lunes, 10 de diciembre de 2007

CÁMARAS DE COMERCIO: LIBERALISMO A CALZÓN QUITADO

Hoy he pasado la mañana en el Parque para Mayores, tomando notas mentales para mi informe sobre el estado de conservación de las vecinas del barrio. Al principio me sentía un poco melancólico, porque el cielo azul sin mácula y el vivificante sol de invierno me han hecho recordar aquellos versos tristes que escribió Antonio Machado poco antes de morir:

Estos días azules,

y este sol de la infancia.

Pero al poco tiempo ha llegado un grupito de mujeres con ánimo de hacer deporte y mi corazón se ha puesto alegre, como el de un joven reportero cuando suena el teléfono y cree que puede ser una noticia. El propio nombre del Parque para Mayores lo dice todo: los columpios, toboganes, "pistas americanas" y otros ingenios posibles para el juego de los niños han sido sustituidos por artilugios con ruedas, volantes, pedales y barras paralelas para facilitar los ejercicios gimnásticos de los adultos. Resulta enternecedora la fe con que mis convecinas se entregan al duro intento de mejorar sus condición física, porque les ocurre con estos aparatos mecánicos lo mismo que le pasaba al gran Albert Einstein con el violín: que los manejan con más entusiasmo que pericia. A mí me ocurre otro tanto, con el agravante de mi confesado amor por la cerveza y las viandas que suelen acompañarla.

Mientras disfrutaba el "ambientazo" que iba generándose a mi alrededor a medida que avanzaba la mañana, he estado leyendo un informe periodístico sobre las peticiones que han formulado las Cámaras de Comercio con vistas a las próximas Elecciones Generales.

UNA REVOLUCIÓN DE LOS RICOS CONTRA LOS POBRES

Decía el insigne economista John Kennet Galbraight que "por primera vez en la historia de la humanidad estamos asistiendo a una revolución de los ricos contra los pobres". Galbraight se refería al panorama económico y social de los Estados Unidos, el país más rico de la Tierra, el más poderoso, el más competitivo, el más incapaz de aliviar la penosa situación que sufren decenas de millones de personas abandonadas a su suerte, sin cobertura sanitaria, sin pensiones, condenadas a no salir de la pobreza ni aun cuando tengan la fortuna de encontrar un empleo, que por supuesto estará miserablemente retribuido. Y en ese país tan grande y tan poderoso, tan orgulloso de sí mismo, viven decenas y decenas de millones de personas - ricos y clases medias - ansiosas por pagar cada año menos impuestos, avariciosas hasta la locura, y tacañas hasta el patetismo en su coriácea resistencia a que el Gobierno federal les quite "su" dinero para mejorar un poco las condiciones de vida de los más desfavorecidos.
En España parece que uno de los aspirantes a convertirse en cabecilla de esa revolución de los ricos contra los pobres es Javier Gómez Navarro, Presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio. Espero que los huesos de Pablo Iglesias se hayan removido en su tumba - y quizá también algunas conciencias de los que se proclaman sus herederos - porque este señor fue nada menos que Ministro en los gobiernos de Felipe González.

¿ POR QUÉ NO VOLVEMOS AL TRABAJO INFANTIL Y A LAS JORNADAS LABORALES DE 16 HORAS DIARIAS ?

He aquí algunas de las propuestas elaboradas por las Cámaras de Comercio bajo el liderazgo del Sr. Gómez Navarro:
-Suprimir el Impuesto sobre el Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones. Así conseguiremos que los ricos sean cada vez más ricos y además tendrán más segura y blindada su riqueza frente a la voracidad de los desheredados.
- Bajar al 25 por ciento la tarifa del Impuesto de Sociedades, recortar las cotizaciones de las empresas a la Seguridad Social y subir el IVA ( que no hace discriminaciones entre ricos y pobres ) dos puntos: así mejoraremos la cuenta de resultados de las empresas, que dispondrán de más márgen para subir los millonarios sueldos de sus altos directivos. Por desgracia, lo de llegar a fin de mes se convertirá en una aventura imposible para mucha gente.
- Abaratar el despido, porque no es de recibo que en la sociedad del libre mercado a un empresario le resulte más barato divorciarse de su esposa que "divorciarse" de un trabajador.
- Suprimir de los convenios las cláusulas de revisión salarial para el caso de que la inflación no sea la prevista. Cabe suponer que estos señores - con su coherencia de premios Nobel forjados en Harvard -también son partidarios de suprimir la cláusula de revisión de las pensiones.
- Reducir el tiempo de duración de las prestaciones por desempleo y la cuantía de las ayudas que reciben los parados, con el fin de que éstos acepten sin rechistar cualquier trabajo y cualquier salario o no salario que se les ofrezca.
¿ Qué os parece, queridos convecinos de la blogosfera ? Ya puestos, podían haber incluído en su tabla de reivindicaciones la supresión de las pagas extras y las vacaciones pagadas, la vuelta de los niños al trabajo y el restablecimiento de las jornadas laborales de 16 horas siete días a la semana. Así seríamos un país competitivo de la hostia, capaz de inundar los mercados mundiales con todo tipo de productos fabricados a precios de saldo. Lo malo sería que los demás países de nuestro entorno - como dicen tan finamente en los telediarios - decidieran ser tan competitivos como nosotros y no nos quedara más remedio que declararles la guerra a fin de proceder a un nuevo reparto de mercados. Esto es lo que sucedió, según tengo entendido, hace más o menos un siglo, cuando se decía que el imperialismo era la fase superior del capitalismo.
Ha costado muchos sufrimientos y mucha sangre llegar a un grado de desarrollo en el que, al menos en una pequeña parte del Planeta, los seres humanos nacen con la razonable seguridad de llevar una vida digna. Queda mucho camino por recorrer, pero existe un cierto nivel de igualdad de oportunidades y un cierto nivel en el reparto equitativo de la riqueza que producimos entre todos. Sin embargo, estos señores del liberalismo a calzón quitado - con su matraca de la competitividad - están levantando un pira, como si fuera la noche de Santa Lucía, en la que quieren quemar - a modo de trastos inservibles - conceptos como la dignidad del ser humano, la libertad para la búsqueda de la propia felicidad, la igualdad de oportunidades y la justicia social. La fraternidad y la armonía del hombre con la naturaleza no es que quieran quemarlas, es que ni siquiera han oído hablar de ellas. Salud y buena suerte a todos.
Yago Gardel

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