sábado, 29 de diciembre de 2007

JUBILADOS EN NUEVA YORK: UNA LECTURA SORPRENDIDA DE PAUL AUSTER

¿Vale la pena escribir sobre las cosas que le pasan auno? Me hacía esta pregunta, sentado al sol en un banco del Parque para Mayores, después de haber leído en otras bitácoras que la vida privada de alguien no interesa a nadie. Acababa de leer las últimas páginas de "Brooklyn Follies", una novela en la que Paul Auster nos narra las cosas absolutamente "privadas" que van sucediéndole a un jubilado que se instala en el barrio neoyorquino, luego de 35 años vendiendo pólizas de seguro, para vivir, o malvivir, el último tramo de su existencia.

¿Cuánto hay en la historia de Nathan Glass - protagonista de la novela - de pura imaginación creativa y cuánto de la propia biografía o la propia experiencia de Paul Auster? No podemos saberlo mientras el propio autor no nos lo cuente, pero sí sabemos, por ejemplo, que la rememoración de su propia trayectoria vital fue la materia prima con la que Marcel Proust construyó "En busca del tiempo perdido", una de las cumbres indiscutibles de la literatura universal. ¿ Y qué decir, por poner algún otro ejemplo, de "La ciudad y los perros", de Mario Vargas Llosa; o incluso de "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez ?
Me parece, pues, que se equivocan quienes dicen esto o aquello no interesa a nadie, porque lo que importa - cuando llega la hora de interesar o atraer al posible lector - no es de qué se escribe, sino cómo se escribe. No importa si los personajes son de carne y hueso o imaginarios, si las peripecias son reales o inventadas. Lo que importa es el talento, la capacidad creativa que hay detrás, qué cantidad de belleza o de emoción consigue transmitirnos el autor. Del mismo modo que en la pintura o la fotografía, el motivo es lo de menos, porque lo que nos produce un goce estético es la forma en que se combinan las palabras, las formas, la luz y el color.
DON QUIJOTE CRUZA EL PUENTE DE BROOKLYN
Lo que me más me sorprendió de esta novela fue el paralelismo con mi propia situación vital, porque el protagonista es un jubilado, con el norte perdido después de divorciarse y superar un cáncer de pulmón, que decide volver al territorio de su infancia. A partir de ahí, los encuentros casuales le van llevando a convertirse en una especie de caballero andante en la gran urbe, siempre dispuesto a desfacer entuertos, a socorrer a los menesterosos, y a jugarse el tipo en su altruista defensa de las causas justas. Naturalmente, sin sucesos sorprendentes y extraordinarios no hay novela; y a nuestro Nathan comienzan a ocurrirle encuentros emocionantes. Hay una camarera, bella y amable, pero inalcanzable, por la que se convierte en asiduo del bar Cosmic Diner; un librero y marchante de obras de arte, que acaba cayendo en la tentación del dinero fácil; un sobrino que prometía mucho, pero al que la vida le ha condenado al duro horizonte de conducir un taxi por las calles de la Gran Manzana; y una sobrina a la que Nathan acaba rescatando, no sin arrostrar muchos riesgos, de las garras de un predicador fanático. Para todos idea Auster un final feliz, menos para el librero, cuya herencia es necesaria para que el taxista pueda tener el destino de alquien a quien le tocó la lotería.
Incluso aparece el amor contra pronóstico. Nathan, agradecido, le propone matrimonio a su viuda enamorada, aunque sin mucha convicción por miedo a sus malas experiencias anteriores. Pero la viuda tiene las cosas sorpresivamente claras: "No tienes más que silbar, amiguete, y mi culazo italiano será tuyo, pero eso del matrimonio es para los jóvenes, para la gente que quiere tener hijos". Queridos "blogueros", eso sí que es amor sincero, leal y sin condiciones. No es de extrañar que nuestro héroe, que ha llegado a Brooklyn arrastrándose como un perro herido en busca de un lugar donde esperar el fin de su ridícula vida, acabe proclamándose el hombre más feliz de la tierra.
¿ ELEGÍA O CUENTO DE HADAS?
La historia me atrapó desde los primeros párrafos, porque está escrita con indudable maestría. Pero debo confesar que, a medida que avanzaba en la lectura, me sentía un tanto decepcionado, como si me hubieran dado gato por liebre. La prosa de Auster seguía meciéndome como un columpio que alguien impulsa perezosamente mientras tiene la cabeza en otra cosa. Algo fallaba, sin embargo: esta colección de esforzados, y a veces rocambolescos, finales felices, conseguidos mediante la bondadosa dedicación a resolver los problemas de los demás, no era el retrato ácido de una ciudad muy dura y muy inhóspita que parecían prometer las primeras páginas. No digo que el libro se me cayera de las manos, como me pasó con la muy celebrada "Catedral del Mar", pero veía abrirse una abismal diferencia entre lo que estaba leyendo y "Manhattan transfer", la maravillosa novela de John Dos Passos, publicada en 1.925 y que también retrata la lucha por la vida en la ciudad de Nueva York.
Decidí consultar a través de Internet las críticas que se publicaron hace dos o tres años, cuando salió la novela, y me encontré de todo, aunque en general el autor de "Trilogía de Nueva York" suscita muchos elogios. Finalmente, la clave me la dió el escrito José María Guelbenzu, quien publicó un artículo en el diario "El País" en el que aseguraba que "Brooklyn Follies" debe leerse como un cuento de hadas. Un cuento de hadas que ocurre no en un lejano bosque encantado, sino en un barrio perdido de la gran ciudad; y no a un niño o a una jóven princesa, sino a un resabiado urbanita que va adentrándose, un poco a ciegas, en la tercera edad. Otras críticas eran mucho menos amables y hablaban de un Paul Auster convertido en un auténtico pelmazo sin inspiración, empeñado en explicarnos su aburrida moraleja sobre lo bello que es vivir. Estas descalificaciones me parecieron un poco injustas porque, al fin y al cabo, un autor está en su derecho de transmitirnos, a través de su creación, un mensaje de esperanza, de desesperanza o de lo que le dé la gana. Pero, en el fondo, mi propio juicio coincidía un poco con eso de la falta de inspiración.
Encontré también unas declaraciones del propio Auster, en las que decía que su intención había sido la de escribir una elegía a la forma de vida de su ciudad, Nueva York, antes de que sucedieran los atentados del 11 de Septiembre de 2001. La verdad es que esta afirmación me pareció muy exagerada, porque no creo que la forma de vida de los habitantes de aquella metrópoli haya cambiado tanto como para poder hablar de un antes y un después del 11-S. Lo que sí puede decirse, sin miedo a equivocarse, es que el libro es un canto a la alegría de sentirse vivo. Y a mí me ha hecho pasar unas buenas mañanas otoñales mientras tomaba el sol en el Parque para Mayores. Por eso lo incluí en mi columna de recomendaciones y por eso pongo a su autor como protagonista de la encuesta que os propongo hoy. Salud, buena suerte y feliz 2008 a todos.
Yago Gardel


