Otro motivo de queja que tenía yo contra los trenes de dos pisos ( aunque esta no llegué a contársela a Mercé Sala ) era la desaparición de los brazos de los asientos. Puede que alguien me tome por un sibarita, ya que este elemento parece un tanto impropio del mobiliario tan austero que se estila ahora en los coches de metro y cercanías. Pero existía en los trenes anteriores y era realmente cómodo cuando uno quería leer o echar un sueñecito. Me costó bastante adaptarme a la nueva situación: las posaderas me dolían por culpa de los asientos ( Mercé Sala había dicho que eran así para resistir mejor las agresiones de los gamberros; ) y me dolía la espalda al cabo de un rato leyendo el periódico sin un sitio donde apoyar los codos.
Estos defectos o errores de diseño siguen sin resolverse, y mucho me temo que no se resolverán en el futuro. Pero a todo se acostumbra uno y aquí me tenéis, viajando cada día en cercanías y desarrollando todo tipo de estrategias para tratar de hacer el trayecto sentado y no de pie, que eso sí que es el colmo de la incomodidad.
PASANDO PAGINA ( ESTA VEZ EN LA VIDA )
Toda esta historia de los trenes de cercanías - 35 años viendo cambiar el paisaje y el paisanaje desde sus ventanillas - se me vino a la cabeza mientras reflexionaba sobre el impacto que recibe uno cuando le anuncian que está incluído en un ERE, o sea, un Expediente de Regulación de Empleo. Los hay mejores y peores. Yo he tenido la suerte, creo, de pillar uno de los mejores, uno de esos que no dejan a nadie abandonado a su suerte en la cuneta, como dijo José Luis Rodríguez Zapatero refiriéndose a los planes de la SEPI ( La Sociedad Estatal de Participaciones Industriales ) para los astilleros. Pero lo cierto es que te mandan a casa y te ponen ante el dilema de qué hacer con tu vida a partir de la prejubilación. Demasiado jóven para resignarse a la inactividad; y demasiado viejo para pelear por una nueva ocupación en el mercado laboral. La gente te dice: ahora podrás hacer todo lo que antes no podías porque estabas trabajando. Pero esto sólo es verdad a medias, porque algunas aficiones, como la de viajar, exigen dinero ; y la prejubilación , para decirlo con pocas palabras, te cubre las necesidades pero no los caprichos.
La edad media a la que se jubilan, o nos jubilamos, los trabajadores españoles está en 63,5 años. Quiere decirse que a los prejubilados nos adelantan ese momento en algo más de 11 años. Desde un punto de vista económico y social constituye un auténtico despilfarro, pero las empresas y el Gobierno no han encontrado otra fórmula mejor para aligerar y rejuvenecer las plantillas. Desde el punto de vista individual, en cambio, puede ser una oportunidad para una vida más relajada y más placentera, si te acompaña la suerte. Primero, que las condiciones de la prejubilación sean económicamente aceptables; y segundo, que consigas encontrar algún tipo de actividad, compatible con la prejubilación, que te reporte algún dinerito con el que pagarte los caprichos. Ahí radica, a mi modo de ver, la diferencia entre una vida rutinaria y otra más o menos feliz. Como decía en mi primera entrada en este cuaderno de bitácora, yo tiendo siempre a ver la botella medio llena, de modo que estoy pasando página a mi vida anterior y me siento lleno de curiosidad por ver qué hay escrito en las muchas páginas que iré pasando de aquí para el futuro. Salud a todos y buena suerte.
Yago Gardel
BIEN HALLADOS
Hace 16 años
No hay comentarios:
Publicar un comentario