domingo, 9 de diciembre de 2007

SENDERISMO EN TENDILLA: EN BUSCA DE LA SALCEDA

La villa medieval de Tendilla es una de las más hermosas localidades de Guadalajara. Está situada en el corazón de la Alcarria y, en el verano de 1.946, junto con Torija, Brihuega, Pastrana y otras, jalonó el histórico recorrido que Camilo José Cela hizo a pie por la comarca. La iglesia parroquial de la Asunción, que preside la plaza principal, los soportales de la calle Mayor y los restos visibles de su pasado esplendor configuran una estampa de sabor extraordinario para el viajero que se detiene a recorrer sus calles. Puede que en los últimos tiempos, después de la puesta en servicio del nuevo trazado de la Nacional 320, el número de visitantes haya descendido algo, con el consiguiente quebranto para la oferta hostelera del pueblo. Pero a cambio ha ganado mucho en tranquilidad y encanto.
Volvíamos de pasar el puente de la Constitución por la llamada Ruta de los Pantanos ( ya nadie osaría llamar el Mar de Castilla a este conjunto de embalses formado por Entrepeñas, Buendía y Bolarque ) y decidimos hacer una parada en Tendilla para tomar un refrigerio y comprar unos botes de la afamada miel de la Alcarria. Luego , mientras deambulábamos por las solitarias callejas, vimos el comienzo de una ruta circular para ir hasta la ermita de La Salceda y nos pareció que un paseo por los alrededores del pueblo sería un broche estupendo para el largo puente "constitucional". Os lo describo aquí someramente con la esperanza de que os animéis. Puedo aseguraros que vale la pena. Es una de las más atractivas caminatas que hemos hecho últimamente.
UN PAISAJE DOMINADO POR QUEJIGOS Y ENCINAS
La ruta comienza en la Avenida del Pinar, que se aleja del centro del pueblo con rumbo sur, dejando a mano izquierda los edificios de las escuelas y el centro de salud. Para los que no estéis muy entrenados puede que este comienzo resulte un poco "durillo" porque el camino es bastante empinado. Pero tranquilos, porque la subida no dura mucho más de un kilómetro. Poco antes de encontrarse con el nuevo trazado de la Nacional 320, el camino gira a la izquierda y a partir de aquí lo que nos espera es casi una hora de gratísimo paseo por una vereda que va llaneando a media altura de la ladera, poblada por un espeso bosque de encinas, que en esta época invernal conservan sus hojas verdes; y quejigos, que nos ofrecen el espectáculo de la caída de sus hojas marrones que van alfombrando el camino. Un camino que no tiene pérdida posible: desde el comienzo está perfectamente señalado con trazos de pintura verde y blanca. Cuando estos trazos son paralelos, nos indican la dirección correcta; si los vemos formando un aspa es que nos hemos equivocado. Desde algunas de las curvas del sendero podremos disfrutar, a vista de pájaro, la panorámica que nos ofrece el trazado urbano de Tendilla, en el que sobresalen la mole de la Iglesia Parroquial- no muy grande, la verdad, porque iba para Colegiata, pero quedó inacabada - y la enhiesta chimenea de ladrillo rojo perteneciente a la antigua almazara.
BARBACOA A LA SOMBRA DE LA ERMITA

Al cabo de una hora y cuarto desde el comienzo, la senda gira bruscamente hacia el fondo del valle, hasta desembocar en el antiguo trazado de la N-320 a la altura del kilómetro 244. Tenemos que caminar unos metros hacia la izquierda por el asfalto y en seguida encontraremos, a mano derecha, la continuación del camino que traíamos. A partir de aquí ya no es una estrecha senda de herradura, sino una pista agrícola bastante bien conservada. Al poco de haber abandonado el asfalto, nos topamos de sopetón con la muy recoleta ermita de la Virgen de la Salceda, que es la patrona de Tendilla, según he podido leer en Internet. En el pueblo nos contaron que la romería para rendir honores a esta Virgen se celebra el último fin de semana del mes de mayo. Esa también sería una época excelente para hacer este paseo que os voy contando.

Alrededor de la ermita hay dispuestas lo menos una veintena de mesas con sus bancos y unas parrillas de canto y lodo donde se pueden encender fuegos para "cocinar" una barbacoa. El merendero resulta de lo más acogedor, con los rayos de sol cayendo sobre las mesas en invierno y la sombra de los robles protegiéndolas en verano. Pero hay que tener mucho cuidado, porque el peligro de incendio es evidente. Lo más recomendable, creo yo, es llevarse una tortilla de patata o un "bocata" de jamón y no tentar a la suerte con el fuego.

Desde la ermita hasta el pueblo nos queda otra hora de suave paseo por este camino rural que atraviesa labrantíos de cereal en los que también podremos admirar la presencia majestuosa de algunas nogueras centenarias. Un par de recomendaciones finales: es conveniente ponerse un calzado adecuado y tener en cuenta que todo el recorrido es de tierra, por lo que podríamos encontrarlo embarrado si queremos hacerlo en una época de lluvias. La excursión, tal como se ha descrito, está hecha en el sentido contrario al de las agujas del reloj, pero obviamente, al ser circular, puede hacerse en cualquiera de los dos sentidos. Espero que esta propuesta os resulte interesante para pasar una jornada agradable en ese hermoso país que es la Alcarria y al que a la gente, según dejó escrito Camilo José Cela, no le da la gana de ir. Yo creo que iréis, que os gustará, y que volveréis a echarle un vistazo a estas "florecillas del camino". Salud y buena suerte a todos.

YAGO GARDEL


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