domingo, 23 de diciembre de 2007

CENTRO ALCALÁ MAGNA: DE COMPRAS EN MEDIO DEL ESTERCOLERO


Lejos de mí la tentación o el delirio de grandeza de querer poner en jaque a los gobiernos ( aunque sean sólo locales ) con lo que suele llamarse periodismo de denuncia o de investigación. Pero este domingo pasado, víspera de la Nochebuena, me he convertido en improvisado reportero mientras hacíamos unas compras navideñas. Resulta que, a raíz de mi artículo sobre la excursión al Ecce Homo, unos amigos propusieron ir a dar una vuelta por el casco histórico de Alcalá de Henares. Después de comer, fuimos al centro comercial Alcalá Magna, al que se puede acceder en unos minutos caminando desde el casco viejo.
Es un centro comercial como tantos otros, con mucho espacio subterráneo para meter los coches , muchas tiendas y alguna cafetería. Pero lo que me llamó la atención y me indignó un poco fue que le hayan dado licencia de apertura sin exigirles antes a sus responsables que adecenten todo el espacio circundante. Tal como puede apreciarse en las fotografías que publico, la entrada sur, a la que se accede desde la carretera que va de Alcalá a Meco, ha sido debidamente acondicionada. Pero el solar situado junto a la entrada norte es un vertedero de escombros en el que se acumulan los restos de la obra. Se nota a la legua que lo han hecho todo a marchas forzadas, sin duda con la intención de no perderse los ingresos extra que proporciona el desaforado consumismo de la época navideña.
El contraste entre el interior y el exterior es brutal. Una vez dentro del espacio comercial, todo es pulcritud, derroche de luz, alardes de marketing en los escaparates y un toque de originalidad cultural: como estamos en un ciudad que es la cuna del maestro número uno de las letras españolas, en una de las plantas se han instalado paneles luminosos en los que pueden leerse fragmentos de obras como Don Quijote, Platero y Yo, Romancero Gitano y muchas otras. Pero en el exterior se acumula la basura, como si los empleados de la limpieza se hubieran declarado en huelga y alguien se dedicara a esparcir los desperdicios de todo tipo para aumentar la sensación de suciedad.
Nos contaron que Alcalá Magna lleva ya abierto casi dos meses, de modo que sus responsables han tenido tiempo más que de sobra para efectuar una limpieza a fondo. Deberían haberlo hecho por respeto a sí mismos y por respeto a los clientes, porque resulta ofensivo para la dignidad de las personas que les obliguen a efectuar sus compras en un entorno tan deplorable. Lo más lógico, la respuesta que se merecería un comportamiento semejante, es que los posibles compradores se negaran a visitar un centro comercial en esas condiciones. Pero el centro comercial, el paseo por el centro comercial, es una atracción demasiado fuerte en una sociedad como la nuestra, tan acostumbrada a salir a la calle y disfrutar el espectáculo gratuito que ofrecen los escaparates. El centro comercial es para las generaciones de hoy lo que fue la calle mayor del pueblo para las generaciones del pasado.
Por otro lado, cabe preguntarse hacia dónde miran las autoridades municipales (Bartolomé González, creo que se llama el Alcalde.) Porque los ciudadanos tienen que satisfacer sus necesidades de consumo o de ocio y por eso acuden en masa al centro comercial, aunque el panorama que se les presenta no sea precisamente de su agrado. Pero los representantes de la ciudadanía están elegidos justamente para defender los intereses del común frente a comportamientos poco edificantes, como este que comentamos. No deberían haber dado la licencia de apertura mientras las instalaciones, tanto en el interior como en el exterior, no estuvieran en perfectas condiciones. Y si dieron la licencia confiando en la buena voluntad de los responsables deberían amenazarles con el cierre o con una multa que les obligara a reconsiderar su comportamiento.

Yago Gardel

jueves, 20 de diciembre de 2007

SOBRE LOS PRECIOS Y LA MALA CALIDAD DEL PAN

El pan es de Dios, nos decían de niños en la aldea remota. Y nos enseñaban que, si un trozo caía al suelo, había que recogerlo de inmediato y besarlo. Estaba terminantemente prohibido, como si tal acción atrajera a los malos espíritus, colocar el pan sobre la mesa al revés de como se había cocido en el horno. El pan era algo más que un alimento rico en fibras e hidratos de carbono, era un objeto de culto en aquella sociedad constreñida a una economía de supervivencia
Entre los recuerdos más antiguos de la infancia conservo la imagen borrosa de un salón no muy grande que tenía al fondo un horno por cuya boca asomaban las llamaradas. Había unos cuantos bancos corridos, como esos que vemos a veces en las cervecerías alemanas, donde las mujeres amasaban sus panes mientras los troncos de encina iban convirtiéndose en un montón de ascuas. Desde entonces, y a lo largo de toda mi vida adulta, he perseguido el olor y el sabor, la textura de aquel pan. No lo he encontrado y, en consecuencia, una de mis quejas permanentes ha sido y es la mala calidad del pan que le venden a uno en casi todas partes.

Puede que los recuerdos me traicionen, pero el hecho objetivo es que aquel pan, guardado en una pequeña artesa, aguantaba sin problemas tres o cuatro días. Ahora, una barra de pan que compras por la mañana por la noche ya se ha puesto dura y no puedes comerla. No tengo ni idea de por qué ocurre esto, pero supongo que los fabricantes hacen una masa cada vez más pobre, en la que se abusa quizá en exceso de la cantidad de levadura y agua y se escatima la harina. A lo mejor era esto lo que sucedía hace algunos años, cuando se desencadenó en la ciudad lo que llegó a denominarse como "la guerra del pan". Te ofrecían la barra a cinco duros,y en algunos supermercados incluso gratis, con tal de que hicieras una compra por equis cantidad de dinero. Luego, ya en casa, te llevabas el gran disgusto al comprobar la calidad ínfima de lo que te habían vendido o regalado.
En los últimos meses, además de esa calidad deficiente que yo denuncio, el pan ha venido a sumarse a la cesta de productos básicos que han sufrido fuertes subidas de precios, como consecuencia del encarecimiento de las materias primas y de la especulación. Es posible que no existan razones económicas para justificar esa subida y que todo se deba a una estratagema comercial para sacarnos el dinero a todos los que, sencillamente , no sabemos comer sin pan. Sea lo que sea, el resultado es que el pan, según una información que leí el otro día, ha subido más de un catorce por ciento en este año.
Pero, a pesar de lo mal que sienta que suban los precios de manera tan caprichosa, yo haría más hincapié en la calidad del producto. No me importa que el pan sea caro si a cambio puedo darme el placer de disfrutar un auténtico manjar. Y haría más hincapié en la calidad porque estamos hablando de un bien que por fortuna me puedo permitir, aunque sea caro. Las angulas, el caviar, los hoteles de cinco estrellas o los yates, me da igual que suban o bajen de precio: nunca me los podré permitir por muy baratos que me los ofrezcan. En cambio, allá donde voy busco intensamente el "lujo" de comer un buen pan, porque eso sí me lo puedo permitir, pese a la modesta cuantía de mi paga.

