domingo, 23 de diciembre de 2007

CENTRO ALCALÁ MAGNA: DE COMPRAS EN MEDIO DEL ESTERCOLERO


Lejos de mí la tentación o el delirio de grandeza de querer poner en jaque a los gobiernos ( aunque sean sólo locales ) con lo que suele llamarse periodismo de denuncia o de investigación. Pero este domingo pasado, víspera de la Nochebuena, me he convertido en improvisado reportero mientras hacíamos unas compras navideñas. Resulta que, a raíz de mi artículo sobre la excursión al Ecce Homo, unos amigos propusieron ir a dar una vuelta por el casco histórico de Alcalá de Henares. Después de comer, fuimos al centro comercial Alcalá Magna, al que se puede acceder en unos minutos caminando desde el casco viejo.
Es un centro comercial como tantos otros, con mucho espacio subterráneo para meter los coches , muchas tiendas y alguna cafetería. Pero lo que me llamó la atención y me indignó un poco fue que le hayan dado licencia de apertura sin exigirles antes a sus responsables que adecenten todo el espacio circundante. Tal como puede apreciarse en las fotografías que publico, la entrada sur, a la que se accede desde la carretera que va de Alcalá a Meco, ha sido debidamente acondicionada. Pero el solar situado junto a la entrada norte es un vertedero de escombros en el que se acumulan los restos de la obra. Se nota a la legua que lo han hecho todo a marchas forzadas, sin duda con la intención de no perderse los ingresos extra que proporciona el desaforado consumismo de la época navideña.
El contraste entre el interior y el exterior es brutal. Una vez dentro del espacio comercial, todo es pulcritud, derroche de luz, alardes de marketing en los escaparates y un toque de originalidad cultural: como estamos en un ciudad que es la cuna del maestro número uno de las letras españolas, en una de las plantas se han instalado paneles luminosos en los que pueden leerse fragmentos de obras como Don Quijote, Platero y Yo, Romancero Gitano y muchas otras. Pero en el exterior se acumula la basura, como si los empleados de la limpieza se hubieran declarado en huelga y alguien se dedicara a esparcir los desperdicios de todo tipo para aumentar la sensación de suciedad.
Nos contaron que Alcalá Magna lleva ya abierto casi dos meses, de modo que sus responsables han tenido tiempo más que de sobra para efectuar una limpieza a fondo. Deberían haberlo hecho por respeto a sí mismos y por respeto a los clientes, porque resulta ofensivo para la dignidad de las personas que les obliguen a efectuar sus compras en un entorno tan deplorable. Lo más lógico, la respuesta que se merecería un comportamiento semejante, es que los posibles compradores se negaran a visitar un centro comercial en esas condiciones. Pero el centro comercial, el paseo por el centro comercial, es una atracción demasiado fuerte en una sociedad como la nuestra, tan acostumbrada a salir a la calle y disfrutar el espectáculo gratuito que ofrecen los escaparates. El centro comercial es para las generaciones de hoy lo que fue la calle mayor del pueblo para las generaciones del pasado.
Por otro lado, cabe preguntarse hacia dónde miran las autoridades municipales (Bartolomé González, creo que se llama el Alcalde.) Porque los ciudadanos tienen que satisfacer sus necesidades de consumo o de ocio y por eso acuden en masa al centro comercial, aunque el panorama que se les presenta no sea precisamente de su agrado. Pero los representantes de la ciudadanía están elegidos justamente para defender los intereses del común frente a comportamientos poco edificantes, como este que comentamos. No deberían haber dado la licencia de apertura mientras las instalaciones, tanto en el interior como en el exterior, no estuvieran en perfectas condiciones. Y si dieron la licencia confiando en la buena voluntad de los responsables deberían amenazarles con el cierre o con una multa que les obligara a reconsiderar su comportamiento.

Yago Gardel

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