ibex 35 cerró en 9.343, 50 puntos, pero el día de ayer, jueves 13 de Noviembre, cerró en los 8.740, lo que significa más de 600 puntos de caída. En lo que va de año el índice lleva perdido un 42 por ciento y mis 10.000 euros iniciales son ahora no más de 7.500.¿Por qué suceden las crisis? ¿Es por exceso de producción o por falta de consumo? ¿Es porque no trabajamos lo suficiente? ¿O es porque trabajamos demasiadas horas, teniendo en cuenta el desarrollo tecnológico actual? En fin, no leí a Marx cuando era un obrero luchando contra la explotación y creo que voy a tener que leerlo ahora que estoy hecho todo un inversor.
¿TENDRÁN LIQUIDEZ SUFICIENTE LOS BOTÍN?
Los ricos también sufren con la caída de las cotizaciones. La inmobiliaria Sacyr está como loca por deshacerse de su paquete en Repsol y la operación puede costarle unas pérdidas de miles de millones de euros. Mientras paseaba por el Parque para Mayores estuve fantaseando un poco con la fortuna ( real o estimada) de los Botín. Por algunos datos que he leído en la prensa, entre Emilio Botín y sus hijos tienen algo así como el 5 por ciento del capital del Santander. Antes de la actual ampliación, ese 5 por ciento significaba un total de 320 millones de acciones, que multiplicadas por 7 euros vienen a ser una fortuna de 2.240 millones de euros. Pero es que hace un año cotizaban al doble, de modo que los Botín han visto reducirse su patrimonio financiero en más de 2.000 millones de euros. Supongo que, como buenos tiburones de estas aguas procelosas, no habrán vendido ni un sólo título para no consolidar pérdidas. Más bien se habrán dedicado a comprar. Ahora tienen la oportunidad de comprar a lo grande porque, de acuerdo con mis matemáticas recreativas, les corresponde el derecho de suscribir 80 millones de nuevos títulos. A razón de 4,5 euros por acción, nos da la bonita cifra de 360 millones de euros. ¿Los tienen o tendrán que pedirlos prestados? Porque ni siquiera llamándose Botín es fácil que alguien disponga de 60.000 millones de las antiguas pesetas para invertirlos así como así, de un día para otro. A lo mejor Don Emilio se lo explicó a Rodríguez Zapatero el otro día, cuando se vieron en La Moncloa. Pero estas cosas están protegidas por el secreto de confesión. Salud y buena suerte a todos. Y. G.
BIEN HALLADOS
Hace 16 años
1 comentario:
Señor Gardel, permítame que haga un comentario que no corresponde a esta entrada, pero es que la de Marx y los obreros no permite hacerlos.
Debe de ser por el antiguo reflejo de cómo el marxismo, seguido de sus descendientes el leninismo, el estalinismo y el norcoreanismo, han entendido siempre la libertad de expresión.
Por las cosas que cuenta, estoy convencido de usted y yo trabajamos en fábricas muy parecidas, porque en la mía no teníamos un "Camachín", pero teníamos un "Camachito" y no sé el suyo, pero al menos el mío, no creo que se leyera a Marx. A lo mejor lo leyó en alemán y no lo entendió muy bien. O lo leyó de muy joven y se le olvidó.
El caso es que yo creo que tanto él, como yo, como don Zp, don Felipe González Márquez y, a lo mejor también usted, nos llevaríamos un disgusto si ahora se cumpliese la profecía de don Carlos (Herr Karl) y el capitalismo se la pegase.
Yo particularmente, no es que tenga mucho que perder, más allá de la libertad para escribir estas cuatro tonterías que estoy enviándole a usted, pero después de leer la novela de Vassily Grossman "Vida y Destino", se me han quitado las ganas de que desaparezca el capitalismo democrático. Me conformo con que desaparezcan las injusticias que genera.
Por cierto, me da la impresión de que el señor Grossman también trabajó en una fábrica como la suya y la mía, aunque su contrato laboral tenía unas cláusulas un poco más draconianas.
Uno que nunca leyó a Marx ni votó en unas elecciones sindicales (ahora no me importa decirlo).
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