RECETA PARA UNAS EXQUISITAS MIGAS ALCARREÑAS
Como complemento a este comentario sobre los precios y la calidad del pan, os ofrezco aquí una receta posible para aprovechar y "dignificar" un poco este pan de medio pelo que tiene tanta tendencia a quedarse duro a nada que te descuidas. Cogemos la noche anterior unas cuantas barras ( digamos que media por persona más o menos ) y las cortamos o picamos. A continuación las humedecemos bien con un poco de agua y las "aliñamos" con orégano, canela y una pizca de pimienta molida. Las removemos un poco y las dejamos reposar durante unas horas. Al día siguiente ( digamos una hora antes de comerlas ) cortamos unos dientes de ajo en láminas muy finas, los freímos en aceite de oliva y los apartamos para que no se quemen. En el aceite de freir los ajos freimos ahora un poco de panceta cortada en pequeños cuadraditos. Cuando la panceta esta bien hecha, la sacamos de la sartén, la juntamos con las láminas de ajo y lo mezclamos todo con las migas. El aceite que nos había quedado lo apartamos del fuego y, cuando todavía está caliente, diluimos en él dos cucharadas de pimentón. Y a partir de aquí sólo nos queda darles el toque maestro a las migas: ponemos el recipiente donde las teníamos al fuego mediano y con una paleta les damos vueltas y más vueltas de manera incansable al tiempo que vamos añadiendo poco a poco el aceite con el pimentón diluido. El color y el olor irán siendo más y más tentadores a medida que las vayamos trabajando. Y del sabor no digamos nada: la mezcla de los ajos, el orégano, la pimienta, la canela y la panceta nos producirá tanta felicidad como escuchar la "Pastoral" de Bethoven mientras conducimos por una carretera solitaria. Por añadidura, es una mezcla intensamente afrodisíaca, según tengo entendido.
Para que todo resulte perfecto, las migas deben comerse por el método que llamamos "cucharada y paso atrás". Es decir, la sartén o la olla en que las hemos hecho se coloca en el centro de la mesa, o en el suelo si es que estamos en el campo, y los comensales se colocan de pie alrededor y van comiendo por turno y con todo el recogimiento de que sean capaces. Si además las acompañamos con unas uvas blancas, estaremos tocando el cielo con los dedos. Queridos "blogueros", corto aquí porque ya se me esta haciendo la boca agua. Feliz Navidad, salud y buena suerte a todos.
Yago Gardel

domingo, 16 de diciembre de 2007

SENDERISMO EN EL VALLE DEL HENARES: MONTANDO EL BELÉN EN EL ECCE HOMO


El Viso y el Ecce Homo son dos cerros casi gemelos, ubicados ambos en el término municipal de Alcalá de Henares, y desde los cuáles se domina una hermosa panorámica de toda la comarca del Corredor del Henares. Ambos se yerguen, tentadores, en la márgen izquierda del río, pocos kilómetros antes de que éste junte sus aguas con las del Jarama, en el término de Mejorada del Campo. El Viso, que acoge en su cima una instalación militar, fue repoblado con pinos hace décadas, mientras que en las laderas del Ecce Homo sólo crecen aliagas, esparto, tomillo, alguna retama y otras pequeñas plantas herbáceas propias de la vegetación esteparia.Pero este último constituye un verdadero paraíso para el senderismo y la bicicleta de montaña, porque está enclavado en el Parque de los Cerros, un espacio natural bastante grande - unas mil hectáreas - que antes se dedicaba exclusivamente a la caza y que fue adquirido en los años ochenta del siglo pasado por el Ayuntamiento complutense.
Es, pues, de cajón que la Asociación Hijos y Amigos de Alcalá haya elegido este cerro, que se eleva unos doscientos o doscientos cincuenta metros sobre el nivel del río, para hacer una excursión anual con el fin de colocar un pequeño belén en la cumbre. Este año la cita era el pasado domingo casi de madrugada, y nos pareció una buena excusa para disfrutar una agradable mañana campestre, ya que el tiempo se anunciaba frío, pero soleado. Teníamos que hacer un buen montón de kilómetros para llegar al punto de concentración en el centro de la ciudad alcalaína, así que optamos por acudir con el coche hasta el aparcamiento de tierra situado a la entrada del Parque de los Cerros. Para llegar hasta allí hay que tomar la carretera que sale de Alcalá hacia Arganda y recorrer un par de kilómetros. El aparcamiento queda a mano izquierda, justo enfrente del Cementerio Jardín, y pocos metros después de cruzar el
río.
Una vez en el aparcamiento, puede decirse que todos los caminos conducen al Ecce Homo: basta con echarse a andar hacia el Este, por alguno de los magníficos caminos rurales que mantienen los servicios de conservación del parque. La propia silueta del pico, nos servirá de referencia visual permanente, aunque también se han puesto hace poco unos postes marcados con el color amarillo que nos guiarán en caso de duda. A los diez minutos de comenzar encontraremos un desvío a la izquierda, con una flecha de madera que indica la dirección hacia el "castillo". En realidad se trata sólo de unas ruinas mal conservadas de una antigua fortaleza musulmana. Estas ruinas - restos de torreones y aljibes - quedan al pie de la ladera sur del monte, pero el camino para acceder a la cumbre va rodeándolo, como si de una estrategia militar se tratara, para atacarlo por la cara más practicable. Es un terreno muy arcilloso y muy propenso, por tanto, a sufrir los efectos de la erosión cuando se producen lluvias torrenciales o de cierta intensidad. Mientras vamos caminando y ganando altura suavemente por la pista forestal podremos observar, a un lado y otro del camino, los profundos barrancos que el agua ha ido abriendo a lo largo del tiempo.
Unas cincuenta o sesenta personas completaron el recorrido - aproximadamente una hora y media - desde el aparcamiento hasta la cima, donde quedó instalado el pequeño belén en otras ruinas situadas en el centro de la planicie y que son lo poquísimo que queda de una de las ermitas erigidas en este cerro en siglos pasados. Nos contaron que el nombre antiguo del lugar era la Vera Cruz, por una leyenda sobre la aparición del símbolo de los cristianos durante la época de la Reconquista, y que existen en el subsuelo vestigios de un prehistórico poblado celta.

Como decía al comienzo, la mañana era fría, pero soleada. Y la única pena fue que había mucha bruma por la parte de la sierra y no pudimos disfrutar las estupendas vistas de todo el Sistema Central que ofrece este mirador alcalíno en los días despejados. Sólo pudimos intuir,allá en la lejanía, los enormes rascacielos que están construyéndose en lo que fue la Ciudad Deportiva del Real Madrid. Después de contemplar durante un rato el paisaje y reponer fuerzas con lo que cada uno acarreó en su mochila, los participantes en la excursión se dedicaron a cantar un completo repertorio de villancicos. Se veía a las claras que los tienen ensayados o se los saben de memoria, porque cantaron con buena voz, mucho entusiasmo y sin desentonar. Yo me quedé al márgen para no romper la magia del momento: siempre me adelanto o me retraso y, encima, no me sé las letras. Me limité a hacerles unas fotos y me emocioné mucho - los prejubilados tendemos a la lágrima fácil - cuando entonaron "Noche de paz". Incluso me hice el propósito de portarme bien en 2008, pero no sé, porque la vida está llena de invencibles tentaciones. Salud y buena suerte a todos, especialmente en el sorteo del próximo día 22.
Yago Gardel



































jueves, 13 de diciembre de 2007

NUESTROS ALTOS EJECUTIVOS Y SUS IMPÚDICOS SALARIOS

En días pasados fue noticia de primera plana la incorporación de Rodrigo Rato a un banco extranjero especializado en asesorar o diseñar operaciones financieras para la fusión o adquisición de empresas. Como es sabido, Rato viene de una familia de dinero de toda la vida, fue Vicepresidente del Gobierno durante la época de Aznar y pudo haber sido el elegido para sucederle al frente de las huestes populares. Pero el marido de Ana Botella prefirió a Rajoy y Rato, con ánimo de estorbar lo menos posible, se marchó a Washington para dirigir el Fondo Monetario Internacional.
Uno de los detalles más comentados de su fichaje por el banco Lazard ha sido el sueldo que cobrará: unos cinco millones de euros anuales, para empezar. Algún periódico llegó a destacar que esa cifra multiplica por más de cincuenta el sueldo que cobra su antecesor y luego sucesor al frente del Ministerio de Economía. Son cifras muy llamativas, pero que no se desvían, e incluso están por debajo, de lo que suelen cobrar los altos ejecutivos de las empresas. La clave de tan generosos ingresos es que los altos ejecutivos, entre sus muchos privilegios, incluyen también el de fijar la cuantía de sus propios salarios y los incrementos que reciben cada año, de manera que se llega a situaciones extremadamente injustas. Hasta en Estados Unidos, tierra de promisión de los adoradores del becerro de oro, se ha criticado a veces que los directivos lleguen a multiplicar por 500 ó más veces el sueldo que cobra su empleado más modesto. Y se ha criticado porque esos emolumentos exorbitantes no tienen nada que ver con el valor añadido que estos señores aportan al producto final que vende su empresa; y en muchas ocasiones esa generosidad con la que se tratan a sí mismos va en detrimento de la propia cuenta de resultados de la compañía.
Con demasiada frecuencia los directivos olvidan que, al fin y a la postre, no dejan de ser un empleado más, por muy relevante que sea su función. Ya quedan muy pocas empresas importantes que sean propiedad de quienes las dirigen. Hoy los dueños son los cientos, miles o cientos de miles de accionistas que puede tener una compañía como Telefónica, Repsol o Endesa. Hace unos meses, causó cierto revuelo ( a mi juicio menor del que debería haberse organizado ) la publicación de lo que cobra el Presidente del BBVA, que encima fue colocado ahí no por sus méritos o capacidades, sino por el "dedazo" de sus amigos en el Gobierno de José María Aznar. Entre salario fijo, más conceptos variables más lo que la empresa aporta a su Fondo de pensiones, el señor González viene a salir por unos 17 millones de euros anuales: Es como si le estuviera tocando cada año una Primitiva de esas que nos dejan sin aliento. Está claro que tiene un muy alto concepto de sí mismo y ha querido reflejarlo en la nómina, con el consentimiento - comprensible - del Consejo de Administración; y el visto bueno - ya no tan comprensible - de la Junta de Accionistas. Nosotros mejoraríamos mucho el concepto que nos merece si el señor González ( y no sólo él sino todos los que pertenecen a su casta ) tuviera el gesto torero de hacer pública su declaración de la renta.

¿ PUEDE UNO SOLO VALER POR TRESCIENTOS

Según mis cálculos, siempre a ojo de buen cubero, esos ingresos anuales del señor González, que no son excepcionales ni mucho menos en la banca y otras grandes empresas, equivalen a lo que cobran más de 300 directores de oficina. A menos que pudiera demostrarnos que su poder es tan grande como el de aquel que caminó sobre las aguas, tenemos que considerar como un insulto a la razón, un atentado contra el sentido común, que alguien pretenda decirnos que su aportación a la riqueza que genera su empresa equivale a la que aportan, con su esfuerzo de cada día, más de 300 directores de oficina. Quizá estos directores, en una de esas reuniones anuales que suelen hacer para adoctrinarles, deberían decirle lo que decían los viejos nobles castellanos cuando coronaban a un nuevo monarca: "recordad que uno sólo de nosostros valemos tanto como vos; y todos juntos, mucho más que vos". ¿ Y qué decir de los accionistas? ¿ Por qué no montan un buen "pollo" en la Junta? Porque ellos son los dueños de la empresa y son los más perjudicados, ya que podrían cobrar unos mejores dividendos si los señores del Consejo fueran un poco más comedidos. Asimismo, se perjudica gravemente a los clientes, que podrían verse beneficiados por unas comisiones un poco más razonables.
También resulta muy clamoroso el silencio de ciertas instituciones frente a tanta avaricia y tanta desmesura. Comentábamos en esta bitácora hace un par de días las propuestas ultraliberales de las Cámaras de Comercio, propuestas entre las que se incluye la de ligar los salarios a los incrementos de productividad. ¿ Cómo es que no recomiendan o exigen a los altos directivos que liguen sus ingresos a lo que realmente producen? ¿ Cómo es que no deploran los contratos blindados - o superblindados - de los directivos, cuando están pidiendo que se recorten las indemnizaciones por despido?
Se criticó mucho a Alfonso Guerra, hace ya bastantes años, cuando habló - no recuerdo ya si en el Parlamento o en uno de aquellos mítines en que sus "descamisados" le pedían que diera caña - de la posibilidad de establecer una Ley de Hierro de los Salarios. Seguramente llevan razón los que dicen que eso no es posible en una economía de libre mercado. Pero tampoco es de recibo que un empleado, por muy alto que sea el lugar que ocupa en la cadena de mando, decida la cuantía de su propio salario. Quizá deberían aceptar que esa cuantía la fijase una comisión en la que podrían estar ellos mismos más una representación de los trabajadores y una representación de los accionistas elegida por sorteo. Nadie en su sano juicio negaría que el sueldo mayor debe ser para el Presidente de la compañía, pero otra cosa es por cuántas veces debe multiplicar este sueldo el que percibe el empleado más modesto, es decir, cuál es el abanico salarial que consideramos aceptable. En el caso del BBVA, por seguir con el ejemplo que vengo citando, el abanico está ahora mismo entre uno y mil. Y a mí me parece que ya estaría bien con que fuera de uno a cien o ciento cincuenta como mucho.
Bueno, queridos "blogueros", creo que hoy me ha salido una entrada muy "pancartera", como diría José María Aznar, así que voy a terminar contadoos un chiste: estamos en una clase de Ética, Moral y Religión y el profesor quiere pulsar el grado de conocimientos de sus alumnos sobre los pecados capitales.
-¿ Qué es la avaricia?- pregunta el profesor a uno de sus alumnos del montón, ni muy listo ni tampoco de los más torpes.
- La avaricia- contesta el alumno - es el deseo desordenado de comer y de beber muy bien. Se corrige practicando la lujuria.
Salud y buena suerte a todos. Yago Gardel

lunes, 10 de diciembre de 2007

CÁMARAS DE COMERCIO: LIBERALISMO A CALZÓN QUITADO

Hoy he pasado la mañana en el Parque para Mayores, tomando notas mentales para mi informe sobre el estado de conservación de las vecinas del barrio. Al principio me sentía un poco melancólico, porque el cielo azul sin mácula y el vivificante sol de invierno me han hecho recordar aquellos versos tristes que escribió Antonio Machado poco antes de morir:

Estos días azules,

y este sol de la infancia.

Pero al poco tiempo ha llegado un grupito de mujeres con ánimo de hacer deporte y mi corazón se ha puesto alegre, como el de un joven reportero cuando suena el teléfono y cree que puede ser una noticia. El propio nombre del Parque para Mayores lo dice todo: los columpios, toboganes, "pistas americanas" y otros ingenios posibles para el juego de los niños han sido sustituidos por artilugios con ruedas, volantes, pedales y barras paralelas para facilitar los ejercicios gimnásticos de los adultos. Resulta enternecedora la fe con que mis convecinas se entregan al duro intento de mejorar sus condición física, porque les ocurre con estos aparatos mecánicos lo mismo que le pasaba al gran Albert Einstein con el violín: que los manejan con más entusiasmo que pericia. A mí me ocurre otro tanto, con el agravante de mi confesado amor por la cerveza y las viandas que suelen acompañarla.

Mientras disfrutaba el "ambientazo" que iba generándose a mi alrededor a medida que avanzaba la mañana, he estado leyendo un informe periodístico sobre las peticiones que han formulado las Cámaras de Comercio con vistas a las próximas Elecciones Generales.

UNA REVOLUCIÓN DE LOS RICOS CONTRA LOS POBRES

Decía el insigne economista John Kennet Galbraight que "por primera vez en la historia de la humanidad estamos asistiendo a una revolución de los ricos contra los pobres". Galbraight se refería al panorama económico y social de los Estados Unidos, el país más rico de la Tierra, el más poderoso, el más competitivo, el más incapaz de aliviar la penosa situación que sufren decenas de millones de personas abandonadas a su suerte, sin cobertura sanitaria, sin pensiones, condenadas a no salir de la pobreza ni aun cuando tengan la fortuna de encontrar un empleo, que por supuesto estará miserablemente retribuido. Y en ese país tan grande y tan poderoso, tan orgulloso de sí mismo, viven decenas y decenas de millones de personas - ricos y clases medias - ansiosas por pagar cada año menos impuestos, avariciosas hasta la locura, y tacañas hasta el patetismo en su coriácea resistencia a que el Gobierno federal les quite "su" dinero para mejorar un poco las condiciones de vida de los más desfavorecidos.
En España parece que uno de los aspirantes a convertirse en cabecilla de esa revolución de los ricos contra los pobres es Javier Gómez Navarro, Presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio. Espero que los huesos de Pablo Iglesias se hayan removido en su tumba - y quizá también algunas conciencias de los que se proclaman sus herederos - porque este señor fue nada menos que Ministro en los gobiernos de Felipe González.

¿ POR QUÉ NO VOLVEMOS AL TRABAJO INFANTIL Y A LAS JORNADAS LABORALES DE 16 HORAS DIARIAS ?

He aquí algunas de las propuestas elaboradas por las Cámaras de Comercio bajo el liderazgo del Sr. Gómez Navarro:
-Suprimir el Impuesto sobre el Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones. Así conseguiremos que los ricos sean cada vez más ricos y además tendrán más segura y blindada su riqueza frente a la voracidad de los desheredados.
- Bajar al 25 por ciento la tarifa del Impuesto de Sociedades, recortar las cotizaciones de las empresas a la Seguridad Social y subir el IVA ( que no hace discriminaciones entre ricos y pobres ) dos puntos: así mejoraremos la cuenta de resultados de las empresas, que dispondrán de más márgen para subir los millonarios sueldos de sus altos directivos. Por desgracia, lo de llegar a fin de mes se convertirá en una aventura imposible para mucha gente.
- Abaratar el despido, porque no es de recibo que en la sociedad del libre mercado a un empresario le resulte más barato divorciarse de su esposa que "divorciarse" de un trabajador.
- Suprimir de los convenios las cláusulas de revisión salarial para el caso de que la inflación no sea la prevista. Cabe suponer que estos señores - con su coherencia de premios Nobel forjados en Harvard -también son partidarios de suprimir la cláusula de revisión de las pensiones.
- Reducir el tiempo de duración de las prestaciones por desempleo y la cuantía de las ayudas que reciben los parados, con el fin de que éstos acepten sin rechistar cualquier trabajo y cualquier salario o no salario que se les ofrezca.
¿ Qué os parece, queridos convecinos de la blogosfera ? Ya puestos, podían haber incluído en su tabla de reivindicaciones la supresión de las pagas extras y las vacaciones pagadas, la vuelta de los niños al trabajo y el restablecimiento de las jornadas laborales de 16 horas siete días a la semana. Así seríamos un país competitivo de la hostia, capaz de inundar los mercados mundiales con todo tipo de productos fabricados a precios de saldo. Lo malo sería que los demás países de nuestro entorno - como dicen tan finamente en los telediarios - decidieran ser tan competitivos como nosotros y no nos quedara más remedio que declararles la guerra a fin de proceder a un nuevo reparto de mercados. Esto es lo que sucedió, según tengo entendido, hace más o menos un siglo, cuando se decía que el imperialismo era la fase superior del capitalismo.
Ha costado muchos sufrimientos y mucha sangre llegar a un grado de desarrollo en el que, al menos en una pequeña parte del Planeta, los seres humanos nacen con la razonable seguridad de llevar una vida digna. Queda mucho camino por recorrer, pero existe un cierto nivel de igualdad de oportunidades y un cierto nivel en el reparto equitativo de la riqueza que producimos entre todos. Sin embargo, estos señores del liberalismo a calzón quitado - con su matraca de la competitividad - están levantando un pira, como si fuera la noche de Santa Lucía, en la que quieren quemar - a modo de trastos inservibles - conceptos como la dignidad del ser humano, la libertad para la búsqueda de la propia felicidad, la igualdad de oportunidades y la justicia social. La fraternidad y la armonía del hombre con la naturaleza no es que quieran quemarlas, es que ni siquiera han oído hablar de ellas. Salud y buena suerte a todos.
Yago Gardel

domingo, 9 de diciembre de 2007

SENDERISMO EN TENDILLA: EN BUSCA DE LA SALCEDA

La villa medieval de Tendilla es una de las más hermosas localidades de Guadalajara. Está situada en el corazón de la Alcarria y, en el verano de 1.946, junto con Torija, Brihuega, Pastrana y otras, jalonó el histórico recorrido que Camilo José Cela hizo a pie por la comarca. La iglesia parroquial de la Asunción, que preside la plaza principal, los soportales de la calle Mayor y los restos visibles de su pasado esplendor configuran una estampa de sabor extraordinario para el viajero que se detiene a recorrer sus calles. Puede que en los últimos tiempos, después de la puesta en servicio del nuevo trazado de la Nacional 320, el número de visitantes haya descendido algo, con el consiguiente quebranto para la oferta hostelera del pueblo. Pero a cambio ha ganado mucho en tranquilidad y encanto.
Volvíamos de pasar el puente de la Constitución por la llamada Ruta de los Pantanos ( ya nadie osaría llamar el Mar de Castilla a este conjunto de embalses formado por Entrepeñas, Buendía y Bolarque ) y decidimos hacer una parada en Tendilla para tomar un refrigerio y comprar unos botes de la afamada miel de la Alcarria. Luego , mientras deambulábamos por las solitarias callejas, vimos el comienzo de una ruta circular para ir hasta la ermita de La Salceda y nos pareció que un paseo por los alrededores del pueblo sería un broche estupendo para el largo puente "constitucional". Os lo describo aquí someramente con la esperanza de que os animéis. Puedo aseguraros que vale la pena. Es una de las más atractivas caminatas que hemos hecho últimamente.
UN PAISAJE DOMINADO POR QUEJIGOS Y ENCINAS
La ruta comienza en la Avenida del Pinar, que se aleja del centro del pueblo con rumbo sur, dejando a mano izquierda los edificios de las escuelas y el centro de salud. Para los que no estéis muy entrenados puede que este comienzo resulte un poco "durillo" porque el camino es bastante empinado. Pero tranquilos, porque la subida no dura mucho más de un kilómetro. Poco antes de encontrarse con el nuevo trazado de la Nacional 320, el camino gira a la izquierda y a partir de aquí lo que nos espera es casi una hora de gratísimo paseo por una vereda que va llaneando a media altura de la ladera, poblada por un espeso bosque de encinas, que en esta época invernal conservan sus hojas verdes; y quejigos, que nos ofrecen el espectáculo de la caída de sus hojas marrones que van alfombrando el camino. Un camino que no tiene pérdida posible: desde el comienzo está perfectamente señalado con trazos de pintura verde y blanca. Cuando estos trazos son paralelos, nos indican la dirección correcta; si los vemos formando un aspa es que nos hemos equivocado. Desde algunas de las curvas del sendero podremos disfrutar, a vista de pájaro, la panorámica que nos ofrece el trazado urbano de Tendilla, en el que sobresalen la mole de la Iglesia Parroquial- no muy grande, la verdad, porque iba para Colegiata, pero quedó inacabada - y la enhiesta chimenea de ladrillo rojo perteneciente a la antigua almazara.
BARBACOA A LA SOMBRA DE LA ERMITA

Al cabo de una hora y cuarto desde el comienzo, la senda gira bruscamente hacia el fondo del valle, hasta desembocar en el antiguo trazado de la N-320 a la altura del kilómetro 244. Tenemos que caminar unos metros hacia la izquierda por el asfalto y en seguida encontraremos, a mano derecha, la continuación del camino que traíamos. A partir de aquí ya no es una estrecha senda de herradura, sino una pista agrícola bastante bien conservada. Al poco de haber abandonado el asfalto, nos topamos de sopetón con la muy recoleta ermita de la Virgen de la Salceda, que es la patrona de Tendilla, según he podido leer en Internet. En el pueblo nos contaron que la romería para rendir honores a esta Virgen se celebra el último fin de semana del mes de mayo. Esa también sería una época excelente para hacer este paseo que os voy contando.

Alrededor de la ermita hay dispuestas lo menos una veintena de mesas con sus bancos y unas parrillas de canto y lodo donde se pueden encender fuegos para "cocinar" una barbacoa. El merendero resulta de lo más acogedor, con los rayos de sol cayendo sobre las mesas en invierno y la sombra de los robles protegiéndolas en verano. Pero hay que tener mucho cuidado, porque el peligro de incendio es evidente. Lo más recomendable, creo yo, es llevarse una tortilla de patata o un "bocata" de jamón y no tentar a la suerte con el fuego.

Desde la ermita hasta el pueblo nos queda otra hora de suave paseo por este camino rural que atraviesa labrantíos de cereal en los que también podremos admirar la presencia majestuosa de algunas nogueras centenarias. Un par de recomendaciones finales: es conveniente ponerse un calzado adecuado y tener en cuenta que todo el recorrido es de tierra, por lo que podríamos encontrarlo embarrado si queremos hacerlo en una época de lluvias. La excursión, tal como se ha descrito, está hecha en el sentido contrario al de las agujas del reloj, pero obviamente, al ser circular, puede hacerse en cualquiera de los dos sentidos. Espero que esta propuesta os resulte interesante para pasar una jornada agradable en ese hermoso país que es la Alcarria y al que a la gente, según dejó escrito Camilo José Cela, no le da la gana de ir. Yo creo que iréis, que os gustará, y que volveréis a echarle un vistazo a estas "florecillas del camino". Salud y buena suerte a todos.

YAGO GARDEL


martes, 4 de diciembre de 2007

NI FLOWERS ONE: AMISTAD Y RECUERDOS ( REGADOS CON CERVEZA )

Bueno, queridos convecinos de la "blogosfera", después de 13 entradas en esta bitácora de nombre tan rematadamente cursi, no he conseguido suscitar o merecer ni un sólo comentario. A lo peor no he conseguido ni una sola visita , aparte de las de cortesía que me hacen mis fieles compañeros del mús y la petanca. No se si es un récord que me apunto o esta es la tónica general, pero me siento un poco herido en mi amor propio. Y eso que hubo un momento en que casi me inflamo como un pavo real ( los hombres somos pura vanidad, cantaba Víctor Manuel .) Fue cuando públiqué mi artículo contrario a la idea de un tipo único para la tarifa del IRPF. Un par de días después hice una búsqueda por las bitácoras y, coño, allí estaba mi artículo, justo al lado del que publicó Miguel Sebastián en el diario El País. Casi no me lo podía creer, y me sentí como un maletilla invitado por José Tomás a compartir cartel en Las Ventas.

Pero la euforia duró poco y temí hundirme en el desánimo, cosa que no sucedió gracias a mi esposa, que me anima a seguir enviando botellas con mensaje a este Ponto proceloso que es el ciberespacio. Persevero, pues, en mi cita diaria con el teclado, aunque en esta decimocuarta entrega he decidido pasarme al lenguaje cheli, al menos en el título: ni flawers viene a significar ni puñetero caso en ese habla que tuvo y tiene en Madrid su territorio más propicio, que gozó su época de gloria en los años ochenta del siglo pasado, y encontró a su cronista insuperable en mi admirado Francisco Umbral. Ya dejé escrito en la entrada fundacional de esta bitácora que la lectura de Umbral es, a mi juicio, inexcusable para quien quiera escribir en castellano; y la recomiendo ahora para quien quiera profundizar en los recovecos, en el olor y el sabor del lenguaje cheli.


UNA CAÑA, TRES PESETAS

De olores y sabores va esta nueva florecilla en el camino - a la que también podría llamar cagadita en la cuneta para mantenerme fiel al espíritu del título - porque quería hacer algunos comentarios sobre los placeres sencillos, y baratos, que puede uno disfrutar en torno a una jarra de cerveza aderezada con la amable compañía y la charla divertida de los amigos.
La primera vez que yo probé la cerveza fue el mismo año en que Bob Beamon hizo en México un salto equivalente a tres Seat 600 puestos en fila india, según el alucinado relato de la hazaña que nos hizo a la mañana siguiente el profesor de latín. Mi padre había ido a echar una partida de cartas en el bar que acababan de inaugurar debajo de casa, y mi madre me mandó a buscarlo con el recado de que la comida estaba lista. Uno de los compañeros de mi padre comentó que ya estaba yo convirtiéndome en un hombrecito y le pidió al camarero una caña para el chico. Creí que iba a vomitar con el sabor inconcebiblemente amargo de aquel brebaje que además me pegó un buen trallazo en la garganta aún no acostumbrada a bebidas tan frías. Supuse que estaba fabricada con acíbar, una sustancia de la que mi madre hablaba a veces como mano de santo para resolver el problema de los bebés demasiado enviciados con la teta materna.


Un par de años antes había sufrido un encontronazo parecido con el tabaco. Un compañero de correrías y yo juntamos todos nuestros ahorros y fuimos al tendero del pueblo con el engaño de que nos vendiera un paquete de Ducados para mi padre. El tipo aquel debió de apiadarse de nosostros o se atuvo al eterno principio de que el negocio es el negocio, porque de lo contrario habríamos sido descubiertos al instante: mi padre no fumaba Ducados, sino que liaba - con hábiles y parsimoniosos dedos - sus propios cigarrillos con un tabaco de picadura que él llevaba siempre en su petaca y que se vendía en unos paquetes que llamaban "cuarterones". El caso es que el tendero nos vendió el Ducados y mi compadre y yo emprendimos raudos el camino de las bodegas para llevar a cabo nuestra ceremonia iniciática. A la primea calada sentí que los pulmones me iban a estallar; y antes de medio cigarrillo todo aquel paisaje agreste estaba dando vueltas a mi alrededor vertiginosamente. Menos mal que en el camino entre las bodegas y el pueblo había una fuente, y de aquella fuente manaba un hermoso chorro de agua muy fría bajo el cual mantuvimos la cabeza hasta estar encondiciones de no volver a casa dando tumbos.


Nunca pude acostumbrarme a tragar el humo del tabaco, pero sí aclimaté el paladar - aunque no de la noche a la mañana - al sabor de la cerveza; y a día de hoy son mis preferidas las más amargas y de más alta graduación. Por otra parte, aquel primer encuentro con la milenaria bebida tuvo para mí un añadido extraordinario porque conseguí mi primer empleo: el vecino que me había invitado - un linotipista ilustrado que leía Pueblo - me hizo el encargo de traerle todas las tardes el periódico. Y así fue como aprendí que ambas cosas, la caña y el diario, costaban lo mismo: tres pesetas. Y así fue también como cogí la costumbre de comprar el periódico todos los días, hasta convertir ese gesto mínimo en una práctica de características casi religiosas, como un creyente devoto que no pudiera conciliar el sueño sin haber rezado antes sus oraciones. He llegado a caminar kilómetros - por ejemplo, cuando he tenido la suerte de viajar al extranjero - en busca de un quiosco donde hacerme con el periódico del día.

DE LOS EGIPCIOS A CARLOS V


Agua, levadura, lúpulo y malta ( granos de cebada germinados y tostados .) Estos son los ingredientes exclusivos con los que debe elaborarse una buena cerveza, según la Ley de Pureza promulgada en 1.516 por el Duque Guillermo IV de Baviera. En honor y memoria de aquella fecha, tenemos en España la San Miguel 1.516, que también está entre mis favoritas. Cuando el Duque benefactor decidió intervenir en defensa de los consumidores, la cerveza llevaba ya sus buenos 6.000 años acompañando los pasos de la Humanidad sobre la Tierra. Al parecer, es a la civilización egipcia a la que corresponde el honor y gloria eterna de haberla inventado. Un año después de aquel decreto bávaro llegó a Castilla uno de los más afamados bebedores de cerveza de todos los tiempos: el Emperador Carlos V, que se había aficionado en su Flandes natal y se convirtió en el gran impulsor de esta bebida en la península Ibérica. Otra de mis favoritas trata de mantener viva aquella historia en la conciencia de las gentes: Legado de Yuste.



RECOMENDACIONES PARA UN BUEN TRAGO DE CERVEZA

Los entendidos aseguran que en la cata de la cerveza, como ocurre con el vino, no interviene sólo el sentido del gusto, sino que también son fundamentales la vista y el olfato. Seguro que tienen razón porque si nos ponemos - o nos piden que nos pongamos - estupendos para probar un buen vino, no hay razón para no hacer lo mismo con la cerveza. Las copas tienen que ser de cristal transparente ( nunca de plástico, por favor,) más altas y estrechas para las cervezas ligeras o sin alcohol y más rechonchas para las más tostadas y de mayor cuerpo. Está prohibido beber a morro de la botella o el bote de aluminio. La temperatura debe ser fría, pero no demasiado porque se perdería una parte del sabor: alrededor de 4 ó 5 grados es lo más recomendable. Téngase en cuenta que para el vino blanco se recomiendan unos 10 grados como temperatura de servicio y para el tinto unos 17 ó 18. Y otro tanto sucede con las copas, que deben estar frías pero nunca congeladas, porque entonces la capa de escarcha que se forma desvirtuaría el sabor de la bebida. Además hay que "tirar" el líquido desde una distancia adecuada para que se bata delicadamente, se oxígene y se forme una corona de espuma de un centímetro y medio más o menos.

Una vez observadas todas estas precauciones, lo que yo recomendaría es compaginar el disfrute de una buena cerveza con la lectura de un buen periódico: amigos míos, de ese encuentro surge siempre, o casi siempre, uno de los momentos grandes del día. Pocos placeres tan tentadores ( en las mañanas de verano ) como sentarme a la sombra que hace mi propia casa con el periódico recién comprado, una cerveza bien fresquita, un poco de pan y unas "tapitas" de jamón de bellota ( que sólo me puedo permitir muy de cuando en cuando.)
Realmente la cerveza va bien con casi todo. Los fines de semana suelo quedar con los amigos en un bar del centro para tomar unas cañas antes de comer. La camarera nos tiene preparados unos pinchos que ella misma cocina con manos primorosas; y también nos pone unas aceitunas grandes y negras, aliñadas con cebolla muy picadita, aceite y pimentón picante. Y llega un momento en que ya no sabemos qué nos gusta más: la charla un poco alborotada, las aceitunas, la cerveza o la camarera. En uno de esos trances previos a la meditación profunda de la siesta debía de encontrarme cuando pergeñé estos versos que arrancan con un plagio ( intercontextualización, dicen algunos cuando son pillados in fraganti ) del Canto General nerudiano, para adentrarse luego por una trocha de rima libérrima y métrica imposible:
No invoco tu nombre en vano,
oh mi amada cerveza,
cuando, en las otoñales tardes sedientas,
sueño la plenitud dorada de tu cuerpo
estrellándose contra la helada transparencia de las copas.
Y en los labios anticipo
la sedosa caricia de la espuma,
mientras un torrente de frío se desploma,
desde la boca hacia lo hondo,
y me recorre, y me estremece y me conforta.

No invoco tu nombre en vano,
oh mi amada cerveza,
cuando te alzo en mi mano y grito salud.
Y ese grito, convertido en eco por los ojos que me miran,
vuelve a mí y me dice aún nos queda la amistad,
nos queda el futuro, nos queda la esperanza.

Una última recomendación para los que vayáis a conducir. Ni un trago cuando estéis al volante, y menos aún de las más "cabezonas", como la Voll-Damm, que también está entre mis preferidas. Salud y buena suerte a todos.

Yago Gardel



lunes, 3 de diciembre de 2007

FLOWER THIRTEEN: RODRÍGUEZ ZAPATERO, DECONSTRUIDO

LOS AUTORES DE "ZAPATERO EL ROJO" DEMUESTRAN QUE EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO NO ES UN BOBO SOLEMNE NI TAMPOCO UN GENIO DE LA POLITICA

La acera derecha de la calle de Alcalá, en Madrid, debe de ser una de las zonas más frías del centro de la capital. En esa acera, antes de rebasar el Paseo del Prado en dirección este, destacan edificios como el Banco de España y el Círculo de Bellas Artes, cuya sombra se proyecta hasta el centro de la calle o más, provocando un descenso de temperaturas que invita a cambiarse de acera o meterse en algún sitio donde estar a cubierto. Yo opté ayer a mediodía por meterme en la cafetería del Círculo y de pronto me encontré con una aglomeración de gentes que a todas luces esperaban la llegada de algún personaje importante. Había cámaras de tlevisión, fotógrafos, reporteros enarbolando sus micrófonos y sus grabadoras, guardias de seguridad intentando poner orden y mirones como yo, siempre dispuestos a hacer de extras en los espectáculos gratuitos que acontecen en la rúa.

Pregunté de qué se trataba y me dijeron que José Bono iba a participar en la presentación de un libro titulado "Zapatero el Rojo", del que son autores los periodistas Ester Jaén y Juan Carlos Escudier. Como sabéis por alguna de mis "entradas" anteriores, no tengo muchas simpatías por Bono, a quien reprocho haber sido cómplice, y puede que artífice, de la puñalada trapera que el PSOE acaba de asestar a mi admirado Manuel Marín. Pero la cosa tenía buena pinta y además concebí la esperanza de que al final del acto ofrecieran un vino español. Espero que sepáis disculpar este pragmatismo mío tan descarnado. Decía Carlos Marx que las condiciones de la existencia determinan la conciencia; y resulta que el precio de los menús del día en la capital de España no está al alcance de los proletarios prejubilados. Así que busqué acomodo entre los asistentes dispuesto a matar dos pájaros por el precio de uno, como proclamaba Felipe González hace ya algunos lustros.

¿PATINAZO O PUNTADA CON MUCHO HILO?

Lo de los dos pájaros de un tiro no pude conseguirlo, porque al final no había vino español, pero puedo aseguraros que mereció la pena. Porque tuve ocasión de ver, en vivo y en directo como se dice a veces, cómo se acelera el corazón de los reporteros, con qué emoción viven los acontecimientos que van a convertirse en titulares al día siguiente. Yo ni siquiera me había dado cuenta, pero José Bono, como el que no quiere la cosa, había dejado caer al final de su discurso un bombazo: el Presidente del Gobierno ya había dicho, según él, que no se presentaría a un tercer mandato en caso de ganar las elecciones del próximo mes de Marzo. Esto causó asombro y revuelo entre los informadores, porque nunca, que se sepa, Rodríguez Zapatero ha dicho oficialmente que no aspirará a un tercer mandato. Bono pareció darse cuenta de que acababa de meterse en un jardín y trató de quitar hierro al anuncio cuando los periodistas se arremolinaron a su alrededor. Según he podido leer en las crónicas periodísticas, vino a decir que no podía colocar la frase con comillas en los labios del Presidente, pero que esa era la intuición o la impresión que había sacado después de largas conversaciones en privado.

He meditado sobre este aparente patinazo y he llegado a la conclusión de que la única forma de explicarlo es aplicando al ex-Presidente de Castilla La Mancha la misma frase vitriólica que él dedicaba en su discurso de ayer a Enrique Tierno Galván: es de los que no pueden morderse la lengua sin peligro de envenenamiento. Y también es de los que no dan puntada sin hilo, porque con ese anuncio Bono está tejiendo una red con la que maniatar a su amigo/competidor, está poniéndole palos en la rueda hacia un hipotético tercer mandato. Eso a largo plazo, mientras que a corto se está garantizando un espacio de protagonismo en los medios de comunicación. Bono dice creer en Dios, pero a mí me parece que a quien se encomienda cada noche antes de acostarse es a Maquiavelo.

RODRIGUEZ ZAPATERO Y EL EMPERADOR CLAUDIO

Pero vayamos con el libro, que refleja la trayectoria del Presidente del Gobierno desde su elección como Secretario General del PSOE en el verano del año 2000 hasta el día de hoy. Un recorrido largo en el que, según dijo Juan Carlos Escudier, una de las características dominantes ha sido la buena estrella del personaje, buena estrella en la que hay que incluir el error de sus adversarios al no haber calibrado adecuadamente su talla. Pero resulta que no hay enemigo pequeño, como se encargan de recordarnos los entrenadores de fútbol cada vez que hay sorteos para competiciones varias. Y Escudier, salvando todas las distancias, compara al "superviviente" Zapatero con el Emperador Claudio, cuya peripecia fue tan maravillosamente retratada en las novelas de Robert Graves.

Metido ya en la faena de presentar el contenido del libro, Bono aseguró que el Jefe del Gobierno es tenaz, amable, riguroso en el trabajo, extremadamente generoso y humano. "Nuestra relación - añadió el candidato socialista por Toledo - es una historia de generosidad en la que los dos hemos hecho alarde y derroche". Dentro de esa extrema generosidad cabe incluir el permiso que el propio Presidente le dio para participar en la presentación de un libro que, en conjunto, le trata bien, pero del que su imágen sale con "rasguños no menores". Luego recomendó a quienes compren el libro, y especialmente al propio Rodríguez Zapatero, que comiencen la lectura por el principio, ya que la última frase, a su juicio, no recoge la corriente de admiración por el personaje que recorre las casi cuatrocientas páginas de la obra. En esas últimas palabras recopilatorias, Ester Jaén y Juan Carlos Escudier, aseguran que "Zapatero no es Churchill, no derrocha brillantez ni genialidad, pero contra la mediocridad ya nos vacunó Aznar durante ocho largos años". Un broche final que, a mi juicio, resume muy bien la actitud con la que los autores han afrontado su tarea: el libro no es fruto - siguiendo la argumentación de Bono - de pelotas o aduladores, ni tampoco de detractores furibundos, sino que es por encima de todo un relato vivo, apasionado y periodístico.


MUCHA HEMEROTECA Y FUENTES ANÓNIMAS

"Zapatero el rojo", publicado por la editorial Foca, no pretende ser una biografía. Pero sí es un recorrido muy detallado por todas las vicisitudes que ha vivido el personaje desde que fue elegido Secretario General del PSOE por tan sólo 9 votos más de los que obtuvo José Bono en aquel congreso extraordinario. Los autores no han conseguido tener acceso personal al propio protagonista del relato. Pero aportan una exhaustiva documentación de lo que se ha ido publicando en la prensa a lo largo de estos años, y a la que se añaden los datos, las impresiones y las historias que les han contado en largas conversaciones varias decenas de personas que han tenido relación más o menos estrecha con Rodríguez Zapatero. Estas confidencias, protegidas por el anonimato, constituyen quizá uno de los puntos débiles del libro, porque se hacen afirmaciones o se cuentan cosas que nadie sustenta con nombres y apellidos y, por tanto, su credibilidad depende de la confianza que nos merezcan los autores. Ester Jaén defendía este método de trabajo subrayando el hecho cierto de que nadie esta dispuesto a contar ciertas cosas si no es bajo la garantía absoluta de permanecer en el anonimato, aunque ese anonimato seguramente no es tal para quienes conozcan los entresijos de las sucesivas historias que se van contando. ¿Es o no es un rojo Rodríguez Zapatero? Los dos autores insistieron mucho en esta pregunta y en su deseo de obtener una respuesta por parte de los lectores. Yo les confieso que no tengo esa respuesta y mucho me temo que tampoco la tendré al final por muy aplicadamente que me entregue a la lectura. Porque, como dijo Bono en otro pasaje de su discurso, Rodríguez Zapatero más que un rojo es un enigma.

Yo diría que lo que se hace en el libro de Jaén y Escudier es una deconstrucción de Zapatero, como hizo el genial Ferrán Adriá con la tortilla de patata. En lugar de ofrecernos el producto ya cuajado, se separan los ingredientes y se sirven a medio cocinar en una copa. Y lo extraordinario es que la cuchara, después de atravesar las diferentes capas de ingredientes en la copa, nos llega a la boca con sabor a tortilla de patatas. Hablo de oídas, claro, porque yo tendría que embargar todo mi patrimonio para poder reservar mesa en El Bulli. Salud y buena suerte a todos.


Yago Gardel